• Por la Dra. Livia Mandelli, Ph.D

“La mayor fuerza de un líder no reside en pre­ver el futuro, sino en su capacidad de reconstruirse en el presente con la mirada puesta en él”

En el escenario contemporáneo del liderazgo global, ya no basta con saber actuar. Es necesario comprender el funcionamiento interno de donde emergen nues­tras elecciones, emociones, con­vicciones y narrativas mentales. Los ejecutivos de alto rendi­miento están siendo convocados a ejercer un nuevo tipo de pro­tagonismo: el de la autorregu­lación expandida, no solo para liderar organizaciones, sino para liderarse a sí mismos con integridad emocional y cohe­rencia cognitiva. El liderazgo y el autoconocimiento ya no pue­den caminar separados.

“El verdadero protagonismo comienza en los bastidores invisibles de la mente”

Sabemos que vivimos en una era en la que el desempeño ya no es suficiente, se requiere mucho más: ahora necesitamos con­ciencia. Y esa conciencia nace en las estructuras invisibles del cerebro, es decir, en los sistemas neuronales, en los filtros per­ceptivos y en la capacidad emo­cional de adaptación. Desde la década de 2010, las investiga­ciones en neurociencia contem­plativa y psicología cognitiva han señalado un mismo prin­cipio: el cerebro es moldeable. Responde a la manera en que percibimos nuestras experien­cias, al foco de nuestra atención y a los estímulos del entorno.

En la práctica del liderazgo, esto significa que la forma en que un líder interpreta los eventos a su alrededor tiene más impacto en los resultados que los pro­pios hechos. En otras palabras, los eventos en sí no determinan el destino de un líder; lo que lo determina es la manera en que esos eventos son interpretados internamente. Por eso, debemos prestar atención a cómo esta­mos percibiendo e interpre­tando el mundo organizacional y a las personas que nos rodean.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

“La realidad no define la decisión. Es el modelo men­tal que la decodifica el que la define”

Como enseña el neurocientífico Beau Lotto, nuestras decisio­nes y juicios están guiados por percepciones y no por hechos objetivos. Para quienes ocupan posiciones de impacto, enten­der esto es fundamental. El pro­tagonismo no consiste en con­trolar el escenario externo, sino en modificar la lente interna que moldea la visión y la acción del líder.

“El protagonismo no con­siste en controlarlo todo, sino en reconfigurar el mapa mental con el que operamos”

Este cambio de enfoque está directamente relacionado con el concepto de mindset. Carol Dweck popularizó la idea del growth mindset, mostrando que el desarrollo es una elección posible. Hoy, esta perspectiva evoluciona hacia el complexity mindset, una mentalidad capaz de operar con ligereza en con­textos paradójicos, ambiguos e inciertos. Se trata de cultivar flexibilidad cognitiva, estabi­lidad emocional y apertura continua a lo desconocido. En tiempos de inestabilidad cró­nica, esta mentalidad se vuelve esencial para la supervivencia.

“Protagonizar es tener la habilidad de rediseñar, con intención, los propios patro­nes mentales”

Este nivel de liderazgo exige el desarrollo de la llamada neu­roplasticidad intencional, es decir, la capacidad de modifi­car deliberadamente los pro­pios circuitos de atención, percepción y respuesta emo­cional. Cuando una persona en posición de liderazgo se vuelve consciente de sus automatis­mos mentales, gana libertad para reformular sus acciones y decisiones. Esto requiere fuerza de voluntad, disciplina, práctica, consistencia y un alto grado de presencia. ¿Está usted preparado para el liderazgo en el escenario actual?

La neurociencia organizacio­nal identifica tres pilares fun­damentales para el protago­nismo ejecutivo: la regulación emocional como ventaja con­ductual estratégica; la agencia autónoma basada en redes neu­ronales adaptativas; y la plasti­cidad mental combinada con la metacognición. Liderar va más allá del conocimiento técnico: requiere inteligencia emocio­nal, claridad ética y la habilidad de reflexionar sobre los propios pensamientos.

“La nueva ventaja estraté­gica es pensar sobre cómo se piensa”

Los estudios demuestran que los líderes con alta activación del córtex prefrontal dorsola­teral son más capaces de conte­ner impulsos, analizar escena­rios complejos y ejercer empatía bajo presión. El concepto de neurocoherencia, propuesto por Daniel Friedland, revela que los equipos liderados por profesionales emocionalmente centrados son más innovado­res, adaptables y altamente comprometidos.

Otro elemento relevante es la default mode network, una red neuronal asociada con los momentos de introspección y autorreflexión. Esta red es cru­cial para la construcción de la identidad, la creatividad y el sentido de propósito. Los líde­res que cultivan espacios para pausas conscientes, en lugar de operar en un estado constante de agitación y alerta, acceden a repertorios más creativos, éti­cos y regenerativos.

Instituciones como McKin­sey, MIT Sloan y el NeuroLea­dership Institute han venido reforzando una transición en curso: del protagonismo indi­vidualista hacia el liderazgo en red; de estructuras verticales hacia sistemas de colaboración mutua; de modelos centrados en el mando y control hacia lide­razgos basados en la escucha, la autonomía y la presencia cons­ciente.

“Los líderes protagonistas no dominan el espacio, lo expanden con conciencia”

Esta transformación tam­bién requiere entornos orga­nizacionales que sostengan la seguridad psicológica. Son esas culturas las que fomen­tan la vulnerabilidad produc­tiva, la curiosidad auténtica y el compromiso genuino. Debe­mos ser capaces de crear y man­tener entornos donde errar sea permitido, reflexionar sea valo­rado e innovar sea una conse­cuencia natural.

En la práctica se puede desa­rrollar este protagonismo mediante microhábitos cons­cientes: pausas intencionales durante la jornada, escritura reflexiva para reorganizar la experiencia, chequeos de pre­sencia corporal y emocional, centrarse antes de reuniones críticas y practicar la escucha activa como herramienta de liderazgo e influencia. Peque­ñas acciones que, sostenidas en el tiempo, generan transforma­ciones profundas.

En el modelo actual de lide­razgo, protagonizar no significa ampliar la influencia sobre todo, sino habitar con profundidad el espacio que se ocupa. Es liderar con mente presente, cuerpo regulado y atención plena.

“El cerebro que habitas es el reflejo de la cultura que construyes”

En este nuevo paradigma, es necesario tener el coraje de dejar de ser solo un gestor de resultados y asumir la autorres­ponsabilidad de convertirse en curador de la propia concien­cia. Y, como consecuencia, en arquitecto de un futuro más consciente, ético y regenera­dor para todos los que le rodean.

Referencia

de Almeida, N. V., & dos Santos, R. F. (2024). La importancia de la inteligencia emocional en el liderazgo: perspectivas teóri­cas y prácticas. Revista Tópi­cos, 2(13), 1-14.

Déjanos tus comentarios en Voiz