- Por Juan Carlos Dos Santos G.
- juancarlos.dossantos@nacionmedia.com
Semanas atrás, el gobierno de Santiago Peña tomó una decisión que, a primera vista, sorprende por la distancia geográfica. Pero en términos geopolíticos, el movimiento tiene lógica.
Paraguay apuesta por una diplomacia más global y el reconocimiento se inserta en una política exterior más ambiciosa, que busca conexiones nuevas más allá del continente: Medio Oriente, África y Asia como espacios donde Paraguay quiere ganar presencia y aliados.
MARRUECOS ES UN ACTOR ASCENDENTE
El Reino se consolidó como uno de los países más estables y dinámicos del norte de África, con avances en infraestructura, energía renovable, logística portuaria y conectividad con Europa y el mundo árabe.
Para Paraguay, asociarse con un actor en ascenso no es menor. Es como reservar un buen lugar antes que comience la función.
Paraguay respalda la propuesta de autonomía marroquí como la alternativa más pragmática frente a un referéndum que lleva décadas bloqueado y cuya factibilidad es cada vez más remota.
El anuncio de instalar un consulado en las “Provincias del Sur” de Marruecos –como llama Rabat a la región– es un gesto que consolida el posicionamiento paraguayo y lo transforma en política de Estado.
Badreddine Abd El Moumni, embajador del Reino de Marruecos en Paraguay, explica que cada nuevo reconocimiento es un triunfo diplomático.
No solo porque suma apoyo a la propuesta de autonomía, sino porque abre la puerta a inversiones, estabilidad y desarrollo en una región que el Reino busca convertir en su gran polo económico atlántico.
Paraguay se convierte así en un socio valioso dentro de América Latina, una región donde Marruecos viene ampliando su influencia mediante cooperación agrícola, educativa, comercial y energética.
El embajador, quien no solo conoce la realidad de Marruecos como la palma de su mano, sino también la situación en Paraguay, donde lleva alrededor de 8 años como representante diplomático de su país, nos concedió una extensa entrevista, detallando los pormenores históricos y actuales del Sahara Occidental, pero además nos explicó con lujo de detalles, el desarrollo geopolítico, social y económico de Marruecos en el continente africano y de que manera buscará expandirlo a otras regiones del planeta. Para ello ya cuenta con el beneplácito de las NN. UU. y de su Consejo de Seguridad. Pero esa exposición la dejamos para el transcurso de la semana en estas páginas.
Volviendo a la decisión de Santiago Peña con relación al Sáhara Occidental; ¿Qué implica este giro para América Latina? Paraguay se suma a aquellos que observan la política marroquí como un ejemplo de estabilidad y pragmatismo en medio de un norte de África convulsionado.
Además, abre un debate interno sobre la presencia latinoamericana en conflictos extrarregionales: la región ya no está aislada, sino conectada a disputas globales donde cada posicionamiento cuenta.
Eso lleva a concluir que Paraguay se mueve en un tablero más grande y el reconocimiento del Sáhara Occidental como parte del Reino de Marruecos es una pieza dentro de un tablero mayor.
Para Asunción, significa diversificación de alianzas, apertura hacia nuevos mercados y una política exterior más audaz. Para Rabat, es un espaldarazo importante desde un continente que históricamente fue más cercano a la causa saharaui, a veces por desconocimiento, otras por ideología, tal como persisten hasta hoy países como Venezuela, Cuba o Nicaragua.
Y para el conflicto en sí, representa un nuevo capítulo donde las soluciones “realistas” comienzan a ganar mayor tracción que los modelos clásicos de autodeterminación.
Lo que está claro es que el Sáhara Occidental sigue siendo un punto cardinal de la geopolítica africana. Y ahora, también, de la diplomacia paraguaya.

