- Víctor Pavón (*)
Hace trece años que la estancia Pindó de 6.500 hectáreas con una reserva boscosa de 2.787 hectáreas en el departamento de Canindeyú está siendo ocupada por invasores. Desde entonces, los criminales convirtieron el próspero establecimiento agro granadero en una “zona liberada”, expresión del tercer mundismo donde impera el socialismo agrario.
Del rubro de la cría, venta de ganado, soja y otros, en este momento crece el matorral en vez de la producción. Ya no quedan árboles de especies en categoría de reservas forestales. Tres mil hectáreas de bosques fueron arrasados.
En la estancia Pindó sus propietarios invirtieron e hicieron del predio un lugar pujante de bosques nativos, gente laboriosa y un futuro promisorio para las familias y sus alrededores. Hoy está destruido. Es solo un recuerdo. Es el triunfo de la violencia sobre la justicia y el esfuerzo.
La propiedad es una zona liberada o lo que es lo mismo, territorio de extorsión y criminalidad. Un aguantadero de delincuentes que encuentran en la “nueva comunidad” lugar donde esconderse. Nadie les estorba.
No sirve el costoso aparato estatal pagado por los ciudadanos. La consigna izquierdista azuzada por políticos de esa línea de pensamiento como los senadores de aquel entonces, Ritcher, Pereira, Santacruz y otros, lograron su objetivo: Apropiarse del esfuerzo ajeno.
Los usurpadores cuentan con licencia para cometer cualquier atrocidad. Los ocupantes son criminales quienes en complicidad con el mismo Estado, gobiernan según sus propias “leyes”.
En el presente, octubre de 2025, las autoridades tienen la orden no solo de desalojo sino de expulsión de los maleantes que, con el correr de los años, alegaron títulos y dominio sobre el lugar. Pero todo fue rechazado en los tribunales dando lugar a los legítimos derechos de los propietarios.
Aquí no hay escusas. Se debe ejecutar la orden de expulsión. Pero a las más altas autoridades nacionales no les interesa. Tienen miedo. Son cómplices de una invasión azuzada por ideas colectivistas. Luego de la plena instalación del socialismo agrario que aborrece la propiedad privada, pronto se dio lugar al rollo narco tráfico.
Todo esto tiene un germen intelectual que luego se hace práctica. Es el socialismo agrario que odia la propiedad privada, el mérito por el trabajo, atrasa el desarrollo, destruye los recursos naturales y todavía más: Que la Constitución es letra muerta mientras no exista convicción por la libertad y la propiedad y no solo de palabras: Es imperativo el coraje de ponerla en práctica.
(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

