• Jorge Torres Romero

En política, las metáforas no son casuales. Cuando el abogado Ricardo Preda comparó las denuncias sobre supuestos sobres con dinero hallados en la residencia presidencial con un “unicornio engrillado”, no solo descartó la veracidad de la versión: la ridiculizó.

“Si alguien dice que tengo un unicornio engrillado, no voy a salir a explicar algo que no existe”, dijo, en alusión a las publicaciones que hablaban de presuntos fajos de billetes encontrados en Mburuvicha Róga. La frase, pronunciada con serenidad técnica, se volvió símbolo inmediato del desencuentro entre la realidad y la imaginación provenientes de grupos mediáticos y políticos quienes se encuentran en un plan desestabilizador contra el Gobierno.

Preda, abogado del presidente Santiago Peña, buscó con esa imagen poner fin al debate. El unicornio engrillado, según su lógica, es la fantasía mediática convertida en verdad por la repetición. Una acusación sin pruebas, una historia mágica que, al circular en redes y pasillos, pretende parecer tangible.

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La metáfora expone más de lo que pretende instalar con la fábula de los sobres. Cuando la lógica y la verdad se ven obligadas a recurrir al absurdo para comprender la realidad, lo que aflora es la decadencia absoluta de un oficio tan noble como es el periodismo, hoy desvirtuado por rufianes, quienes están dispuestos a la mentira, la manipulación y el engaño únicamente para satisfacer sus egos y obedecer mandatos de quienes carecen de moral y han expoliado al Paraguay para amasar fortunas.

El unicornio, aunque inexistente, funciona como espejo: refleja la incredulidad de una ciudadanía que observa espantada la desaparición de la ética en el periodismo, cómo se desvanece el amor por la verdad y cómo se multiplican voces que repiten una mentira sin importarles la realidad.

La expresión de Preda tuvo efecto: distrajo, divirtió, relativizó, lo que a toda costa quisieron instalar. Son los mismos de siempre. Los mismos que se ponen la camiseta de la Albirroja para el show, pero operan para destruir al Paraguay, siempre y cuando no sean ellos los que gobiernen.

En nuestro país, donde prácticamente los hechos son inverificables, las metáforas tienen más peso, porque nunca han mostrado documentos reales que avalen la narrativa, sino solo la ficción y la especulación.

En el fondo, todos sabemos que el unicornio engrillado no existe. Lo que sí existen son los oportunistas, los manipuladores, los laberintos oscuros de los intereses mediáticos, las cadenas de complicidades que mantienen a la verdad –esa criatura frágil y luminosa– bien sujeta.

Y mientras el debate gira en torno al animal fantástico, la pregunta esencial sigue sin respuesta: si no hay unicornio, ¿quién sigue creyendo en los creadores de este tipo de fábulas?, aunque no se sorprendan que una mañana cualquiera el país despierte con la portada del diario Abc Color de que alguien había visto un unicornio engrillado paseando por los pasillos del poder. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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