• Jorge Torres Romero

El reciente envío de carne paraguaya a los Estados Unidos por parte de Frigorífico Victoria no es un hecho aislado ni el primero en la historia nacional, pero sí representa un paso firme y simbólico dentro del proceso de reconquista del mercado estadounidense.

No es sencillo ingresar –o reingresar– a ese destino. Estados Unidos impone uno de los sistemas sanitarios y regulatorios más estrictos del planeta, con auditorías exhaustivas, certificaciones detalladas, controles de trazabilidad y estándares que muchas potencias productoras tardan años en superar. Cada planta habilitada es una victoria técnica, industrial y logística.

Frigorífico Victoria, en este caso, corona un proceso de inversión, adecuación y cumplimiento, convirtiéndose en una de las plantas paraguayas que llevan carne al mercado norteamericano. Un logro que refleja la capacidad de la industria cárnica local y también la disciplina empresarial del grupo que la sostiene.

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Y aquí surge un punto inevitable: durante años, ciertos sectores políticos –especialmente desde el abdismo– intentaron dinamitar todo lo que lleve la marca Cartes. Construyeron campañas de ataque personal, denuncias oportunistas y operaciones destinadas a anular su influencia económica. Apostaron al fracaso, al bloqueo y al desgaste.

La realidad, sin embargo, volvió a imponerse. Mientras algunos invertían su energía en la destrucción, el sector productivo trabajaba, certificaba, invertía y abría mercados.

Mientras se repetían discursos de odio, las plantas se adecuaban a estándares internacionales. El envío de Frigorífico Victoria a Estados Unidos derriba la narrativa de que el grupo Cartes es un obstáculo para el país. Por el contrario, demuestra que donde hay gestión y visión empresarial hay progreso.

Este logro tiene un impacto profundo, refuerza la reputación del Paraguay como productor confiable, abre puertas a mejores precios y más inversiones, genera empleo en toda la cadena cárnica, evidencia que las campañas de odio no frenan a quienes trabajan con excelencia.

La industria cárnica paraguaya está donde está no gracias a la politiquería, sino pese a ella. Está avanzando porque hay empresas –como Victoria y otras plantas habilitadas– que se plantan ante la adversidad y siguen produciendo.

Hoy, la carne paraguaya vuelve a posicionarse en uno de los mercados más exigentes del mundo. Y aunque a algunos les incomode reconocerlo, este resultado es también una victoria sobre la narrativa destructiva que durante años intentó arrastrar al país hacia el retroceso.

Paraguay necesita más de esto, menos odio, más exportaciones, menos ruido, más resultados, menos operaciones, más mercados abiertos. La industria ya marcó el camino. Ojalá la política lo siga. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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