- Por Juan Carlos Santos G.
- juancarlos.dossantos@nacionmedia.com
La llegada del canciller israelí, Gideon Sa’ar, a Asunción no fue una visita más. No fue de cortesía, ni meramente protocolar, ni siquiera uno de esos encuentros diplomáticos que se repiten por inercia en las capitales del mundo. Lo que ocurrió ayer, tanto en Mburuvicha Róga como en la sede de la Cancillería y horas más tarde en el Congreso de la Nación, tuvo un carácter distinto: fue un gesto político cargado de simbolismo y, sobre todo, una señal inequívoca de que Israel decidió colocar a Paraguay en un rango especial dentro de su mapa de relaciones exteriores.La firma de convenios entre Sa’ar y el gobierno del presidente Santiago Peña –tanto con Cancillería como con el Ministerio de Defensa– podría interpretarse como parte de la agenda habitual entre dos países amigos. Cooperación cultural, asistencia técnica, fortalecimiento en materia de seguridad. Todo eso está en los documentos. Sin embargo, lo verdaderamente relevante está detrás del papel: la lectura estratégica que hace Israel de un aliado que tomó una decisión diplomática poco común y altamente significativa.
Un reconocimiento que cambió la ecuación
Paraguay es hoy uno de los seis países del mundo que mantiene su embajada en Jerusalén. Eso, en la diplomacia internacional, no es un dato menor. Es una declaración política que Israel no olvida y que valora de forma superlativa. Tiene un peso histórico para el pueblo judío y para el Estado de Israel, que considera a Jerusalén su capital indivisible y eterna.Ese gesto paraguayo iniciado por el gobierno de Horacio Cartes en julio de 2018 y recuperado durante el gobierno de Santiago Peña alteró la relación bilateral. Ya no se trata solamente de cooperación tradicional, sino de una convergencia simbólica y estratégica. Paraguay, un país de tamaño moderado, pero con una diplomacia coherente y clara, tomó una posición que la mayoría de los Estados evita: asumir públicamente que Jerusalén es la capital israelí y actuar en consecuencia.Por eso la visita de Sa’ar no es una visita cualquiera. Es, en realidad, un mensaje.
El mensaje detrás de la visita
Israel envió a su canciller no para “saludar”, sino para reconocer y fortalecer un vínculo que considera prioritario. El contenido de las reuniones y la rapidez con la que se concretaron los acuerdos muestran que el Gobierno israelí entiende a Paraguay como un socio confiable en una región donde los alineamientos suelen fluctuar.Sa’ar llegó hasta Asunción para dejar claro que Israel observa a Paraguay con atención, respeto y gratitud. Y, sobre todo, que está dispuesto a elevar la relación a un plano que incluye aspectos que no siempre se discuten públicamente: cooperación en seguridad, intercambio tecnológico, proyectos culturales que buscan anclar la presencia israelí en el Cono Sur y un diálogo político fluido al más alto nivel.Para Israel esta es una relación que recién empieza a desplegar su potencial.
No es un gesto aislado
Este acercamiento ocurre también en un momento de reconfiguración global donde pequeños y medianos Estados –como Paraguay– pueden ocupar roles estratégicos si sostienen posiciones claras. La política exterior paraguaya, en este caso, se movió con convicción: tomó una decisión que pocos toman, la defendió y empieza a recibir las señales de retorno.En otras partes del mundo, una visita de canciller puede quedar en el plano del protocolo. En Paraguay, esta no lo fue. El simbolismo superó a la formalidad. Y la reacción israelí lo confirma.
Un nuevo capítulo para la relación bilateral
El desafío ahora es capitalizar este momento. Los acuerdos firmados representan una hoja de ruta inicial, pero lo central es la confianza política que se consolidó. Israel está mirando a Paraguay de otra manera. Y eso abre la puerta a cooperación de alto impacto en tecnología, defensa, agricultura, innovación y proyección internacional.La visita de Gideon Sa’ar no fue una foto más para el archivo. Fue un mensaje diplomático, un gesto político y un reconocimiento a un país que se animó a actuar con coherencia en un tema que divide al mundo.Paraguay apostó por Jerusalén. Israel respondió con algo más profundo que la cortesía: con respeto, con atención y con una alianza que empieza a tomar forma.

