• Por el Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
  • MBA
  • Consultor financiero
  • jzaratelazaro@gmail.com

A nivel país seguimos con nada menos que 11 ministerios y más de 17 secretarias ejecutivas, que dependen del Poder Ejecutivo, injustificable en un país pequeño como el nuestro donde apenas superamos los 6 millones de habitantes, con una superpoblación de funcionarios públicos que superan los 350.000, equivalente a 17 funcionarios por cada 100 habitantes quienes se llevan mes a mes una gran parte de los ingresos tributarios incluidos dentro del PGN, como gastos rígidos para el pago de sueldos y otros beneficios, quedando limitados recursos para salud pública, educación y obras de Infraestructura.

No justifica en absoluto que en pleno siglo XXI, en plena era de la tecnología y del conocimiento, sigamos manteniendo dicho nivel de burocracia estatal, que antes que ser una solución implica un retroceso y una de las causas primarias de la debilidad estructural de nuestras instituciones.

Por qué no tomamos el ejemplo del presidente de Argentina, que en un país con aproximadamente 46 millones de habitantes, una de las primeras medidas adoptadas ha sido la reducción de la cantidad de ministerios en un 50 %, además de otros entes que antes que aportar valor agregado, generaba ingentes erogaciones, desangrando en forma substancial a las arcas del Estado y “engordando” el déficit fiscal, llevando a desvincular a más de 50.000 funcionarios que antes que aportar valor agregado se constituían en una carga pública.

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Es hora que dejemos atrás el prebendarismo, clientelismo y cuoteo político en nuestras instituciones, pues el sentido común nos dice que deberán estar los mejores por actitud y aptitud pero, sin embargo, seguimos soportando a miles de ineptos y mediocres que dejan mucho que desear, constituyéndose en una mala imagen para nuestro país y uno de los actores principales de nuestra anacrónica burocracia.

El grado de inversión que nos ha otorgado la calificadora de riesgo internacional Moody’s, es un espaldarazo a que, desde el punto de vista macroeconómico se vienen haciendo bien las cosas, pero no todo termina allí, pues si pretendemos mantenerlo en el tiempo en forma consistente, no cabe otra más que realizar cuanto antes una reforma estructural de nuestro estado paquidérmico y desfasado en el tiempo.

El viceministerio de Capital Humano, dependiente del Ministerio de Economía, debe ser el responsable de diagramar los planes estratégicos de acción conducentes a un achicamiento del Estado, que se hace imperioso y necesario, lo que estaría permitiendo una mejor calidad de atención, eficiencia y eficacia, dado que una de las principales áreas críticas de riesgo a nivel país que siempre nos han apuntado estas organizaciones se refiere a nuestra debilidad estructural a nivel institucional, en donde lo cualitativo juega un rol primario.

Lo mismo ocurre con las secretarias ejecutivas. ¿Existe alguna necesidad fundada para seguir manteniendo semejante cantidad? Un achicamiento de nuestro Estado, en donde se haga una reingeniería en todas nuestras instituciones, reduciendo al máximo la mega estructura actual, ahora que tenemos la tecnología al alcance de un click, es muy necesario, con lo cual nos podremos ahorrar miles de millones de guaraníes pagados mes a mes en sueldos, pudiendo destinarlo a reforzar nuestra calidad educativa y salud pública que siguen siendo muy deficientes.

El Estado no es una entidad de beneficencia. Dentro de la plantilla de funcionarios de todas nuestras instituciones deben estar los más capaces, con quienes podremos concretar los planes estratégicos de la mejor manera posible. Es una brillante ocasión que se le presenta al Viceministerio de Capital Humano, que debería ordenar a todas las direcciones de organización y métodos (O&M) que hagan un análisis en profundidad, para que de una vez por todas podamos tener en ministerios y secretarias ejecutivas a personas que muestren profesionalismo, y que contribuyan a mejorar a mediano plazo nuestra calificación actual de solvencia y tendencia.

La Ley del Servicio Civil ya está promulgada y reglamentada. No cabe otra más que cumplir taxativamente todo lo que se engloba dentro del mismo, olvidándonos del color del pañuelo, incorporando a profesionales que valgan la pena con una buena formación académica y técnica.

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