EL PODER DE LA CONCIENCIA
- Por Alex Noguera
- Columnista
- alex.noguera@nacionmedia.com
La culpa la tuvo el inflador. Y sí, porque hay días en que los cables se lían y chispean como las palabras del protagonista de “La arbolada”, que trata de explicar cosas y mezcla ideas para terminar él mismo sin entender cómo.
Pero vamos por partes. La rueda del auto estaba en llanta, por lo que se me ocurrió ir a preguntarle a algún vecino si tenía un inflador que me pudiera prestar para salvar la situación. La única posible “víctima” era un viejo viudo que siempre andaba argelado, pero como no tenía otra opción me acerqué y por algún extraño milagro ese día estaba cantando mientras hojeaba un libro. Su peligroso perro guardián ni se molestó en mirarme.
Cantaba susurrando “faltan cinco para las doce” y al verme, con una sonrisa exclamó: “Ya llega todo la Navidad. Hoy es sábado 20 y el 25 vamos a chupar como Dios manda. Y, como debe ser, el 26 descansaremos… porque es orden de Santi”.
Me sorprendió su buen humor y sin querer leí que en la portada del libro decía “Cuentos de los hermanos Grimm”. Se dio cuenta de mi mirada y sin que pudiera decir otra cosa, me preguntó si conocía algo de cuentos.
No soy de los que se achican, así que con arrogancia le respondí: ¡Claro! Y sobre la marcha, sin darme oportunidad de nada, me desafió a que le nombrara los 15 mejores cuentos del mundo, preferentemente si eran de los hermanos Grimm.
A veces ocurre. Mi mente se quedó en blanco por la sorpresa. Pero como la leña húmeda de las antiguas locomotoras, lentamente comenzaron a entrar algunos títulos por mi desconcertado cerebro.
Mientras recopilaba como loco en mi subconsciente, dijo: “Pasa que hoy se cumplen 213 años de se publicaran por primera vez los “Cuentos para la infancia y el hogar de los hermanos Grimm”, en Berlín. Ese dato encaminó mis recuerdos y abriendo grandemente los ojos le tiré: Hansel y Gretel, ¿verdad? Muy bien, contestó. ¿Otro? Y… Rapunzel, cité. ¡Excelente!, dijo. Pero mi repertorio se desvaneció como nube que se lleva el viento porque los otros que recordaba solo eran La Cenicienta, Blancanieves, La Caperucita Roja, Pulgarcito, Pinocho, El lobo feroz, Los tres cerditos, El gato con botas, La bella y la bestia… y ahí murió mi repertorio. Con ironía me preguntó: ¿Y Los músicos de Bremen? ¿El flautista de Hamelin?
Y bueno, no está tan mal. Acerté 11 de 15, dije. No está tan mal repitió, peeero hay que recordar que los hermanos Grimm recopilaron más de 200 cuentos, explicó con jactancia.
Así, con un libro es fácil, me defendí. Y sin dejarme terminar siguió diciendo: Pinocho no es de los hermanos Grimm, ni El lobo feroz, que es de Disney, ni Los tres cerditos, el único lobo es el de La Caperucita Roja, comentó. El Gato con botas es el cuento de un francés, y La bella y la bestia también es de dos francesas.
La sonora carcajada que lanzó en burla se habrá escuchado a diez cuadras. Secándose las lágrimas, para rematar me dijo: No se preocupe vecino, son cosas que pasan. Él estaba rojo de la risa, yo rojo de la furia. Y todo por un inflador. Maldita la hora en que se me ocurrió ir a preguntar por el dichoso inflador. Y para peor, después de calmarse me susurró que no tenía ningún inflador. Y no sé de dónde sacó más aire de sus pulmones para lanzar otra gran y humillante carcajada.
Iba a retirarme con el rabo entre las patas cuando se me ocurrió despedirme con la mayor amabilidad y artera ironía.
Se nota que usted es una persona muy leída, vecino, le dije, pero debería saber que “faltan cinco para las doce” se refiere al Año Nuevo, no a la Navidad.
El viejo me miró con sorpresa y se quedó paralizado; el golpe fue modo Tyson. El viejo sabihondo había estado cantando alegremente sin darse cuenta de “que el año va a terminar” se refería al Año Nuevo, y no la Navidad, que estaba llegando. Así que, al darme vuelta, me despedí con una sonrisa y un: “Vaya corriendo a su casa a preguntarle a su mamá”.

