• Por Pepa Kostianovsky

Si hay algo que me fasti­dia es tener que acla­rar al lector que los textos, en especial los de opi­nión, se redactan dos o tres días antes de que el material llegue a sus manos. Pero es así. Y eso implica, por lo general, que entretanto hayan suce­dido o no determinados hechos. En fin.

En este caso, y en este momento en que los para­guayos deberíamos estar pendientes de la promulga­ción del Presupuesto General de Gastos de la Nación para el año 2026, el tal proyecto, retocado y confirmado por las cámaras del Congreso, estará (espero) en la cima de una torre de papeles a firmar o considerar por el presidente de la República.

El presidente tiene la potes­tad de promulgarlo o recha­zarlo. Rechazarlo no implica reconsideraciones; simple­mente, quedamos anclados en el mismo presupuesto que rigió en el año que se acaba.

Creo, sinceramente, que San­tiago Peña va a promulgarlo, con la consecuente desespe­ración del ministro de Econo­mía y Finanzas, que dirá: “¿De dónde saco yo esa plata?”. En fin, apreciado minis­tro, tendrá usted que rebus­car, cobrarle a los morosos, poner controles por todos lados y reclamarle a sus cole­gas cuando perciba que por algún lado indebido se está yendo la plata de los contri­buyentes.

Ni el presidente ni su minis­tro son bobos, saben per­fectamente dónde están las “lavanderías”, los “compadres proveedores” y los diversos agujeros por donde se filtra el dinero que debería financiar los compromisos que en estos días asume la administración de Santiago Peña.

Solo por hablar de un rubro, el de la salud pública, el pre­supuesto a la firma incluye un aumento de 10 billones. Y aquí cabe apuntar que la pala­bra “billones” en español no es lo mismo que “billions” en inglés.

En dólares, un billón son mil millones. En guaraníes, un billón son un millón de millones. Quiero decir que no hablamos de chirolas, habla­mos de muuucha plata.

Sinceramente, me asombra la distraída atención que los referentes de los gremios han puesto en el tratamiento del proyecto de presupuesto por parte de las cámaras del Con­greso. Y, honestamente, no sé si fueron los propios involu­crados o la malintencionada intención de una prensa que distorsionó los hechos. Pero, aun así, yo creo que en esos días, si querían manifestar su rechazo o su apoyo, los mani­festantes debían haber estado firmes frente al Congreso, reclamando que esos aumen­tos se dieran o se aumentaran, como de hecho se dio.

Es penoso que en un momento en el cual los poderes del Estado se esfuerzan por prio­rizar un rubro de lamentable y secular carencia, como es la salud pública, no se haya prestado atención, siquiera, a la considerable decisión que se manifiesta en este Presu­puesto 2026.

Y conste en acta que he dicho considerable y no determi­nante. Porque las intencio­nes solo se comprueban con los hechos. Como decía un amigo ganadero: “LA VACA NO HABLA”.

Para los hermanos turistas: RES NON VERBA.

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