• Por Arturo Peña Villaalta
  • arturo.pena@nacionmedia.com

La línea 16 pasaba por mi barrio. Era una de las postales barriales que todavía sobrevivía. Tantas cosas cambiaron con el paso de los años y la linea 16 seguía pasando, como todos los días, desde antes que salga el sol.

Pero hace un par de semanas, el peculiar sonido de las vetustas unidades cruzando por el barrio se dejó de oír. En algún momento, el último 16 pasó sin pena ni gloria. Muchas personas salieron a aguardarlo, como siempre. Pero el 16 ya nunca apareció.

La empresa La Unión SRL, permisionaria del servicio, anunció que dejaban de operar debido a que ya no podrían cubrir los costos de operatividad. Uno se pregunta qué números manejan, en particular en el caso del 16, ya que es muy evidente que desde hace mucho tiempo no había una inversión en el mantenimiento de los móviles. Se caían a pedazos.

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A pesar de ello, el 16 seguía siendo la salvación de cientos de pasajeros que habitan lejos de las avenidas principales, para los que hoy salir a trabajar se ha convertido un calvario económico, también, ya tendrán que recurrir a servicios de plataformas, seguramente, para poder alcanzar alguna parada de ómnibus.

Y es que el 16 era una de las poquísimas líneas que quedan en Asunción y Área Metropolitana con recorridos internos por los barrios, no solo trayectos sobre avenidas principales. Los que tenemos algún historial de pasajeros de colectivo recordaremos otras emblemáticas como el 17, con el que podías subir sobre la avenida Mariscal López, pasar por el Mercado 4 y llegar hasta Sajonia; el 22, que era una especie de gran city tour, ya que podías tomarlo al costado del Palacio de Justicia, pasar por el centro, ir por Villa Morra y llegar hasta Fernando de la Mora, en un trayecto que duraba horas. Podemos recordar al 25, al 3, el 18… y otras tantas empresas que prestaban un importante servicio, incluso en horarios de madrugada y que fueron desapareciendo.

Al 16 se suman ahora la línea 1 Ysapy, línea 6 Po’a Renda, 13-2 Conquistador, que también anunciaron que en breve dejarán de funcionar. “La Municipalidad de Asunción nos obliga a cobrar una tarifa, a corto plazo vamos a dejar de funcionar en estas condiciones porque tenemos varias unidades en los talleres que no podemos retirar”, explicaron desde una de las empresas.

El costo actual del pasaje de estas líneas conocidas como “internos” de Asunción es de G. 2.800, que es la tarifa fijada por la comuna asuncena. Los transportistas piden un reajuste de al menos G. 600 para seguir operando.

Según afirmó un concejal, vecinos afectados por el paro de la línea 16 estarían dispuestos a pagar el aumento, pero ¿a que costo? ¿A seguir teniendo el mismo servicio de chatarras que venían funcionando? ¿A tener que bajar de los colectivos para empujar las unidades con problemas de arranque? ¿A soportar el calor y la lluvia entrando por ventanillas que no cierran y orificios en techos y pisos?

Si el planteo en el tema de los internos es un aumento del pasaje para no dejar a la gente a pata y seguir operando en las mismas condiciones paupérrimas, eso tiene un nombre: extorsión. Esta situación lleva nuevamente al problema de fondo: la crisis del sistema de transporte, no solo en Asunción sino en el país.

Es cierto, el transporte público es una actividad comercial. Está sujeto a las leyes del mercado para sostenerlo. Si no redituá, como cualquier empresa deja de ser negocio, aunque se me hace irreal la imagen de algunos acaudalados empresarios de transporte llorando penurias.

Pero aquí hay un elemento que debe ser central en cualquier discusión o análisis en el campo. El transporte es un SERVICIO A LA CIUDADANÍA. Las empresas que licitan por itinerarios se comprometen a ofrecer un servicio, que debe ser constante, eficiente, en un área muy sensible. Es como si la Essap plateara en un momento que no tiene suficientes ingresos y que por ello empezará a distribuir agua menos tratada a los consumidores.

Aquí la base de la discusión es desde el derecho de la ciudadanía a recibir un servicio acorde a las necesidades que tiene para movilizarse, para generar actividad y poder progresar.

El transporte es vital para la actividad económica y el progreso social de cualquier país. Es el que mueve la mano de obra, el que mueve a los estudiantes y docentes, el mueve a la gente que trabaja en salud, en seguridad. Si le quitamos ese servicio a la gente, le quitamos progreso al país.

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