- Por Arturo Peña Villaalta
- arturo.pena@nacionmedia.com
La festividad de Caacupé volvió a convocar, como todos los años, a miles de peregrinos de todos los puntos país, que movidos por la devoción desafiaron al calor y la lluvia para llegar junto a la santa patrona, la Virgen de Caacupé, y así cumplir sus promesas como agradecimiento a los favores recibidos.
Se estima que cerca de un millón de personas participó solamente entre el 7 y 8 de diciembre. El mayor evento religioso del Paraguay mostró de nuevo sus postales de emoción y esperanza. Pero tras la celebración, luego de las homilías y las proclamas, luego de las selfies, de las oraciones por un país mejor, una postal bastante contradictoria quedó como registro de la gran movilización: miles y miles de kilos de basura regados por toda la ciudad.
Según los responsables de Aseo Urbano de la Municipalidad de Caacupé, más de 30 toneladas de residuos de todo tipo quedaron esparcidas solo en el radio céntrico, en los alrededores de la Basílica. Agregaron que este volumen triplicó la cantidad que se juntó el pasado año. Es decir, es un problema que va claramente en aumento. Esto, sin sumar otros cientos de kilos que esparcidos a lo largo de la ruta de peregrinaje, en especial desde Curuzú Peregrino, el mayor punto de concentración.
A la par de la actividad religiosa, un enorme movimiento de vendedores de todo tipo de cosas se instala también en Caacupé, lo que genera gran volumen de residuos como botellas de agua, envases de comidas, etc.
Podríamos analizar la problemática que se dio –y que se da todos los años– durante la festividad en Caacupé y apuntar, por ejemplo, la falta de depósitos suficientes de basura, tachos, basureros, atendiendo a la gran cantidad de personas que se prevé cada 8 de diciembre. Es más, podríamos trasladar esta misma problemática a cualquier otro evento multitudinario realizado en el país y encontremos quizás la misma carencia. Pero esto en realidad no atenúa un hecho que se presenta de forma evidente en el cotidiano entre la población paraguaya: la inconsciencia sobre la basura.
No hacen falta probablemente muchos estudios técnicos. La observación de la realidad nos muestra de manera cruda la forma en que el paraguayo promedio puede arrojar basura a la calle con una total naturalidad, sin sentir remordimiento alguno.
Hasta pareciera un acto inocente tirar una botella de plástico en cualquier sitio, pero si tuviéramos conciencia de que ese residuo en particular puede tomar más de 450 años en degradarse, o que una lata de aluminio podría terminar su proceso de degradación natural en más de 200 años, y una botella de vidrio en alrededor de 4.000 años, quizás lo pensaríamos dos veces.
En Asunción, según estadísticas, el 40 % de las entre 1.000 a 3.000 toneladas diarias de basura que se acumulan en la ciudad, termina depositado en las calles o espacios públicos. Buena parte de estos residuos son arrastrados hasta cauces hídricos, contaminando el agua que luego debemos consumir. Da para reflexionar.
La problemática de la basura en nuestro país pasa por graves carencias en los sistemas de recolección y disposición de los municipios –municipalidades cobran grandes cantidades en impuestos por aseo, que no se reflejan en servicios–, en proliferación de vertederos clandestinos, en falta de políticas de tratamiento y reciclaje de basura, solo por citar algunos factores. Lejos estamos en estos estándares en comparación con otros países, incluso de la región.
Pero no es menor un problema menor la falta de conciencia. Necesitamos incorporar una nueva visión de lo que es nuestra relación con la basura y aplicarla en el día a día, en las casas, en el trabajo, en las escuelas o cuando peregrinamos.

