- Por Víctor Pavón
En este tercer escrito sobre el proyecto de ley que crea el fuero agrario ambiental me referiré a su sustrato intelectual. A las organizaciones de derechos humanos, indigenistas y ambientalistas se las considera como las que más saben sobre el tema y, por tanto, hay que dejarlos hacer lo que mejor consideren. Si se precisan más leyes, entonces sería correcto aprobarlas sin más trámites.
La realidad es diferente. Los que dicen apoyar a campesinos, indígenas y medioambiente no son precisamente los que mejor propician el progreso de esos sectores. Son sus adversarios. Tratan a los indígenas y a los campesinos como infrahumanos y a la sostenibilidad ambiental como contraria al crecimiento económico. Pero aún equivocados insisten en sus intenciones.
¿Qué les impulsa a los proyectistas a proponer un nuevo fuero agrario y ambiental? ¿Por qué creen que lo agrario y ambiental no puede llevarse con la agricultura empresarial?
La primera respuesta está en la reforma agraria. El primer intento tuvo lugar en Roma en el 133 a. C. cuando los hermanos Graco redistribuyeron tierras entre los pobres. El resultado fue más pobreza con alta concentración del poder político.
En Paraguay el socialismo anticapitalista instalado desde los albores de nuestra historia con el Dr. Gaspar Rodríguez de Francia con las “estancias de la patria” (del Estado) desechó las causas del progreso. La consigna: mantener al individuo dependiente del poder de turno. El Estado debía regir la vida y la hacienda.
En 1904 la “Ley de Colonización y del Hogar” junto con los diversos Estatutos Agrarios y los “créditos agrícolas” hicieron empobrecer a los campesinos enriqueciendo a funcionarios.
Sigue vigente “la piedra que los constructores desecharon”: la defensa de la propiedad privada. Ejemplo de ello es la Estancia Pindó, invadida hace trece años y convertida a la fecha en aguantadero de delincuentes y en plena “democracia”.
Pero si bien la reforma agraria fue un fracaso acarreando desinversión y desempleo en el campo, los intelectuales y políticos tienen ahora otro enemigo: la empresa en el sector agropecuario. Alegan que los empresarios del sector rural se enriquecen, mientras que campesinos e indígenas se empobrecen, destruyéndose el medioambiente.
Sin embargo, la agricultura empresarial está quitando de la pobreza a miles de campesinos y hasta a varias etnias indígenas que practican el cooperativismo dándole valor al capital, la libertad, el uso de la tecnología, la siembra directa, el esfuerzo y la propiedad privada. La agricultura empresarial crea trabajo, oportunidades y esperanzas de mejor vivir a las familias del campo, cuida el medioambiente y no es enemigo de los más vulnerables; es su redentora.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”, “Cartas sobre el liberalismo”, “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes”, y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la libertad y la República”.