- Por George Leal Jamil
- Profesor de FDC, Brasil
Ciertas palabras causan asombro o incluso aversión en los emprendedores. Abordaremos dos que se relacionan con el pensamiento académico y que, de manera equivocada, suelen ser mal interpretadas: Métodos y Conceptos.
Este texto abordará la primera –métodos–, pero vale la pena iniciar la ilustración con la segunda –conceptos– para tener una idea de lo que pretendemos tratar aquí. Cuando buscamos, en una interacción con emprendedores, como las que tenemos en nuestro programa PAEX, de la FDC, aclarar un punto de decisión o una pendiente, probablemente estamos en busca de la definición de un concepto. Un concepto es una definición objetiva, sin ambigüedades, que esclarece un término, expresión o elemento en análisis. Solo eso. Por supuesto, podemos obtener un concepto a partir de la literatura científica –forma recomendada– o, a través de nuestros hábitos, consolidar uno.
¿Qué es un plan? ¿Qué es la planificación? ¿Qué es el marketing? Defina innovación. En todos estos casos, queremos conceptualizar lo que entendemos por esos términos.
Esa búsqueda, eventualmente, genera la noción errónea de un exceso de rigor, de burocracia o de una sofisticación inadecuada. La búsqueda de una literatura científica, de expresiones con rigor investigativo, nos brinda firmeza, consistencia y solidez para definir algo. Pero, debido a la habitual distancia entre el ámbito académico, la producción científica y el mundo empresarial, el empresario normalmente se asusta y resiste al diálogo, adoptando –peligrosamente– una definición imprecisa, una expresión de sentido común que, en muchos casos, no completa el concepto, generando posibles dudas.
En este contexto, Método es un término muy interesante. Básicamente, es la estructuración de un proceso para ejecutar algo. En el ámbito de los negocios, la perspectiva es enorme y no debe perderse de vista.
La definición de Método nos permite establecer diversos métodos para el trabajo y la productividad de la empresa: el método para planificar, para ejecutar el plan, para operacionalizar la atención al cliente, para adquirir suministros y servicios necesarios, métodos para la relación con la cadena productiva y los distribuidores. ¡Métodos, en fin!
Pero es aún más importante explorar esta definición esencial: el Método, en el caso de la investigación científica, es la manera en que procedemos con la propia investigación; es cómo generamos las respuestas necesarias para aclarar una cuestión práctica, alinear un cálculo con los resultados o ajustar un plan a su ejecución, entre muchas otras situaciones. El método de investigación, por ejemplo, definirá exactamente cómo se llevará a cabo esa investigación, cuáles serán los pasos y qué se entregará para que una cuestión objetiva sea respondida.
Así, como ocurre en nuestra metodología del PAEX de la FDC, un método puede prescribir, por ejemplo, cómo evaluar las probabilidades de que el lanzamiento de un nuevo producto o servicio sea bien aceptado por los clientes. En este caso, el método definirá cómo se consultará a los clientes sobre sus deseos, carencias u oportunidades. También se evaluará cómo están siendo atendidos, cuál es su grado de satisfacción y, finalmente, si aceptarían cambiar la oferta actual por otra (que intentaremos satisfacer con una nueva propuesta de valor).
El método, en términos generales, en este mismo caso, también prescribirá cómo la solución práctica –del producto o servicio– será diseñada, proyectada, producida y, finalmente, ofrecida al cliente. Para concluir, el método determinará cómo se consultará a los clientes que adquieran esa oferta acerca de su satisfacción.
Existen varios aspectos importantes para este método: debe basarse en experiencias previas comprobadas, como las de artículos científicos, libros o rigurosos estudios de mercado (por ejemplo, saber que un método similar ya fue adoptado con éxito). Además, debe alinear el plan con la ejecución mediante la elaboración de un proyecto de lanzamiento o de revisión de una oferta de mercado –por ejemplo, definiendo cronograma, presupuesto, responsabilidades, riesgos y comunicación de todo el proyecto–, permitiendo que el emprendedor acompañe completamente el nuevo posicionamiento.
Métodos y metodología (el campo científico que define los métodos) son conceptos en los cuales el empresario puede apoyarse para madurar su capacidad emprendedora y fortalecer los emprendimientos que gestiona. El conocimiento académico es un aliado indispensable para el emprendedor que desea triunfar.

