- Dr. Juan Carlos Zárate Lázaro
- MBA
- Consultor financiero
- jzaratelazaro@gmail.com
Las tarjetas de créditos emitidas por entidades que operan dentro de nuestro sistema financiero (bancos, financieras y cooperativas de ahorro y crédito) se han convertido en los últimos años dentro de su portafolio de negocios en uno de los productos crediticios que aportan buenos niveles de rentabilidad.
De allí que cada vez con mayor frecuencia leemos y escuchamos por los diversos medios de comunicación estrategias de marketing en donde los usuarios tienen acceso a reintegros por las compras realizadas, además de descuentos especiales en negocios de diversa índole.
La cantidad cada vez más creciente de usuarios permite a estas entidades una importante fuente de ingresos en concepto de intereses cobrados, siendo hasta ahora nuestro país uno de los que menor tasa de interés cobra a los mismos, comparado con otros países de la región.
Se constituye en una herramienta valiosa que nos permite poder hacer compras a créditos en diversos comercios en función a los límites que nos asignan, con la facilidad de poder fraccionarlos en cuotas en función a nuestra capacidad de repago, utilizándolos también cuando estamos fuera del país, evitando tener con nosotros dinero en efectivo.
Uno de los principales problemas que se suscita es que muchos usuarios, a sus vencimientos siguen abonando solo el monto mínimo, lo cual hace que quede siempre un saldo pendiente que va generando intereses, por lo que lo recomendable sería poder hacer el esfuerzo por realizar cada mes una amortización superior al monto mínimo, con lo cual los costos financieros se reducen y nos quedan de nuevo márgenes como para poder hacer uso para la concesión de nuevas compras.
Es de relevante importancia respetar las fechas de vencimiento, pues pasarlas por alto suele resultar oneroso para el usuario, dado que los intereses cobrados por mora se calculan como si el cliente estuviese en sobregiro en su cuenta corriente, pudiéndose evitar a través de una buena educación financiera y correcto uso de los plásticos.
Su incorrecto uso hace que podamos caer en problemas financieros, aumentando el nivel de estrés, mermando a su vez la capacidad de ahorro, impactando en nuestra calidad de vida.
Cuántas veces nos ocurre que sentimos el impulso de querer adquirir algo, pero al no disponer de dinero encima lo pasamos por alto y luego nos damos cuenta de que en realidad no precisábamos de dicho producto.
En contrapartida, para muchos tener la tarjeta de crédito a mano hace que se elimine el tiempo prudencial que debe transcurrir entre el nacimiento de un deseo y su materialización, permitiéndonos un cierto grado de autorreflexión antes de concretar cualquier gasto que pudiera alejarse de lo cotidiano.
Aunque parezca mentira, una deuda con tarjeta de crédito podría demorar años en pagarse por completo si siempre optamos por el pago del mínimo mensual en lugar de saldar el monto global cuando nos llega cada mes el resumen.
Abonar el pago mínimo es una solución de corto plazo para un problema a largo plazo, que se relaciona con el hábito de gastar dinero que no tenemos, sin pensar en cómo lo vamos a conseguir después.
Además de las tarjetas de crédito tradicionales existen otros plásticos ya sea para el supermercado, tiendas de electrodomésticos, shopping, etc., que hace que dentro de un grupo familiar conformado por los cónyuges e hijos podrían tener varios plásticos, accediendo a un límite crediticio que en su conjunto sería mucho más de lo que en la práctica podrían afrontarlo mes a mes.
El incorrecto uso de los plásticos genera una falsa sensación de mejora en la calidad de vida inmediata, producto de las compras y gastos que podemos realizar sin tener que esperar a disponer dinero en efectivo.
Si sentís que tu poder adquisitivo mejoró a partir del acceso a las tarjetas de crédito, entonces es momento de hacer una pausa y analizar a fondo los gastos realizados y la manera de afrontarlos.
Si por el contrario, al hacerlo te encontrás con la desagradable sorpresa de que los compromisos financieros asumidos son mucho mayores de lo que pensabas, tal vez deberías contemplar la posibilidad de dar de baja aunque sea una parte de los plásticos.