- Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
- Consultor financiero
Las empresas que operan en diversos segmentos de negocios que mantienen relaciones crediticias con entidades financieras, para poder acceder a facilidades de corto plazo destinados a cubrir necesidades de capital de trabajo o de mediano o largo plazo, para inversiones en bienes de capital, deben ser conscientes, asumiendo la responsabilidad de cumplir con requisitos cualitativos y cuantitativos institucionales que forman parte de su proceso crediticio corporativo, incluido los exigidos por nuestra banca matriz, reguladora a nivel país.
Tengamos en cuenta que otorgar crédito a un cliente (persona física y/o jurídica) no se remite exclusivamente al desembolso del capital y luego hasta su vencimiento “olvidarnos” de la evolución de las actividades del prestatario durante el periodo de vigencia del préstamo.
Una evaluación crediticia que se acerque a lo ideal debería en todos los casos contemplar las principales áreas críticas de riesgos, llevando implícito la necesidad de que los analistas y los oficiales de negocios conozcan la operativa de su cliente y de todos aquellos que están relacionados con el manejo de las finanzas de la empresa.
Toda actividad comercial tiene asociado el factor riesgo, pero en las entidades financieras constituye el “core” (corazón) de los negocios.
Las instituciones que cuenten con una estructura de control de riesgos y negocios dúctiles acompañando de cerca la evolución de la gestión económica-financiera-patrimonial de sus clientes, en caso de una coyuntura desfavorable, estarán en mejores condiciones de poder adelantarse a otros acreedores permitiéndolos negociar una refinanciación y/o reestructuración del crédito en condiciones más favorables.
Hoy día, la actividad primaria de bancos y financieras ya no se circunscriben casi exclusivamente como lo era hasta fines del siglo XX en la venta de productos crediticios, sino que los no crediticios también pasaron a formar parte importante de su espectro de negocios estructurales, lo cual se puede visualizar al analizar la composición de los rubros que componen su cuadro de resultados, enfocándose primariamente en sus clientes y no ya tanto en los productos como lo era antes, pues cuanto más variado sea el abanico de oferta que podamos ofrecer, mejores opciones de satisfacer las necesidades de nuestros clientes tendremos.
Las entidades no deben “dejarse encandilar” por operaciones que en apariencia podrían resultarles rentables.
La atracción natural resulta a veces irresistible y sus consecuencias podrían ser negativas. Al buscar el equilibrio, la calidad del crédito y su liquidez deben tener siempre precedencia sobre la oportunidad de la concreción de nuevos negocios y asegurarse convenientemente que la fuente primaria de repago esté plenamente identificada, analizada y evaluada antes de su aprobación/desembolso.
El desafío para cualquier institución financiera debería estar orientado a la asunción de riesgos hasta el punto razonablemente óptimo, maximizando las utilidades sin exponerse en lo posible a que superen los niveles normales.
No hay fórmulas para ello, tampoco recetas escritas. Las decisiones siempre serán subjetivas y nunca tendremos la certeza de que la tomada será un 100 % correcta.
Nuestro mercado, si bien estrecho, se muestra cada vez más competitivo, por lo que muchas veces nos enfocamos a full a incrementar nuestro portfolio, sin que exista una precedencia de calidad comprobada de análisis y, sobre todo, que los mismos estén convenientemente atomizados por sectores que encuentren más fácilmente el punto de inflexión necesario.
Resulta importante que estas entidades sigan reinventándose, concentrándose en las necesidades de sus clientes, pues hoy día las tendencias del mercado y gustos de los consumidores distan de lo que era en el siglo pasado, por lo que aquella institución que no se actualiza estructuralmente es candidata a quedar rezagada dentro de este mundo globalizado, en donde casi todo tenemos al alcance de un clic.

