• Alex Noguera
  • Columnista
  • alex.noguera@nacionmedia.com

Hágase la luz” es una frase breve pero contundente que encierra profundos significados para el que quiera entender. Puede referirse a lo más básico, desde la aparición de la luz, que contrasta con la oscuridad de la noche, o también al entendimiento, es decir, darse cuenta de algo de lo que una persona no se percataba y de pronto “ve la luz” o hasta existe la posibilidad de dejar de sentir miedo por alguna razón gracias al haber visto a un “monstruo” que no existe.

Para muchos, con “hágase la luz” también surge la capacidad de los seres humanos de imprimir ideas ya sea en piedras, tablillas o en cuero, con la aparición de la escritura, la cuneiforme de los sume rios o la de los jeroglíficos en Egipto, que marcan de forma definitiva el despegue de la civilización.

Y es que, hasta entonces, todas las historias, aunque ricas, se transmitían de manera oral por lo que, con el tiempo, indefectiblemente se perdían para siempre, incluso a pesar de practicar la escritura.

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Es el caso del fabulista y narrador cono cido como Esopo, un genial griego que hacia el siglo VII a. C. plasmó una serie de situaciones que hasta hoy dejan lecciones de aprendizaje.

Una de estas fábulas a las que se le atribuye es la del “Pastorcito mentiroso” o “El pastor y el lobo”, una historia en la que un pastor aburrido pide socorro a los aldeanos porque un lobo ataca al rebaño, pero resulta que solo es una broma y el pastorcito se burla de la ingenuidad de los pueblerinos. Al poco tiempo, la broma se repite y nuevamente corren para ayudarlo, pero se dan cuenta de que una vez más cayeron en la mentira.

Sin embargo, más tarde, cuando el lobo realmente se hace presente y ataca a las ovejas, el pastorcito pierde todo su rebaño porque todos pensaron que era otra mentira más.

El lapso del primer cuarto del siglo XXI deja atrás muchas nuevas situaciones antes impensadas. Hoy, el pastorcito ya no sale a los verdes prados a cuidar de sus ovejas, sino que se encierra en su habitación a jugar “en línea” durante toda la madrugada. No cuida ovejas, sino que junta “likes”, atesora nuevas aplicaciones y se vanagloria cuando aparece la más reciente versión de su smartphone último modelo, como si él fuera el creador de esa tecnología y no el consumidor final.

Y cuando lo llaman para almorzar, el pastorcito está ocupado buscando el mejor ángulo para una selfi, por eso murmura una protesta de malhumor, y prefiere abrir una lata de alguna bebida, “picar” unos snacks u ordenar comida chatarra, sobrealimentando su cuerpo, lejos del sol y de los ejercicios.

El pastorcito miente, pero no dos veces como en el cuento, ni tampoco a los que viven en la aldea, sino a él mismo. No trabaja, no estudia, no se esfuerza, deja pasar la vida sin darse cuenta de que desperdicia lo más importante que tiene: el tiempo.

El pastorcito se acuesta cuando se per cata de que comienza a clarear y duerme en el ocaso. Como un vampiro, sale de su ataúd imaginario dispuesto a buscar más ocio y alimento, que no encuentra porque no produce. Y se queja de su suerte y maldice al mundo porque se siente relegado, insatisfecho, incomprendido.

Los aldeanos de antaño siguen trabajando, pero el pastorcito no, sus bromas ya no resultan graciosas. Todos sus amigos tienen autos, forman familia, se reúnen a celebrar cumpleaños y nacimientos, pero el pastorcito no sale de su cuarto. Vive encerrado, sin visión, sin oportunidad, cada vez con menos recursos.

Pobre pastorcito. Alguna vez nació, se creyó feliz, tuvo oportunidades, pero algo pasó. No sabe cómo llegó a este momento, no comprende cómo pudo caer tan bajo, pero encerrado en su oscuridad de entendimiento su vida se diluye sin poder ver la luz.

Tal vez siga cayendo más y más hasta tocar fondo, y así podría comenzar a cambiar, pero hay quienes tardan toda una vida en darse cuenta de su error. Otros no tienen ni esa suerte y mueren en la ignorancia.

“Hágase la luz” es el imperativo de que el pastorcito debe despertarse ya, ahora, antes de que sea más tarde. Y aunque en principio no tenga idea de cómo dar el primer paso, es necesario moverse y dejar de dormir. ¿Cómo hacer para que el pastorcito se despierte?

Etiquetas: #luz#oscuridad

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