- Por Juan Carlos Dos Santos G.
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Honduras vive horas decisivas y mientras transcurre el conteo de votos que definirá al próximo presidente, se ha revelado una coincidencia poco común entre los dos líderes que van cabeza a cabeza al frente del escrutinio: Salvador Nasralla y Nasry Asfura. Ambos, pese a sus diferencias políticas, han expresado algo que podría marcar un punto de inflexión en la política exterior del país: su disposición a restablecer relaciones con Taiwán y fortalecer los vínculos estratégicos con Estados Unidos e Israel. No se trata de un gesto aislado ni impulsivo. Es, más bien, el reconocimiento de que Honduras necesita retomar un rumbo pragmático, transparente y alineado con los valores democráticos.
EL ESPEJISMO CHINO
Hace apenas dos años, la ruptura con Taiwán se justificó bajo la promesa de grandes oportunidades provenientes de Pekín. Se habló de inversiones millonarias, de acceso privilegiado al mercado chino y del supuesto “nuevo capítulo” que transformaría la economía hondureña. Hoy, ese relato se diluye ante un balance tan elocuente como preocupante.
La industria del camarón, que esperaba un salto cuantitativo en exportaciones, se encontró con barreras, demoras, exigencias cambiantes y menores precios que los que pagaba Taiwán. Las inversiones prometidas por China Popular quedaron en titulares y discursos; en la práctica, Honduras no recibió ni la escala ni la calidad de cooperación que se había anunciado. Y, como es habitual, los acuerdos estuvieron envueltos en esa opacidad característica de la diplomacia china: contratos poco claros, condiciones desiguales, y la sensación de haber cedido más de lo que se obtuvo. La política exterior no puede sostenerse sobre espejismos.
EL VALOR DE VOLVER A CONFIAR EN QUIEN SIEMPRE ESTUVO
El posible retorno de Honduras a Taiwán no es un acto simbólico: es una recuperación de confianza. Durante décadas, Taipéi demostró ser un aliado constante, transparente y respetuoso. Cooperó en agricultura, salud, educación y tecnología. Ofreció financiamiento sin trampas ni condicionamientos geopolíticos. Y, sobre todo, lo hizo con un enfoque humano que respetaba la dignidad del país y su institucionalidad.
Ese legado pesa. Y tanto Nasralla como Asfura parecen entender que la relación con Taiwán es más que una apuesta internacional: es una alianza basada en valores democráticos y beneficios mutuos, algo que Pekín difícilmente pueda ofrecer mientras esté bajo el control del Partido Comunista Chino.
UNA VISIÓN QUE SE ALINEA CON OCCIDENTE
Ambos candidatos también han señalado su intención de fortalecer los lazos con Estados Unidos e Israel, dos democracias que han tenido un impacto histórico en el desarrollo y la estabilidad regional.
Para Honduras, este triángulo estratégico –Taiwán, EE. UU., Israel– representa algo más que preferencias diplomáticas. Es una elección de modelo: cooperación transparente en lugar de endeudamiento opaco; innovación y seguridad en lugar de dependencia; democracia en lugar de autoritarismo.