- Por Víctor Pavón (*)
El nacimiento del capitalismo liberal se remonta en el tiempo. Pero fue recién hacia los años 1700 que un conjunto de ideas dispuestas en instituciones cambiaron para siempre la faz de la tierra: vida, libertad, propiedad privada, libre mercado, competencia y seguridad.
Anterior a esta época los medios de producción, de una u otra manera, pertenecían al Estado. En el capitalismo liberal es diferente por cuanto que sostiene que el hombre libre y ciudadano tiene derechos naturales inmanentes y anteriores al Estado.
Antes que el capitalismo emergiera, las hambrunas y el desempleo asolaban a las naciones. Para su puesta en marcha se tuvo que enfrentar al status quo que prefería mantener privilegios y poder. Al respecto, se catalogó al capitalismo liberal como el causante de diversos males cuando que las mismas preexistían y fueron corregidos según avanzaban las instituciones de la libertad política y económica.
Se dice hasta hoy que las mujeres y los niños trabajaban en las fábricas durante los primeros avances del capitalismo; pero lo que no se dice es que antes las mujeres y los niños vivían en condiciones infrahumanas donde no tenían qué comer y nada que les permitiera progresar. Antes del capitalismo liberal la vida en especial de los más pobres y necesitados se manifestaba en un círculo vicioso, de la cuna a la tumba, sin cambios para el futuro.
Hacia el año 1700 a 1830, historiadores como David Hume, Adam Ferguson, Adam Smith, David Ricardo, Hayek y otros, dicen que la población de Inglaterra se duplicó precisamente debido a las mejores condiciones económicas que redujeron el índice de mortalidad como nunca antes había sucedido en otra época de la humanidad.
No obstante, el capitalismo liberal en Inglaterra y Holanda, en Francia y parte de Alemania, tuvo su freno. Los sectores de privilegiados reaccionaron contra la movilidad social que convertían al menesteroso en una persona emprendedora. En Inglaterra, el propio Rey con el Parlamento habían abdicado de los principios de la Gloriosa Revolución de 1688 que tuvo a John Locke como su líder intelectual.
En Francia, el laissez faire de “dejar a la gente en paz para trabajar” con menos impuestos y menos Estado fue atacado por los resabios del pasado. Lo mismo sucedió en Alemania cuando los junkers prusianos advirtieron que la gente prefería ir a vivir a la ciudad en busca de mejores condiciones de vida.
El capitalismo liberal además de su férrea defensa del libre mercado por el cual las personas cooperan sin necesidad de usar la fuerza contra su prójimo, se basa en un postulado hasta hoy vigente: La búsqueda de la felicidad de cada ser humano en el respeto de su vida, libertad y propiedad promueve el progreso personal y de las familias frente al poder de las dictaduras o de las democracias.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.