• Por Jorge Torres Romero

La cifra es contundente: 38.236 extranjeros solicitaron residencia en Paraguay entre permanentes y temporales. No es un número más en un informe de la Dirección de Migraciones. Es una señal de cambio. Durante décadas, Paraguay fue visto como un país del que la gente salía para buscar oportunidades. Hoy, poco a poco, se convierte en un país al que se llega.

Y no se trata de llegadas aisladas. Hay una tendencia clara. Los brasileños encabezan la lista con 22.136 solicitudes, seguidos por argentinos con 4.147, alemanes con 1.593 y bolivianos con 1.255.

También hay flujos significativos provenientes de España, Venezuela, Países Bajos, Estados Unidos, Rusia y Colombia. Es decir, Paraguay no solo atrae a vecinos de la región, sino también a personas de países desarrollados y de contextos geopolíticos muy distintos. Cuando la diversidad de origen crece, significa que no estamos frente a una migración circunstancial, sino a una decisión basada en condiciones reales de vida.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

¿Por qué está ocurriendo? La respuesta es más simple de lo que parece: Paraguay ofrece condiciones que otros han perdido. En un continente donde la incertidumbre se volvió norma, Paraguay se sostiene sobre un principio que vale oro: estabilidad. Estabilidad económica, previsibilidad fiscal y un clima de negocios razonable. No perfecto, pero confiable.

A eso se suma algo todavía más valioso: un costo de vida humano. Aquí una familia puede proyectar vivienda, educación y trabajo sin quedar atrapada en el endeudamiento o en la carrera frenética de las grandes metrópolis. Esta es una ventaja que el extranjero percibe enseguida. Quien llega se sorprende de la sensación de espacio, tiempo y posibilidad.

También hay sectores que crecen: construcción, agroindustria, logística, servicios, tecnología y comercio transfronterizo. En Paraguay todavía hay espacio para emprender, aprender y desarrollar proyectos. En países donde todo está saturado, la oportunidad no se ve. Aquí la oportunidad todavía respira.

La llegada de extranjeros no significa pérdida de identidad. Significa renovación. Personas que vienen a trabajar, invertir, producir, estudiar, formar familias y agregar conocimiento fortalecen la base económica y cultural del país. Aportan diversidad, nuevas miradas y conexiones con el mundo.

Claro que el desafío ahora es ordenar el crecimiento. Integración social, infraestructura urbana, educación técnica y planificación territorial serán claves. El desafío es real, pero también lo es la oportunidad.

Hay algo que vale subrayar. Nadie migra a un lugar que siente sin futuro. La gente elige dónde vivir con intuición y racionalidad. Si miles de personas están eligiendo Paraguay, es porque ven horizonte.

Paraguay tiene la posibilidad de convertirse en un país destino en Sudamérica. No por moda ni por azar, sino porque está construyendo las condiciones para que la vida sea posible, estable y proyectable.

Lo importante ahora es que Paraguay también se mire a sí mismo como país que se elige. El finado periodista Pablo Herken hablaba en 2017 en una conferencia del “paraguayo destructivo” y el “paraguayo optimista”. Del primero, abundan en la política y la prensa destructiva, no crítica, sino destructiva. Con estos números de Migraciones, significa que los optimistas estamos ganando la batalla. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

Déjanos tus comentarios en Voiz