• Por Arturo Peña Villaalta
  • arturo.pena@nacionmedia.com

“Ni los santos ni la Virgen María hacen milagros”. Fue la afirmación del obispo Pierre Jubinville, presidente de la Confederación Episcopal Paraguaya, durante una conferencia de prensa en la que explicó los alcances del documento emitido por el Vaticano donde desaconseja el uso del título de “Corredentora” para referirse a la Virgen María. Según la Santa Sede, la aclaración busca poner claridad sobre el rol único de Cristo como salvador. Sin entrar a profundizar, el Vaticano afirma que María –y, por ende, los demás santos– es “mediadora en sentido participativo y subordinado a Cristo”. El que hace los milagros es Él.

La noticia generó un intenso debate a nivel religioso y abundaron también los “todólogos” de redes sociales que, como suele ocurrir, dieron su aporte para enredar el tema antes que otra cosa.

San Buenaventura, filósofo, teólogo y obispo italiano, fue uno de los fundadores de la Orden Franciscana, congregación que ha dejado huellas muy importantes en el Paraguay. Un símbolo de valor superlativo que registra la presencia franciscana hacia el siglo XVIII en nuestro territorio es el templo que lleva el nombre del santo: la Iglesia de San Buenaventura, en Yaguarón.

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Esta joya del barroco-guaraní, construida entre 1755 y 1772 por misioneros franciscanos e indígenas guaraníes, es uno de los tesoros patrimoniales más importantes del país por su valor histórico, arquitectónico y artístico. Si consideramos la desidia y la ineptitud en su conservación, podríamos considerar un milagro, más allá de los parámetros del Vaticano, el hecho de que siga en pie, resistiendo al tiempo.

A lo largo de los años, y en especial en las últimas décadas, la Iglesia de San Buenaventura fue objeto de intervenciones desastrosas y de licitaciones para restauración amañadas que terminaron en nada.

Al paso del tiempo se suman otros factores, como las termitas, que vienen siendo la gran amenaza del templo desde hace años.

En el relatorio de los “esfuerzos” por salvar este patrimonio hay sucesos realmente inverosímiles. Uno fue el caso de una licitación que fue cancelada al descubrirse que uno de los firmantes para adjudicar a la empresa favorecida ¡ya había fallecido!

La sacristía, una de las partes de mayor valor, además del retablo mayor, es el área mas amenazada por las voraces termitas. En una de las intervenciones para “rescatar” este sector, el personal lo desmanteló pieza por pieza usando ¡patas de cabra!

También se hicieron modificaciones de estructura dentro del predio –construcción nueva– y en el perímetro del terreno que fueron muy criticadas. Incluso se denunciaron que piezas del templo han desaparecido.

Todas estas salvajadas se dieron ante la mirada desesperada de la comunidad yaguaronina, que veía cómo el símbolo de la ciudad se iba deteriorando no solo por acción del tiempo, sino por la irresponsabilidad de quienes debían preservarlo.

Luego de una década del último intento de salvataje, ahora, el templo de San Buenventura parece tener una nueva luz de esperanza. El Gobierno anunció que en diciembre se reiniciarán los trabajos de restauración tanto de la estructura como de las piezas de arte del acervo.

Se hará a través del Programa Tekorenda, de la Secretaría Nacional de Cultura, con el apoyo de la Oficina de la Primera Dama, Itaipú Binacional, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, y demandará una inversión de G. 7.500 millones.

Primeramente se realizará un diagnóstico general del edificio para poder avanzar sobre un plan de recuperación. Incluso se realizará un estudio con radares para investigar el subsuelo y localizar objetos antiguos que pudieran seguir enterrados.

En la restauración del templo se pondrán en práctica nuevos paradigmas y tecnología en lo que tiene que ver conservación, lo que genera la esperanza de que sea un trabajo que garantice una recuperación en buen grado. El siguiente paso deberá ser el plan de mantenimiento.

Como ciudadanía, nuestro rol es velar porque la restauración de la Iglesia de San Buenventura se realice y que no terminé en el cajón donde duermen un montón de licitaciones fallidas. Y por qué no, podemos agregar también nuestras plegarias a San Buenaventura, para que en su rol de intercesor ante Cristo, obre para que el rescate de este invalorable patrimonio nacional sea una realidad, de una vez por todas.

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