• Por Emilio Agüero Esgaib
  • Pastor

Cuando Martin Lutero fue convocado a la Dieta de Worms en 1521, en la ciu­dad alemana de Worms para debatir con los representan­tes de Roma fue con la expec­tativa de llevar a cabo un debate, donde se arroje más luz y justicia sobre sus pos­turas doctrinales. El estaba totalmente convencido de la veracidad de sus enseñanzas, que incluía la doctrina de la justificación por la fe sola.

Cuando empezó la Dieta un hombre de apellido Eck, representante de Roma, le exigió a Lutero retractarse de sus escritos sin mediar pala­bras ni la posibilidad de nin­gún debate. Sencillamente fue intimado a retractarse diciendo a las autoridades: “Revoco”, que significa “me retracto”. Fue allí donde pidió veinticuatro horas para medi­tar. Esa noche en su celda en el Monasterio escribió esta maravillosa oración: “!Oh, Dios mio, Dios Todopode­roso y Eterno, cuan terrible es el mundo! ¡Mira como su boca se abre para tragarme y cuan pequeña es mi fe en ti...! ¡Oh la debilidad de la carne y el poder de Satanás!, si tengo que depender de la fortaleza este mundo, todo ha termi­nado… ¡Oh Dios, ayudame contra toda la sabiduría de este mundo… porque la obra no es mía sino tuya… Yo no tengo nada que hacer aquí…! No tengo nada por los cual contender con estos gran­des hombres del mundo! Yo gustosamente pasaría mis días en felicidad y paz, pero la causa es Tuya… ¡Y es justa y eterna, oh, Señor! ¡Ayudame oh Inmutable y fiel Dios! No me apoyo en el hombre, ¡eso sería en vano! Todo lo que es del hombre se tambalea. Todo lo que procede del hom­bre ha de fallar… Me haz ele­gido para esta labor ¡yo lo sé! Por lo tanto, oh, Dios cumple tu voluntad y no me abando­nes por amor a tu amado Hijo Jesucristo, mi defensa, mi escudo y mi fortaleza… Heme aquí para dar mi vida por Tu verdad… Mi alma te pertenece y permanecerá contigo para siempre. ¡Amen! ¡Oh, Dios, envia tu ayuda, Amen!

Al día siguiente entró de vuelta al salón donde se estaba oficializando la Dieta y cuando volvieron a pedirle que se retractara y dijera “revoco” pronuncio sus famo­sas palabras que fueron un lema de la Reforma Protes­tante: “Ya que me han pedido que responda sin tapujos, lo haré. A no ser que sea con­vencido por la Escritura o por razón evidente, mi con­ciencia esta cautiva por la Palabra de Dios. No puedo ni voy a retractarme de nada, pues actuar en contra de la conciencia no es ni justo ni seguro. Aquí estoy, no puedo hacer otra cosa. Que Dios me ayude. Amen”.

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Acá se concreto el punto de inflexión de la Reforma, las cartas estaban echadas, no había vuelta atrás.

Cuando Lutero iba saliendo del salón en medio de gritos de ira y confusión fue secues­trado falsamente y llevado al castillo de Wartburg que estaba en lo profundo del bosque. Allí, trabajaría por un año traduciendo la Biblia del latín al alemán para que la Palabra de Dios y sus verda­des sean conocidas por todo el pueblo en su lenguaje común y maternal.

Para ese momento la popula­ridad de Lutero era inmensa en Alemania y entre los cam­pesinos además de gozar de la protección de hombres de poder de la Alemania Medie­val, todo esto impidió que no sea llevado a Roma y quemado en la hoguera, como lo hubiera hecho, el Papa Leon X.

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