• Por Emilio Agüero Esgaib
  • Pastor

Lucas 1:26-38. Solo en estos doce versículos de todos los evangelios se habla de la ANUNCIACIÓN del ángel Gabriel a María sobre el naci­miento de Jesús.

Es muy importante enten­derlo porque en ella encontra­mos muchos pilares doctrina­les y principios espirituales de nuestra fe para estar firme en ella y perseverar.

El verso 26 nos dice que en el sexto mes fue el ángel Gabriel enviado por Dios a Galilea de Nazaret. El anuncio fue en Galilea, pero el nacimiento fue en Belén, como decían las profecías.

El verso 27 nos dice que el mensaje era para una joven o doncella desposada (compro­metida pero no casada) con un tal José que es descen­diente directo del rey David y el nombre de esa mujer era Marian o María.

El verso 28 nos cuenta cómo fue la salutación: “Salve, muy favorecida. El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres”.

El verso 29 nos cuenta de la reacción de María. Se sor­prendió, quedó turbada, o sea que ella no se esperaba algo así, no se consideraba especial ni estaba esperando que se cumpliese sobre ella alguna profecía mesiánica.

En el verso 30 el ángel Gabriel consuela y alienta a María diciendo: “No temas”, ¿por qué? “Porque haz hallado gracia delante de Dios”. Si el favor de Dios está con noso­tros, ¿por qué deberíamos de temer? Si Dios es con noso­tros, ¿quién contra noso­tros? Dios había dicho tam­bién a Pablo en un momento de lucha y aflicción. “Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en tu debili­dad” (1 Co. 12:9). María estaba débil, María estaba confun­dida, María se turbó, Dios le dio una respuesta: “No temas, mi gracia, mi favor, mi ben­dición, en medio de tu con­fusión, está contigo y te sos­tendrá”.

En el verso 31 le dice lo que Dios haría con ella: “Concebi­rás y darás a luz un hijo varón y lo llamarás Jesús”.

En los versos 32 y 33 le dice la identidad, propósito y fun­ción de ese hijo: “Será grande, será llamado hijo del Altí­simo, Dios le dará el trono de David, reinará sobre su pue­blo y su reino no tendrá fin”.

En el verso 34 María pregunta cómo sería eso, ya que ella era virgen. Miró la promesa de Dios desde la limitación de la mente y la lógica humana. No era factible concebir sin la intervención de un varón.

Muchas veces ante un lla­mado que Dios nos hace siempre tendemos a mirar o evaluar esos desafíos en la perspectiva humana, que­remos razonar, queremos encontrarle lógica, quere­mos sumar y restar y llegar a conclusiones “razonables”. Por lo general, al hacerlo lle­gamos a la conclusión de que es imposible.

La historia de todas las per­sonas de fe son historias de una intervención divina en nuestra vida. La misma sal­vación es una intervención divina, una gracia inmere­cida que logra algo imposi­ble para la fuerza humana; la salvación de nuestras almas. Pero los milagros no termi­nan allí, recién empiezan. En el caminar cristiano y de fe todo lo que nos acontece está guiado por Dios y los desafíos son inmensos y a veces per­turbadores e increíbles.

Si no lo experimentas, es por­que no estás viviendo una ver­dadera vida de fe. Cuando uno camina con Dios, puede ver su mano interviniendo de manera milagrosa constan­temente. Muchas veces y por lo general cuando nos senti­mos débiles o tenemos gran­des desafíos es donde más queremos “razonar” nues­tra situación y como nos sen­timos débiles y somos limita­dos mentalmente y nuestra fe está baja siempre llegamos a la conclusión que no podre­mos lograrlo, que hasta acá hemos llegado. Pero no es así.

Dejanos tu comentario