El mundo ha cambiado de eje. Si durante décadas el Atlántico marcó el compás de la economía, la política y la seguridad internacional, hoy ese papel lo ocupa el Asia-Pacífico. La región se ha consolidado como el verdadero corazón del mundo global del siglo XXI, donde se cruzan las grandes rutas del comercio, los intereses estratégicos de las potencias y una riqueza cultural que trasciende fronteras.

UN MOTOR ECONÓMICO IMPARABLE

El Asia-Pacífico concentra más del 60 % del PIB mundial y es el epicentro de la innova­ción tecnológica. Desde Tokio y Seúl hasta Shanghái, Taipéi, Singapur y Bangalore, allí se define el futuro de la inteligencia artifi­cial, la energía renovable, los semicoducto­res y las nuevas cadenas de suministro. Las decisiones que se toman en esas capitales repercuten de inmediato en los mercados globales, afectando a economías grandes y pequeñas por igual.

GEOPOLÍTICA EN TENSIÓN

Pero la prosperidad no borra los riesgos. El mar de China meridional, Taiwán o el mar de China oriental son territorios donde se superponen intereses militares y económi­cos de alcance mundial. Estados Unidos, China, Japón, India y otras potencias saben que el equilibrio de fuerzas en el Indo-Pa­cífico no es solo una cuestión regional: es el tablero donde se juega el orden internacio­nal del futuro.

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

CULTURA Y SOCIEDAD: UN MOSAICO GLOBAL

La importancia del Asia-Pacífico no se limita a cifras ni a despliegues militares. Se trata también de un espacio de diversidad cultu­ral y social. Sus tradiciones milenarias, com­binadas con un dinamismo moderno, pro­yectan influencia en todos los rincones del planeta. La expansión de la gastronomía, el cine, la filosofía y la espiritualidad asiáticas es prueba de que la región también ejerce un poder blando que moldea la cultura global.

EL MENSAJE DEL SIGLO XXI

Ignorar la centralidad del Asia-Pacífico es un error estratégico para cualquier nación. Los acuerdos comerciales, las alianzas polí­ticas y los foros multilaterales que nacen en la región están redefiniendo las reglas del juego. El siglo XXI será, inevitablemente, el siglo del Asia-Pacífico.

Queda a cada país decidir si observa ese pro­ceso desde la periferia o si se inserta activa­mente en él, comprendiendo que lo que ocu­rre entre el Índico y el Pacífico determinará nuestro futuro común.

Por de pronto, Paraguay ya es considerado socio estratégico del Japón, las relaciones con India van de buenas a excelentes, de Taiwán ni hablemos, porque somos más que aliados y con Corea del Sur nos une un vín­culo que lleva décadas.

Los ejes geopolíticos rotan, se demoran en hacerlo, pero rotan. El Oriente Medio tam­bién hoy participa en este juego de influen­cias, todos tendrán su tiempo… incluso Lati­noamérica en algún momento.