• Jorge Torres Romero

La movilización prevista para hoy no es otra cosa que la ratificación de que en Paraguay vivimos en una democracia plena, muy por el contrario de lo que pretenden instalar los odiadores del Paraguay.

Si partimos de la espontaneidad de los jóvenes para hacer sentir su voz de reclamo a los gobernantes, es una genuina expresión, natural de la juventud inquieta y revolucionaria. Si esta expresión estaba ausente, sí constituiría una razón de preocupación.

Los gobiernos deben sentir la vigilia y la presión ciudadana para impedir el descontrol que seduce el poder y trabajar incansablemente en responder a los reclamos urgentes de un país, sobre todo, dando señales claras de que ciertos vicios que debilitan nuestro sistema se vayan desterrando.

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La estabilidad económica y política de nuestro país es reconocida y valorada a nivel internacional. Esta estabilidad no la debemos perder, porque convengamos que existen sectores políticos y mediáticos que todos los días quieren destruir lo que hemos conquistado.

Son aquellos sectores políticos los incapaces de seducir al electorado con propuestas y proyectos convincentes que les permitan ganar elecciones y conquistar el poder. Así como los sectores mediáticos, que son fuerzas económicas que durante años han vivido del Estado y marcado la agenda política. Ese poder lo han perdido y por ello quieren liquidar todo con la idea de que pueden recuperarlo.

Los jóvenes no deben comprar los discursos oportunistas de los políticos incapaces, tampoco tomar como cierta la narrativa mentirosa de la prensa mercenaria.

Deben construir su propia agenda, sus propios reclamos, basados en hechos concretos, de carencias aún postergadas. La “nepalización” de una movilización sería la destrucción del Paraguay. Nosotros no somos ese país manejado por dictaduras comunistas, que empobreció a dicho país y socavó las libertades.

En Paraguay defendamos nuestro sistema democrático que está más vivo que nunca y evitemos a los oportunistas que buscan atajos para llegar al poder. Nuestra historia reciente nos demostró que los atajos no funcionan (marzo 1999) y (junio 2012). Ojalá los jóvenes nos den una cátedra de civismo y que los pescadores de río revuelto aprendan a diseñar estrategias convincentes para mover al electorado. Con shows mediáticos y discursos apocalípticos ya no mueven a nadie. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.

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