- Por Juan Carlos Dos Santos G.
- Columnista
- juancarlos.dossantos@nacionmedia.com
El mundo ha cambiado de eje. Si durante décadas el Atlántico marcó el compás de la economía, la política y la seguridad internacional, hoy ese papel lo ocupa el Asia-Pacífico. La región se ha consolidado como el verdadero corazón del mundo global del siglo XXI, donde se cruzan las grandes rutas del comercio, los intereses estratégicos de las potencias y una riqueza cultural que trasciende fronteras.
UN MOTOR ECONÓMICO IMPARABLE
El Asia-Pacífico concentra más del 60 % del PIB mundial y es el epicentro de la innovación tecnológica. Desde Tokio y Seúl hasta Shanghái, Taipéi, Singapur y Bangalore, allí se define el futuro de la inteligencia artificial, la energía renovable, los semicoductores y las nuevas cadenas de suministro. Las decisiones que se toman en esas capitales repercuten de inmediato en los mercados globales, afectando a economías grandes y pequeñas por igual.
GEOPOLÍTICA EN TENSIÓN
Pero la prosperidad no borra los riesgos. El mar de China meridional, Taiwán o el mar de China oriental son territorios donde se superponen intereses militares y económicos de alcance mundial. Estados Unidos, China, Japón, India y otras potencias saben que el equilibrio de fuerzas en el Indo-Pacífico no es solo una cuestión regional: es el tablero donde se juega el orden internacional del futuro.
CULTURA Y SOCIEDAD: UN MOSAICO GLOBAL
La importancia del Asia-Pacífico no se limita a cifras ni a despliegues militares. Se trata también de un espacio de diversidad cultural y social. Sus tradiciones milenarias, combinadas con un dinamismo moderno, proyectan influencia en todos los rincones del planeta. La expansión de la gastronomía, el cine, la filosofía y la espiritualidad asiáticas es prueba de que la región también ejerce un poder blando que moldea la cultura global.
EL MENSAJE DEL SIGLO XXI
Ignorar la centralidad del Asia-Pacífico es un error estratégico para cualquier nación. Los acuerdos comerciales, las alianzas políticas y los foros multilaterales que nacen en la región están redefiniendo las reglas del juego. El siglo XXI será, inevitablemente, el siglo del Asia-Pacífico.
Queda a cada país decidir si observa ese proceso desde la periferia o si se inserta activamente en él, comprendiendo que lo que ocurre entre el Índico y el Pacífico determinará nuestro futuro común.
Por de pronto, Paraguay ya es considerado socio estratégico del Japón, las relaciones con India van de buenas a excelentes, de Taiwán ni hablemos, porque somos más que aliados y con Corea del Sur nos une un vínculo que lleva décadas.
Los ejes geopolíticos rotan, se demoran en hacerlo, pero rotan. El Oriente Medio también hoy participa en este juego de influencias, todos tendrán su tiempo… incluso Latinoamérica en algún momento.

