• Alex Noguera
  • Periodista
  • alex.noguera@nacionmedia.com

Setiembre es el mes de culto para los nostálgicos de las aventuras espaciales, pero no de cualquier tipo, sino las interestelares, es decir, las que se desarrollan fuera del sistema solar.

Fue un 15 de setiembre de 1965 cuando comenzaba la odisea de la familia Robinson con “Perdidos en el Espacio” y diez años después, el 4 de setiembre, iniciaba la serie “Cosmos 1999”.

Coincidentemente, la gran explosión de los desechos nucleares depositados en el lado oscuro de la Luna y que la sacara de órbita se producía un 13 de setiembre.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

En los casos de las series de ciencia ficción, son la nave Júpiter 2 y la Base Lunar Alfa las que vagan por el espacio y se alejan del mundo conocido; por el contrario lo que ocurre en la realidad, son cuerpos celestes interestelares los que actualmente pasan cerca de la Tierra, abriendo nuevos horizontes de conocimientos para la ciencia.

Los rastros por descubrir los secretos guardados antes de la creación humana se pierden en el tiempo, pero aún quedan profundos misterios que deben ser revelados por la arqueología y la ciencia.

Ya se refieran a la construcción de las diversas pirámides, en Asia, América o África, o los papiros o tablillas mesopotámicas, conservan interrogantes acerca de viajes de seres de otros mundos y tecnologías desconocidas, incluso pinturas como “La Madonna de San Giovannino”, de 1495, en la que aparece un extraño plato volador en el lienzo.

Pero dejando de lado la fantasía y la mística, un hecho incuestionable es que en menos de una década tres visitantes misteriosos pasaron cerca de la Tierra, un hecho que llama la atención de los científicos porque nunca antes habían sido registrados en toda la historia de la humanidad. No eran objetos comunes, sino que provenían de más allá del sistema solar.

El primero, avistado el 19 de octubre de 2017, fue llamado Oumuamua, y su trascendencia radica en que su hallazgo confirmó que existen cuerpos celestes que viajan por el espacio interestelar y que pueden cruzar el sistema solar.

Casi sin tiempo para analizar el Oumuamua y estudiarlo a fondo, apenas dos años después, el 30 de agosto de 2019, pasaba el 2I Borisov, es decir, el segundo (2) objeto interestelar (I), esta vez nombrado Borisov en honor al astrónomo que lo descubrió.

Y este año, detectado por primera vez el 14 de junio y descubierto el 1 de julio, el tercer visitante fue catalogado por el sistema de telescopios Atlas y confirmado como 3I Atlas.

Como es habitual, los fenómenos nuevos o inexplicables cada cierto tiempo llaman la atención de la humanidad y surgen anuncios de cataclismos naturales, de profecías del fin del mundo, de la llegada de los extraterrestres o voces de guerras, pandemias o hambrunas.

El 3I Atlas está de moda. Con un núcleo aproximado de menos de un kilómetro de largo, el 19 de diciembre es cuando mejor se lo podrá ver por su acercamiento. Pero para eso serán necesarios los más potentes telescopios ya que estará a unos 270 millones de kilómetros de la Tierra.

Cuanto más se acerca, más virales se tornan las redes sociales y los profetas emiten sus voces de alarma porque están quienes aseguran que el objeto no es un cometa, sino un aparato tecnológico, al que incluso denominan “nave nodriza”.

Así, los “expertos” se sorprenden por la velocidad que lleva y también porque en algunos momentos aseguran que se reduce o acelera, hecho que contradice con los fenómenos conocidos hasta ahora.

También cuestionan la composición química del objeto y hasta aseveran que cambia de trayectoria, planteando detalles que solo pueden ser respondidos por tecnologías avanzadas.

Con una acostumbrada mentalidad apocalíptica, potenciadas con las teorías conspiraticias y las redes sociales, no sería raro que para este año la Navidad pase a segundo plano y se conformen comités de bienvenidas para los extraterrestres. Al menos va a ser más divertido que las noticias hablen de más guerras o de más crisis económicas.

Déjanos tus comentarios en Voiz