• POR JOSEFINA BAUER
  • Socia del Club de Ejecutivos del Paraguay

Presupuestos anuales, planifi­caciones, proyecciones, datos y más datos. Esta es la época de las planillas, de Excel, de PowerPoint, de presentacio­nes con infinidad de informa­ción para proyectar el año que se viene. Hoy quiero darte cinco herramientas que pueden ser­virte a la hora de presentar tu plan, proyecto o idea, para que la forma de contarlos tenga más probabilidades de que sean aprobados. Para que con­quistes a tu audiencia, generes empatía y te digan que sí a eso que querés.

1. Empezá por el porqué

Antes de mostrar números o datos, contá el propósito. Con­quistá desde la razón de ser de tu propuesta, desde el porqué estás proponiendo esta idea. Podés guiarte con preguntas: ¿qué problema querés resol­ver?, ¿qué oportunidad estás viendo?, ¿quiénes se benefi­cian?, ¿qué hay detrás de la idea que te impulsa a hacerlo? Y ¿por qué a los demás podría importarles? Las personas se conectan con causas, con pro­pósitos reales y no con celdas de Excel. Las planillas avalan lo que vas a contar, pero no lo reemplazan. Escribí ese propó­sito, léelo en voz alta, practicá contarlo, depuralo. Probalo con alguien y observá su reacción. Prepará de antemano respues­tas para las preguntas que pue­dan hacerte.

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2. Usá historias

Las historias envuelven la infor­mación de tal manera que tu audiencia querrá escucharte. Detrás de cada dato siempre habrá una historia. Puede ser de un cliente, un desafío del equipo, una anécdota o conver­sación. Las historias ayudan a que los otros visualicen lo que estás proponiendo. No es moda: es estrategia de conexión emo­cional. Si conquistás el corazón, los datos ayudarán a que la parte racional valide lo que ya se deci­dió por dentro.

3. Menos es más

No satures de información. No hace falta mostrar todo lo que sabés, ni tampoco toda la infor­mación que tenés. Elegí lo esen­cial, lo que sostiene tu mensaje. Dejá a tu audiencia con ganas de querer saber más. Que lo demás acompañe, por si lo piden.

Cuidá que los gráficos sean lim­pios y se entiendan a primera vista. En las tablas usá lo nece­sario: tablas, comparativos, pro­medios, porcentajes. No hace falta que tengan todos los datos. Recordá que siempre podés tener planillas de apoyo por si te consultan algo más, pero evita saturar a tu audiencia. Destacá una cosa por diapositiva y andá guiando la mirada.

4. Cuidá el tono y el ritmo

No leas las diapositivas, contá lo que no se ve a simple vista, dales hallazgos, generá intriga, hacé hablar a tus datos, andá un poco más allá. Conversá con tu audiencia, mirá a las personas, hacelas parte, interactuá. Hacé prácticas previas para mejorar tu oratoria: un buen tono de voz y pausas bien usadas pue­den decir más que mil palabras. El buen uso de tu mirada, ges­tos y manejo corporal denota confianza en vos y la confianza potencia cualquier idea y vende.

5. Cerrá con propósito

No termines con un “y bueno, eso sería todo”. Cerrá con una idea fuerte, una frase que deje resonando el porqué de lo que estás proponiendo. Trabajá el cierre, no lo improvises, utilizá técnicas para llevarlos a una acción, para dejar tu mensaje resonando en sus mentes.

Que tu presentación no sea una más, que deje una presen­cia clara e idea concreta. Final­mente, la aprobación no es un golpe de suerte, sino el resul­tado de un propósito claro, un diseño intencional y una voz que marca la diferencia. Ese es el estándar que te propongo para estas presentaciones de fin de año.

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