EL PODER DE LA CONCIENCIA
- Por Alex Noguera
- Columnista
- alex.noguera@nacionmedia.com
Desde el inicio de la humanidad, es decir, desde que tomó conciencia de su existencia, el mundo se rige por dos fuerzas totalmente opuestas. La filosofía, la religión y la naturaleza compiten por darle un nombre y un sentido. “Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas”, reza en Génesis; en tanto que la filosofía oriental habla de las dos fuerzas opuestas que se complementan, el Yin y el Yang, la primera referida al lado oscuro, femenino, pasivo y la tierra, y la segunda simboliza lo brillante, masculino, activo y el cielo. También en cada detalle de la naturaleza está presente esta dualidad con el nacimiento y la muerte, la felicidad y la tristeza, el amor y el odio.
Por eso no es de extrañar que, por ejemplo, los datos oficiales actualizados informen acerca de 33 feminicidios, 52 tentativas y 64 hijos huérfanos hasta el 21 de noviembre, cifras realmente incomprensibles si entendemos que un solo asesinato es un acto abominable. Y a pesar de que parezca increíble, puede ser peor cuando nos enteramos a través de los medios que una chica de apenas 18 años llamada Mayuri Gaspar asesinó a puñaladas a su propia madre el 24 de noviembre porque la mujer le cambió la clave del Wi-Fi.
Pero si estas fuerzas del mal se extienden hacia todos los rincones del planeta, es lógico que en contrapartida el bien también florezca en cada detalle. Y al contrario de los actos atroces mencionados más arriba, es justo mencionar que el júbilo del inicio del novenario de la Virgen de Caacupé, iniciado ayer, es una de las expresiones religiosas masivas más importantes de nuestro entorno que produce bienestar en cada ciudadano con fe.
Cada feligrés a su manera alcanza logros que van más allá de lo incomprensible. Es destacable ver el esfuerzo sobrehumano que realizan ciertas personas de edad o los enfermos en esas caminatas de kilómetros para pagar una promesa y llegar al santuario para agradecer. Algunos engloban ese sacrificio como magia pura, otros lo tildan de milagro. Y aunque también están los que no creen en esas cosas, el hecho es que ese afán, ese empeño, existe y es innegable.
Durante nueve días consecutivos, los fieles oran, reflexionan y participan de las celebraciones litúrgicas que desembocan en la gran fiesta del 8 de diciembre, Día de la Inmaculada Concepción, en el que se conmemora el nacimiento de la Virgen María, quien, según la Iglesia católica, estuvo libre de pecado y culpa desde su concepción hasta su muerte.
El tiempo de preparación espiritual para el novenario ejerce un efecto complementario, puesto que hace que en cierto grado disminuya la violencia social. Y aunque no desaparece, de alguna manera logra que los ánimos se calmen un poco. Así, mientras unos se enclaustran en los ritos de las oraciones, otros hacen planes de cómo van a realizar la peregrinación buscando el material logístico indispensable, otros piensan en quiénes podrían acompañar y hasta qué van a hacer el fin de semana previo a ese lunes 8.
Es importante advertir que, como mencionamos al principio, existen esas fuerzas opuestas, y cuando la gran mayoría de los peregrinantes se reúna en la explanada para dar fe de sus creencias, entre ellos unos pocos descuidistas estarán infiltrados para meter mano y robar los bolsillos ajenos.
En estos días no solo hay que estar atentos a las intenciones de los ladrones de poca monta porque mientras los sacerdotes en Caacupé dan sus mensajes a través de sus homilías, otras voces surgen como las verdaderas luminarias y dan muy buenos discursos engañosos para provecho propio.
Un ejemplo claro es el del “Pastorcito mentiroso”, un personaje despreciable que pretende dar lecciones de honestidad y moral, luego de haber malversado y robado sin misericordia para su jefe. En el diccionario existen varias palabras que los definen, como sinvergüenza, cínico y hasta impertinente, pero la que más se le acerca es la de descarado.