Antes de que existieran los smartphones, las llamadas se hacían con un aparato que permanecía enchufado en alguna pared de la casa. Al principio, escuchar el riiiing era la entusiasta señal para que todos, desde el niño más pequeño hasta Batman y Robin, saltaran para ser los primeros en atender la llamada que recibían.

Incluso, curiosamente, hubo una época en la que las facturas telefónicas competían muy seriamente con el amor. Sí, era cuando los jóvenes enamorados se pasaban horas cuchicheando secretos mezclados con risitas o surgían promesas solemnes de futuros eternos, o cuando las chismosas de la cuadra actualizaban toda la información del barrio para que la comunidad estuviera al tanto de todo lo que ocurría por los alrededores.

Para unos fue Alexander Graham Bell, el inventor del teléfono, otros afirman que fue antes, con Antonio Meucci, cuando comenzó el bochinche, pero la única verdad histórica es que la patente quedó registrada el día 7 de marzo de 1876.

Cuentan que cuando sonaban las primeras llamadas, la gente no estaba muy segura de cómo debía contestar, así que fue justamente Graham Bell quien popularizó la palabra “Ajoy”, un término náutico que le pareció adecuado para llamar la atención.

Sin embargo, fue Edison el que impuso la expresión “Hola” para responder las llamadas. Claro, como todos tenían derecho a utilizar este nuevo y maravilloso invento, otros más refinados se apropiaron del “Aló”. Como fuera, esa época rápidamente quedó en el pasado y los celulares se convirtieron en sofisticados aparatos que hoy día hasta utilizan la inteligencia artificial.

La moda de aglutinar cámara fotográfica, filmadora, grabadora de voz, contestadora automática, calculadora matemática, registro de hora, pronóstico meteorológico, procesadores de texto y plantillas, redes sociales y videos quedó relegada en muchos casos a simples videojuegos para móviles que anestesian la mente de jóvenes y no tan jóvenes.

Para ser justos y mantener una visión objetiva, primero habría que nombrar las diferentes generaciones que plasmaron características propias, patrones de conducta únicas o influencias sociales o culturales a través del tiempo.

Antes de que sonara la primera llamada telefónica de la historia nadie tenía noción del concepto generacional, pero previo al año 1946 apareció la Generación Silenciosa, seguida por los Baby Boomers (1946-1964), Generación X (1965-1980), Millennials o Generación Y (1981-1996), Generación Z (1997-2012) y la Generación Alfa (2013/2011).

Los tiempos cambiaron, desde el novedoso “Ajoy” hasta la distópica realidad de hoy, que impone nuevas y raras conductas que tienen su explicación en la sociedad.

Las generaciones X o Y nada tienen de parecidas con la Z. Las conversaciones, charlas y risas abiertas, se tornaron en conductas caracterizadas con el miedo. Sí, aunque parezca una locura, antes para una persona –entre la década de los 70 a los años 90– las charlas eran fluidas, pero hoy la Generación Z tiene miedo de contestar el smartphone.

Los incluidos entre los años 1997 y 2012, los que reciben una llamada generalmente no la atienden. Y si descuelgan el teléfono, por norma nunca responden primero. Antes de decir “hola” como antiguamente era costumbre, la persona Z espera a quien recibe la llamada pronuncie la primera palabra. No es moda, es miedo.

Sucede que, debido a la gran cantidad de llamadas no deseadas que entran cada día, los jóvenes prefieren callar y no decir el tradicional “hola” ya que un “robocall” podría activar su sistema y contestar una llamada falsa automática.

Pero el problema no termina ahí. La Generación Z también es precavida puesto que al contestar con un “hola”, inmediatamente quedaría grabada su voz, lo que se podría utilizar para engañar maliciosamente a personas inescrupulosas o incluso sacar réditos a través de estafas.

Finalmente, la situación empeora cuando las grabaciones se convierten en conversaciones falsas mediante inteligencia artificial, puesto que una persona ya no es capaz de distinguir la voz amiga de una grabación editada. Por eso, la Generación Z opta por no contestar primero o si lo hace utiliza una palabra neutra. Y el protocolo agrega palabras clave para verificar si un familiar o amigo responde correctamente o cae en alguna peligrosa trampa.

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