• Por Arturo Peña Villlaalta
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No, esto no se refiere a ninguna candidatura política ni a una lista de aspirantes para las próximas elecciones. Se trata de una lista de gente para la que la esperanza no representa ese lugar abstracto del discurso electoral, sino que es el motor del día a día, porque, en muchos casos, dejar de tener esperanza es dejar de soñar en una vida en mejores condiciones, o incluso, dejar de vivir.

Según números publicados días atrás por el Instituto Nacional de Ablación, más de 350 personas están en lista de espera por un donante de órgano para trasplante en nuestro país.

Ese número, 350, a priori parecería llevar una connotación negativa –fue al menos la primera impresión que tuve al leer el titular de la información–; sin embargo, según explicó Lino Pederzani, coordinador de trasplantes del Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, es un número que refleja esperanza. “Cuando un país no trasplanta, la gente no se inscribe en la lista de espera y la lista de espera es baja. Que la lista de espera vaya aumentando para nosotros es algo bueno, quiere decir que hay más gente con esperanza de trasplantarse. Nuestra lista de espera tiene 350 pacientes ahora, la expectativa es que tenga 1.500”, explicó el profesional. El crecimiento de la lista fue de cerca de cien personas, teniendo en cuenta los números de mediados de 2024.

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Los dos grupos con mayor requerimiento de trasplantes actualmente son las personas no videntes que precisan córneas (unas 200 en espera) y los enfermos renales (alrededor de 150). A junio de este año se habían realizado dos trasplantes de corazón. Esto por citar algunas de las intervenciones de trasplante más conocidas. El total de trasplantes de órganos para mediados de este año era de 94 casos.

En 1992, el recordado doctor Marco Aguayo se convirtió en el primer donante cadavérico del país. Falleció el 12 de setiembre de ese año y la familia autorizó la donación de sus riñones y córneas, lo que había quedado como pedido del galeno. Por ello, cada 12 de setiembre se conmemora el Día Nacional del Donante de Órganos y Tejidos.

La promulgación de la Ley Anita, en abril de 2019, fue el gran paso que dio el país en cuanto a la donación y trasplante de órganos. La legislación establece que toda persona mayor de 18 años es considerada donante de órganos y tejidos tras la muerte, a menos que haya expresado su negación de manera expresa, por escrito. El proyecto de ley se inspiró en el caso de la pequeña Ana Almirón, que falleció a los 6 años mientras esperaba donante de corazón. Su batalla por la vida fue valiente e inspiradora para muchas personas.

El impacto de la implementación de la Ley Anita es innegable y ha servido para incrementar las donaciones y trasplantes, ya que con este marco se resuelve la objeción, que por lo general era de la familia del fallecido. Muchos trasplantes no pueden esperar mucho tiempo tras el fallecimiento del potencial donante, por lo que este tiempo crucial y esto se resuelve con la vigencia de la ley. Sin un donante, no hay trasplante. Sin trasplante, no hay esperanza.La lista de la esperanza va creciendo, lo que debe ir acompañado en una conciencia cada vez mayor sobre la donación de órganos y de cada vez mejores condiciones en el sistema de salud para este tipo de intervenciones.

La donación de órganos es un acto supremo. Un acto de generosidad mayor que convierte la esperanza en vida.

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