Luego de la reciente final de la Copa Sud­americana, disputada en Asunción, las redes se volvieron a llenar a halagos para la capital del Paraguay y su gente. Obviamente, los comentarios eran en amplia mayoría de hin­chas del club que salió campeón.

Y es que si un club gana una copa internacional, la ciudad donde la haya ganado será para el faná­tico de esos colores indudablemente la mejor, la única, la inigualable.

“¡Asunción, el mejor lugar del mundo!”, decía lleno de euforia y lágrimas en los ojos un hincha del argentino Lanús, luego de que su club le ganara la final al Atlético Mineiro de Brasil. Según esti­maciones, alrededor de 30 mil visitantes llega­ron hasta nuestra capital para el evento. Cier­tamente, fueron dos días de fiesta colorida y emotiva. Ya en la previa del partido y tras finali­zado el mismo era impresionante ver la cantidad de fanáticos copando las calles, la Costanera, los centros comerciales, bares y locales nocturnos. Una cantidad mínima habrá dedicado las pocas horas de estadía para otra cosa que no sea algo relacionado a la final.

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Asunción no es, de seguro, el mejor lugar del mundo si sacamos la euforia futbolera y hablamos de infraestructura, desarrollo, orden, limpieza... No es el mejor lugar, ni el peor. Es muy bonita en sus particularidades, marcada por la vida de los barrios tradicionales que rodean el centro asun­ceno, con su río de fondo; con sus contrastes, sus shoppings y nuevos edificios modernos y también sus mercados populares; con su cordialidad y su pirevai; con su ritmo vertiginoso y también su pausa de sombra y tereré en la siesta calurosa. Es nuestra querida capital, con defectos y virtudes.

Pero si enfocamos en los defectos, en gran medida tenemos que decir –sin que sea un gran descubri­miento– que Asunción es históricamente víctima de mala administración.

En diciembre de 2019, el entonces inten­dente, el comunicador Mario Ferreiro, que había ganado las elecciones de noviembre de 2015, renunciaba a su cargo en medio de acusaciones de corrupción mediante un sistema de recaudación paralela. Varios funcionarios de su entorno fueron impu­tados y en ese contexto Ferreiro decidió dimitir para “precautelar el funciona­miento correcto de la ciudad”...

Tras la renuncia de Ferreiro asumió el cargo el entonces concejal Óscar “Nene­cho” Rodríguez, quien completó el periodo y en las elecciones de octubre de 2021 ganó en las urnas asegurándose su continuidad en sillón comunal. Pero, sin completar su gestión, Rodríguez dimitió del cargo en agosto de este año, presionado también por fuertes denuncias de corrupción. La excusa de su renuncia fue bastante parecida a la Ferreiro: “En honor a la paz, en honor a bajar los ánimos exacerbado por diferen­tes motivos decido dar un paso al costado”.

En 10 años, dos intendentes asuncenos renunciaron a sus cargos envueltos en acusaciones de corrupción. Ese es el triste currículum reciente de nuestra capital. No es tan difícil por ello entender por qué muchas cosas funcionan tan mal.

Entramos de nuevo en la carrera por la intendencia. Ya empiezan a escucharse los discursos de cambio, los análisis, los pro­yectos, las proyecciones, las promesas de dar todo por Asunción... Como estamos, que el próximo jefe comunal termine su periodo de gestión ya podría considerarse un logro. Asunción no es seguramente el mejor lugar del mundo, pero puede ser un lugar mejor siempre. Y mucho depende de quién asuma las riendas de la capital en las próximas elecciones. Está en nuestras manos dar con la persona indicada.

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