Semanas atrás, el gobierno de San­tiago Peña tomó una decisión que, a primera vista, sorprende por la distancia geográfica. Pero en términos geopolíticos, el movimiento tiene lógica.

Paraguay apuesta por una diplomacia más global y el reconocimiento se inserta en una política exterior más ambiciosa, que busca conexiones nuevas más allá del continente: Medio Oriente, África y Asia como espacios donde Paraguay quiere ganar presencia y aliados.

MARRUECOS ES UN ACTOR ASCENDENTE

El Reino se consolidó como uno de los paí­ses más estables y dinámicos del norte de África, con avances en infraestructura, energía renovable, logística portuaria y conectividad con Europa y el mundo árabe.

Para Paraguay, asociarse con un actor en ascenso no es menor. Es como reservar un buen lugar antes que comience la función.

Paraguay respalda la propuesta de auto­nomía marroquí como la alternativa más pragmática frente a un referéndum que lleva décadas bloqueado y cuya factibili­dad es cada vez más remota.

El anuncio de instalar un consulado en las “Provincias del Sur” de Marruecos –como llama Rabat a la región– es un gesto que consolida el posicionamiento paraguayo y lo transforma en política de Estado.

Badreddine Abd El Moumni, embajador del Reino de Marruecos en Paraguay, explica que cada nuevo reconocimiento es un triunfo diplomático.

No solo porque suma apoyo a la propuesta de autonomía, sino porque abre la puerta a inversiones, estabilidad y desarrollo en una región que el Reino busca conver­tir en su gran polo económico atlántico.

Paraguay se convierte así en un socio valioso dentro de América Latina, una región donde Marruecos viene ampliando su influencia mediante cooperación agrí­cola, educativa, comercial y energética.

El embajador, quien no solo conoce la realidad de Marruecos como la palma de su mano, sino también la situación en Paraguay, donde lleva alrededor de 8 años como representante diplomático de su país, nos concedió una extensa entre­vista, detallando los pormenores históri­cos y actuales del Sahara Occidental, pero además nos explicó con lujo de detalles, el desarrollo geopolítico, social y econó­mico de Marruecos en el continente afri­cano y de que manera buscará expandirlo a otras regiones del planeta. Para ello ya cuenta con el beneplácito de las NN. UU. y de su Consejo de Seguridad. Pero esa exposición la dejamos para el transcurso de la semana en estas páginas.

Volviendo a la decisión de Santiago Peña con relación al Sáhara Occidental; ¿Qué implica este giro para América Latina? Paraguay se suma a aquellos que observan la política marroquí como un ejemplo de estabilidad y pragmatismo en medio de un norte de África convulsionado.

Además, abre un debate interno sobre la presencia latinoamericana en conflic­tos extrarregionales: la región ya no está aislada, sino conectada a disputas globa­les donde cada posicionamiento cuenta.

Eso lleva a concluir que Paraguay se mueve en un tablero más grande y el reco­nocimiento del Sáhara Occidental como parte del Reino de Marruecos es una pieza dentro de un tablero mayor.

Para Asunción, significa diversificación de alianzas, apertura hacia nuevos mer­cados y una política exterior más audaz. Para Rabat, es un espaldarazo impor­tante desde un continente que histórica­mente fue más cercano a la causa saha­raui, a veces por desconocimiento, otras por ideología, tal como persisten hasta hoy países como Venezuela, Cuba o Nica­ragua.

Y para el conflicto en sí, representa un nuevo capítulo donde las soluciones “rea­listas” comienzan a ganar mayor trac­ción que los modelos clásicos de autode­terminación.

Lo que está claro es que el Sáhara Occi­dental sigue siendo un punto cardinal de la geopolítica africana. Y ahora, también, de la diplomacia paraguaya.

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