• Por Víctor Pavón (*)

Los individuos en la sociedad requieren de la cooperación de la libertad bajo el régimen de la propiedad privada para sobrevivir y mejorar sus condiciones de vida. Es creatividad, esfuerzo y disciplina. Nada es gratis. La producción de bienes y servicios ocurre cuando los empresarios y capitalistas hacen uso de su riqueza e invierten, consiguiendo sus objetivos de ganancias solo si sirven a los consumidores. Esto es el capitalismo liberal.

Las más de las veces, sin embargo, tal situación no es tomada en cuenta ni valorada. Se escucha decir que la economía crece debido a que la gente compra más que antes aumentando el consumo. Se coloca al consumo antes que a la producción.

Se ignora que la producción y no el consumo es la fuente de la riqueza. Esto es, no hay consumo si no existe ahorro, inversión y producción. Por supuesto que el consumo es importante. En ningún modo descarto su importancia. De hecho, todos somos consumidores.

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Pero cuando el consumo y el gasto son sobrevalorados por sobre la producción, se hacen a un lado no solo a las verdaderas causas que hacen al crecimiento de una economía, sino también se relega –hasta al olvido– la labor trascendental que tienen los creadores de riqueza llevada a cabo por la función empresarial.

Al desconsiderarse la importancia de la función empresarial, aparecen los sustitutos de la coerción. Entran en escena los políticos y burócratas. Estos disponen por sí y para sí mismos de multimillonarias sumas de dinero con medidas de estímulo desde el Estado dando como resultado inflación monetaria, déficits, deudas y mal uso de los impuestos.

La obtención de más bienes y servicios se logran mediante la conjugación armoniosa del capital y el trabajo. Es por ello que la clave –no hay otra– para mejorar los ingresos y crear puestos de trabajo no está en el consumo. Los tres elementos del crecimiento económico están en el ahorro, la inversión y la producción. Desde luego, agrego la seguridad. Si no se garantizan la vida, la libertad y la propiedad, no habrá ni producción ni consumo suficiente.

Menciono a la seguridad porque una economía vigorosa requiere inexcusablemente de la misma. Si alguien desea ahorrar para luego invertir, debe contar con la expectativa cierta de que su inversión tendrá la rentabilidad esperada para el retorno con creces del capital para nuevas inversiones, mejoras y empleos.

La seguridad, por cierto, no solo guarda relación con lo que atañe a la delincuencia, sino también se refiere a los ocupantes del poder estatal de modo a que minimicen su voraz apetito de alzarse con el dinero de las personas, familias y empresas, dejando que el capitalismo liberal haga lo que sabe hacer: fomentar el ahorro, la inversión y la producción para más empleos y mejores salarios.

(*) Presidente del Centro de Estudios Sociales (CES). Miembro del Foro de Madrid. Miembro del Consejo Internacional de la Fundación Faro. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”: “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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