- Jorge Torres Romero
El presidente Santiago Peña ensaya una dinámica distinta para comunicarse. Convocó a cinco periodistas de diferentes medios y los sentó a conversar sin atriles ni rigideces, en una charla amena y distendida, pero no por eso superficial. No hubo monólogos ni consignas prefabricadas: hubo preguntas, repreguntas y respuestas. Y, sobre todo, hubo un dato que incomoda a muchos: el presidente está en condiciones de responder todo.
Aplomado, sólido, seguro de su gestión, Peña mostró algo que en la política local suele escasear: dominio de los temas y confianza en los números. No esquivó cuestionamientos ni se refugió en generalidades.
Esa capacidad de comunicar y responder debería aprovecharla más y con mayor asiduidad. No como estrategia defensiva, sino como ejercicio democrático: explicar, contrastar, persuadir.
La escena, sin embargo, desnuda otra crisis más profunda. La prensa atraviesa un momento crítico. En buena parte de los medios se ponderan solo los errores y se evita destacar los aciertos. No se trata de propaganda ni de aplausos, sino de honestidad intelectual.
Cuando se recorta la realidad hasta volverla monocorde, el resultado es una foto imprecisa del país.
Esto es grave. Porque la ciudadanía termina recibiendo un relato sesgado que no refleja la complejidad del proceso en marcha. Este gobierno da resultados. Los números –en distintas áreas– muestran avances que no son casualidad, sino consecuencia de decisiones y continuidad. Es un proceso y la historia democrática paraguaya ya nos enseñó que estos procesos suelen cortarse antes de madurar.
Ahí está el verdadero desafío del presidente: encontrar la manera de que esto siga. De que no se interrumpa por mezquindades políticas, torpezas opositoras o por el ruido constante de quienes niegan todo. La oposición, hoy, aparece obtusa, torpe y mediocre.
Frente a eso, la prensa tiene una responsabilidad mayor: desmarcarse. Porque cuando no lo hace, cuando se suma al coro de la negación, deja de ser crítica para convertirse en cómplice de la torpeza.
Construir Paraguay exige algo más que alternancia de poder y titulares ruidosos. Exige rigor, contexto y memoria. Aún a pesar de los negacionistas. Incluso cuando incomoda. Porque el país no se edifica desde la negación permanente, sino desde la verdad completa. Y esa verdad –nos guste o no– también incluye los aciertos. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso

