• POR MATÍAS ORDEIX
  • socio del Club de Ejecutivos del Paraguay

Al momento de la redacción de esta columna, estoy a unas horas de compartir una pre­sentación con otros empre­sarios y gente amiga en un conversatorio organizado en la Universidad Católica. Pero esta no es una charla más, donde contamos los vaivenes y transitares de un empresa­rio, o cómo es ese lindo camino –aunque complicado– de emprendedor a empresario.

Igualmente, por más que ya tengo unos cuantos años de ejecutivo-empresario, me sigo considerando un emprendedor. No en todos los casos uno puede volverse directamente empre­sario, luego de ser emprendedor, y cambie un título por otro. En mi caso particular, al igual que otros amigos, seguimos siendo emprendedores, por muchos que nos consideren solo empre­sarios. Porque el emprender es tener la vela encendida, con una llama que no se apaga, porque si perdemos esa pasión por los nuevos desafíos, por los nuevos emprendimientos, podremos caer en un confor­mismo peligroso.

Volviendo a la pregunta del título, que será parte de la pre­sentación empresarial, la misma me hizo reflexionar más de lo esperado. Si somos simplistas, y solo respondemos que “trabaja­mos para ganar dinero, para cre­cer, para un mejor pasar”, pienso que nos quedamos cortos en su explicación y en la respuesta al ¿Por qué trabajamos?

En mi caso, he tenido la for­tuna, desde que estoy a cargo de mi empresa, que “amo” lo que hago, me encanta traba­jar en lo que hemos creado. No todo el mundo siente una altí­sima pasión por lo que hace, con el “bonus track” que es muy redituable. No trabajo por el dinero que me genera, esto es el resultado del placer de traba­jar en mi empresa. Es impor­tante, pero es el fin último (aunque debe siempre darse, sino seríamos una ONG).

Trabajo primeramente para sentirme vivo, me siento útil trabajando, liderando equi­pos, enseñando a mi gente, compartiendo experiencia y potenciando las habilidades de cada integrante de la organización que presido.

También trabajo porque me siento útil ante mi sociedad, mi país y creo que de algún modo aporto a colaborar con un mundo mejor. Esta sensa­ción de aportar a la sociedad es importante, no solo con el trabajo que realizo, sino con el gran trabajo que realizan todos aquellos que dependen de nues­tra empresa, todos los colabo­radores que, con su aporte de gestión, crecen y construyen.

Por otro lado, al trabajar, acti­vamos nuestro lado creativo, nos autoestimulamos en un modo de mejora continua y constante crecimiento. Aun­que muchas veces la vorágine de la operación no nos permita tanto tiempo para la creación, esta es clave para seguir pros­perando como profesional, inmerso en un superior eco­sistema empresarial.

Esta reflexión también invita a los ejecutivos y empresa­rios a encontrar nuestro pro­pósito, tanto personal como empresarial. Encontrarle un sentido a nuestro trabajo. Si solo nos vemos motivado por lo económico, quizá llegue el cansancio en su momento, y el trabajo no tendrá más sen­tido. Sin embargo, si nuestra razón de trabajar va mucho más allá de lo financiero, es ahí donde adquiere sentido nuestro actuar en el trabajo y contribuye a seguir apasionándonos por lo que realmente amamos.

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