- Por Arturo Peña Villaalta
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Este año recordamos el centenario de la guarania, la gran creación musical del maestro José Asunción Flores, quien en 1925 le dio vida a “Jejuí”. Posteriormente nacerían “India”, “Mburicaó”, “Panambí verá”, “Nde rendápe aju” y otras prodigiosas obras.
Pero la guarania que podríamos considerar la carta de presentación del Paraguay en el mundo iba a aparecer recién más de dos décadas después: “Recuerdos de Ypacaraí”.
Su creador, Demetrio Ortiz, cuenta en sus memorias que estando en San Bernardino para unas actuaciones, una tarde caminando en las cercanías del lago se cruzó con una bella joven a la que saludo amablemente y ante la respuesta de ella entablaron una amena charla. Demetrio había quedado impactado por la dama, quien le comentó que lo había visto cantar la noche anterior. “Ella también amaba la música y el canto y allí nomás me lo demostró cuando se puso a entonar, con una dulce voz, viejas y típicas canciones en guaraní”, recordaba el artista.
Tras culminar sus actuaciones, el artista prometió a la joven que iba a retornar pronto a San Bernardino a verla. Sin embargo, el reencuentro iba a ser truncado por la trágica guerra civil de 1947. Demetrio emigró a Buenos Aires y una noche, en la soledad de su cuarto y recordando a la joven de San Bernardino, allá por 1948, tomó su guitarra y comenzó a darle vida a “Recuerdos de Ypacaraí”.
“Una noche tibia nos conocimos, junto al lago azul de Ypacaraí”, rezan los primeros versos de la afamada canción. No hay datos de mediados del siglo pasado que revelen la situación en que se encontraban entonces las aguas del lago, pero podríamos deducir que no tenía el nivel de contaminación actual y que Demetrio probablemente conoció un lago, aunque no precisamente azul, mucho mas limpio que en su estado actual.
El fuerte proceso de urbanización e industrialización en ciudades que circundan el área el lago, como Ypacaraí, Areguá, Itauguá o San Bernardino, en especial desde la década de los 80, comenzó a tener su impacto en la calidad del agua. El vertido de desechos domiciliarios e industriales por años y años, sin ningún tratamiento previo, generó un daño ecológico enorme. Estos efluentes generaron incluso la proliferación de algas tóxicas que no solo impiden el uso recreativo, sino también afectan a la fauna y flora del lugar.
La situación del lago es crítica desde hace ya tiempo y hasta hoy no se vieron proyectos o esfuerzos efectivos para su recuperación, a pesar de que ya se ha invertido bastante dinero. En nombre del lago se hicieron muchas barbaridades. Me viene a la memoria un antiguo secretario de Turismo que se encargaba de traer delegaciones de jubilados desde Europa que venían al país para “salvar el lago”.
En marzo pasado, el Gobierno firmó un contrato de crédito por USD 154 millones con el Banco Interamericano de Desarrollo. Según el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones el fondo será destinado a la primera fase de un Plan Integral de Saneamiento de la Cuenca del Lago Ypacaraí, “para mejorar las condiciones ambientales y garantizar su sostenibilidad a largo plazo”.
“El lago Ypacaraí volverá a ser ese lago azul con el que todos soñamos y que es patrimonio de todos los paraguayos y parte de nuestra identidad”, dijo la ministra de Obras Públicas, Claudia Centurión, en ocasión de la firma del contrato.
Cualquier proceso de recuperación de este invaluable recurso natural sin duda llevará su tiempo, más aun si se busca abarcar seriamente todos los problemas de fondo que atañen a la seria crisis ecológica que lo afecta. Pero si no se toman acciones urgentes, quizás llegue un punto en que el daño sea irreversible.
Ojalá este plan sea finalmente el inicio de una campaña real de salvataje del emblemático lago Ypacaraí. Ojalá alguna vez volvamos a ver aquel lago que vio Demetrio, ese paisaje sublime que lo inspiró a componer una de las guaranias más bellas y representativas del Paraguay.

