- Por Liz Díaz
- Investigadora principal
- Lic. en Psicopedagogía
La investigación que hoy presentamos nació dentro del proyecto “Las mujeres con discapacidad defendemos nuestros derechos”, impulsado por Fundación Saraki y la Asociación Tekosãso, con el acompañamiento de COCEMFE y el apoyo de AECID y Fundación ONCE. Pero, sobre todo, nació de una decisión política: que seamos las propias mujeres con discapacidad quienes contemos lo que vivimos y lo que necesitamos transformar.
El proceso comenzó en pequeños grupos, entre conversaciones que mezclaban experiencias duras y una convicción compartida. Queríamos que esta vez la mirada no viniera de afuera.
Por eso elegimos la metodología de Investigación Acción Participativa, que nos permitió construir cada etapa juntas: desde las preguntas hasta el análisis final.
Recorrimos Asunción, Central, Caaguazú y Guairá escuchando historias que, aunque diversas, tenían raíces comunes. La llamada “sobreprotección”, que en teoría cuida pero en la práctica limita, fue apareciendo como una barrera constante para manejar dinero, tomar decisiones o incluso salir solas.
También encontramos que la inclusión laboral sigue siendo más un discurso que una realidad: cuotas que no se cumplen, puestos que no permiten crecer, y entornos que no consideran los ajustes que muchas necesitamos.
Con cada relato entendimos que la autonomía no es un esfuerzo individual, sino una construcción colectiva atravesada por políticas, apoyos y oportunidades reales.
Por eso el estudio propone acciones concretas: microfinanzas inclusivas, asistentes personales y protocolos accesibles para atender la violencia que afecta a tantas mujeres.
Este proceso nos dejó una certeza: cuando las mujeres con discapacidad investigamos, también defendemos nuestros derechos. Y lo hacemos mostrando, con datos y con voz propia, todo lo que falta cambiar para vivir con autonomía.

