- Por Aníbal Saucedo Rodas
- Periodista, docente y político
Miguel Prieto, hoy, es un problema para la oposición. No es un contratiempo para la Asociación Nacional Republicana. Solo algunos colorados espantadizos, evocando a Ignacio A. Pane, ya ven al líder del movimiento Yo Creo, de Ciudad del Este, como una amenaza sobre la yugular de la organización política fundada por el general Bernardino Caballero. También los amigos y colegas del periodismo –es mi profesión habilitante por trayectoria y título, en ese orden– están inflando la idea de que estamos ante el mesías prometido, cual Fernando Lugo replicado, para terminar con la hegemonía de los colorados en el poder de la República.
Tanto la emoción descontrolada como el exacerbado prejuicio son grandes enemigos que obstaculizan una aproximación, aunque sea, a la verdad. Entonces, los análisis están sujetos al deseo íntimo de cada uno. En mi caso, apenas es una opinión que pretende estar siempre ajustada a la observación meticulosa de una sucesión de hechos repetidos. Sin embargo, los que se autoperciben analistas están obligados a demostrar que tienen suficiente idoneidad para separar metódicamente las partes y así teorizar sobre la estructura. Y, luego, están los chapuceros, que aparecen después de cada ventarrón para profetizar apocalipsis y futuros “bailes” electorales, que solo pueden revertirse si ellos integran –como figuras preponderantes– el proceso de “recuperación”. Los eternos profetas del día después.
Miguel Prieto, insisto, en estos momentos es un problema real para la oposición. Sobre todo, para el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), cuyos dirigentes se han reafirmado en repetidas ocasiones que no cederán el liderazgo en la chapa presidencial. Prieto, después de la victoria de su prohijado Daniel Pereira Mujica (no sé por qué los medios de comunicación eliminaron su primer apellido) para quedarse con la intendencia de la capital del departamento de Alto Paraná, ya anticipó que no abdicará de sus pretensiones presidencialistas. Los pequeños partidos y movimientos políticos serán sus más férreos aliados. Y, obviamente, mis colegas del periodismo militante. Entonces, como ya dije, hará falta el milagro del renunciamiento de uno de ellos para que se pueda alcanzar el anhelado frente único que permita desplazar a los republicanos del Palacio de López. Y esa es una cuestión que no atañe a los colorados, salvo que algunos afiliados puedan desertar, como ya ocurrió en 2008, aunque después volvieron al redil sin pena ni gloria y sin sanciones disciplinarias. En fin, esa es harina de otro costado, al decir de un egregio correlí.
Miguel Prieto ya había superado la barrera del 60 % del total de votos en Ciudad del Este. Lo hizo el 10 de octubre de 2021 (81.168), marcando una diferencia de más de 45.000 votos. Pero, menos de dos años después, no pudo evitar que César “Landy” Torres sea electo gobernador de Alto Paraná el 30 de abril de 2023, triunfando sobre el candidato de Yo Creo, justamente Daniel Pereira Mujica, quien, no obstante, ganó lejos en CDE. En concreto, durante el gobierno de Mario Abdo Benítez, en 2021, con todas las turbinas de Itaipú a cuestas (expresión muy común en los últimos días), Prieto ganó holgadamente en Ciudad del Este. Y con la represa de Yacyretá en contra, Luis Yd se impuso en Encarnación. Es decir, nada nuevo por estos lares. De hecho, con las dos hidroeléctricas binacionales y todo el aparato estatal detrás, el Partido Colorado fue derrotado, por segunda vez en su historia, por Fernando Lugo en 2008. La primera fue en 1928, cuando el doctor José P. Guggiari le ganó a don Eduardo Fleytas, con un Partido Colorado escindido entre eleccionistas y abstencionistas. Una de las razones de la llanura, explicaría después el entonces senador Juan Carlos Galaverna, es que gran parte de la dirigencia se quedó con la plata y Lugo con los votos.
Sobre la urgencia de que el Partido Nacional Republicano replantee sus liderazgos nacionales y regionales y recupere las raíces de su orientación ideológica –más que nada en estos tiempos de provocadas confusiones–, hemos venido martillando desde hace años en este mismo espacio.
No es una posición para ponernos a la moda, como lo hacen algunos oportunistas que ambicionan obtener buenas tajadas a costa de cualquier revés electoral, presentándose como los salvadores del partido cuando, en realidad, son directos responsables de su entierro doctrinario, a razón de promover un aberrante clientelismo y privilegios prebendarios, amén de sus desvergonzadas prácticas de corrupción, penosamente, hasta hoy impunes. Estos escombros son el verdadero problema del coloradismo, y no Miguel Prieto. Buen provecho.