- Por Marcelo Pedroza
- mpedroza20@hitmail.com
Su color ilumina el brillo del entorno que habita. Mirarla requiere lucidez, esa que permite darse cuenta que ante lo que se ve, se puede comprender lo que es. En ese instante no hay palabras, frases, mensajes o símbolos que puedan superar el poder del acto. Ha florecido, surge en ella una luz especial, quizá su nacimiento sea el supremo momento en donde la belleza se expresa en plenitud. Es una flor, cuya verdad está en su propia esencia.
“Al romper del día me senté en una vega, en animada conversación con la naturaleza, mientras el hombre dormía apaciblemente bajo los cobertores del sueño. Me tendí en la verde gama y me puse a reflexionar sobre estas preguntas: ¿Es la belleza la verdad? ¿Es la verdad la belleza?”, escribió Khalil Gibrán (1883-1931), poeta, pintor, novelista y ensayista libanés, en su obra “La voz del maestro”.
¡Ay del mundo sin ella!, ¿acaso podría serlo? Basta mirarla para quererla, púrpura oscuro y profundo, sin igual. Un suspiro deleita el ambiente, y los pinos vecinos festejan sin cesar. Su paso parece estacional aunque su belleza se encarga de hacerlo atemporal. Las raíces están ahí y siempre vuelven a dar sus frutos, representan el silencio del esfuerzo y la armonía del tiempo.
La belleza y la verdad, ¡cuánta unión por contar! Unos dirán que en ese encuentro reina la paz, otros que lo imposible no existe, dado que en esa combinación no hay límites que descifrar y mucho por vivir. De cualquier modo, lo concreto está ante los ojos que lo ven. ¿Cómo explicarlo de otra manera? Y la flor lo sabe. No necesita hablar. Su intensidad hace lo suyo, origina la satisfacción de entender que los sentidos vibran a la par, que ante la inmensidad: la flor es la flor, y eso es así. Su pertenencia excede a lo territorial, su dimensión abraza la misión de los ancestros de la especie. La belleza existe. Y siempre existió. Esa es la verdad que han transmitido y siguen haciéndolo. En su naturaleza reside la sabiduría de lo bello, verlo es un privilegio, sentirlo es indescriptible.
La belleza y la verdad… es desafiante asociarlas a lo cotidiano, a lo colectivo y a la propia vida. Entonces, cada uno puede preguntarse, ¿Dónde están?
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La verdad que se trata de no visibilizar sobre el grado de inversión
Cuando hace un año atrás nuestro país recibió por primera vez en su historia el grado de inversión (investment grade) por parte de la calificadora internacional Moody´s, debido al exitoso trabajo realizado desde hace tiempo y consolidado por el gobierno del presidente Santiago Peña mediante cambios que iban transformando la economía y a sus instituciones, no teníamos dudas que luego vendría otro examen a pasar.
Es lo que está por suceder. En esta ocasión, la calificadora Fitch Ratings anunció días atrás sobre la mejora de la perspectiva de nuestro país que pasó de estable a positiva: se está a un paso de lograr otro grado de inversión.
Como sabemos, las calificadoras de riesgos realizan un exhaustivo análisis de la capacidad crediticia de un emisor para cumplir con sus obligaciones de deudas y más que esto. Las calificadores de riesgo, entre las que se encuentran la Moody´s, la Standard & Poor´s y la Fitch Ratings, no solo toman en cuenta el contexto macroeconómico. Van más allá.
Es cierto que la estabilidad monetaria, la sostenibilidad fiscal son importantes por cuanto que se relacionan a la capacidad de pago en tiempo y forma, el nivel de deuda, las tasas de interés y de su sostenibilidad en el tiempo. Pero, –y he aquí lo importante– también se toman en cuenta elementos como el crecimiento económico, la estabilidad política y las reformas estructurales en el presente y en el futuro inmediato. ¿Es el Estado un facilitador de la iniciativa privada o un freno para la inversión a corto y largo plazo?
Como se notará, el arco de análisis y de resultados es mucho más amplio de lo que algunos creen. El ardid populista e ignorante de la “oposición” está enceguecida prefiriendo el daño antes que colaborar con críticas constructivas.
Lo que dicen las calificadoras de nivel internacional acerca de nuestro país se relaciona con la economía de la gente. De hecho, la economía no puede ser analizada sin ese contexto, caso contrario no sería economía, sería en todo caso un discurso para mal informar y crear descontento. El hecho cierto de encontrarnos a un solo paso de otro grado de inversión, primero por la Moody’s y próximamente y ojalá pronto por la Fitch Ratings, es un logro de beneficios para la gente. Así, cuando la Fitch Ratings anuncia que Paraguay se posiciona de estable a positiva, lo que se está diciendo es que como país –conformada por sus habitantes– estamos siendo considerados a escala global.
Es contar con un distintivo que pocos tienen, esto es; finanzas sanas, crecimiento del producto interno bruto, aumento de las inversiones, fortaleza de nuestra moneda el guaraní, empleos en varios sectores productivos, reducción del déficit fiscal, programas de reformas ( como las diez leyes presentadas por el Ejecutivo al Congreso y aprobadas) etcétera.
Significa, igualmente, dos cuestiones. En primer lugar, que los análisis internacionales como los provenientes de las citadas calificadoras de riesgo, consideran que como país ofrecemos políticas no solo creíbles sino también sostenibles en el tiempo. Y en segundo lugar, que Paraguay tiene un privilegio que no fue otorgado como regalo o dádiva; es un privilegio merecidamente ganado. Estamos en condiciones de decir a propios y extraños que aquí pueden venir a invertir e ir creando puestos de trabajo sin ser molestados por burocracias asfixiantes e impuestos confiscatorios como ocurre en otros partes.
Estas dos cuestiones afectan directa e indirectamente al sector privado. Una empresa paraguaya que decida crecer tendrá certidumbre del escenario político económico y conseguirá recursos accesibles a nivel de mercado interno como externo, dado que los requisitos de financiamiento (intereses, garantías y plazos) tomarán en cuenta desde el vamos la credibilidad del mismo gobierno.
Esto, finalmente, nos lleva a lo que se llama marca país, que todos desean y pocos logran. Y si bien la marca país implica estrategia de marketing y comunicación, también se trata de ganarse reputación, estima y consideración de otros por las acciones correctas porque se generan confianza, valor y credibilidad. Esto no es poca cosa como los agoreros del pasado consideran. Es mucho, y no solo por lo que significa para la población, sino porque lo hicimos los paraguayos. Esta es la verdad que se trata de esconder cuando vamos avanzando hacia otro grado de inversión.
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La verdad, aunque tarde en llegar, siempre prevalece
Aunque el tiempo pase, este no tiene la capacidad de borrar lo fundamental. Por más que se intente ocultar o negar, tarde o temprano la realidad termina imponiéndose. Por más que se entorpezca una y otra vez, aunque se silencie, aunque se monten embustes o se levanten barreras, la verdad tiene un peso propio. Como bien cantaba Serrat: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”. Su llegada es, en una palabra, inevitable, aunque a veces pueda demorar.
Una verdad que demoró casi tres años en imponerse está relacionada con el invento del abdismo y sus aliados de la oposición y los medios de las supuestas conexiones del presidente Horacio Cartes con el terrorismo, específicamente con la organización terrorista Hezbolá. Pero el viaje que realizó el exmandatario al Estado de Israel terminó sepultando la farsa que intentaron instalar. El líder colorado fue invitado especialmente por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para participar en la conferencia internacional sobre la lucha contra el antisemitismo, celebrada en Jerusalén, donde Cartes no solo asistió, sino que también fue uno de los oradores.
El simple hecho de que Cartes fuera invitado por la máxima autoridad de Israel –un país no cualquiera, sino uno de los principales aliados de Estados Unidos en el mundo– es elocuente en sí mismo. Este gesto demuestra cómo Israel trata a sus amigos y, al mismo tiempo, desmonta las calumnias lanzadas en su momento por el gobierno de Mario Abdo Benítez y sus aliados, quienes insinuaron vínculos entre Cartes y Hezbolá, organización hoy considerada terrorista por sus nexos con el régimen iraní.
La visita del expresidente echa por tierra esa farsa montada en 2022. Israel está en guerra con Hezbolá, que representa la frontera norte de sus operaciones militares. ¿Acaso una nación en conflicto con esta organización terrorista recibiría con honores, elogios y acceso a sus autoridades a alguien con la más mínima sospecha de conexiones con Hezbolá? La respuesta es obvia.
Desde su llegada a Medio Oriente, Cartes fue tratado como un invitado especial: en su visita al parlamento israelí (la Knesset), en el emotivo recorrido por las zonas del sur devastadas por la masacre de Hamás del 7 de octubre de 2023, o en la recepción ofrecida por el presidente israelí en su residencia. Todos estos actos dejan en claro que Horacio Cartes no es un expresidente más, sino un aliado y un amigo de Israel.
Este trato se reflejó en cada encuentro: en el Parlamento, en las reuniones con autoridades, en las recepciones oficiales e, incluso, en el cálido y fraterno abrazo de ayer entre Netanyahu y Cartes durante la conferencia en Jerusalén. Netanyahu no abrazaría a un enemigo de Israel. Ese gesto selló una amistad de años y contribuyó a derribar la infamia que se intentó instalar sobre estos supuestos vínculos con el terrorismo.
En este viaje –el tercero de Cartes a Medio Oriente–, Israel dejó en evidencia que su visitante no era uno más, sino un aliado reconocido. Como expresó el ministro de la Diáspora, Amechai Chikli, quien acompañó al expresidente paraguayo en el recorrido por las zonas atacadas por Hamás, el expresidente no solo apoya la causa de Israel, sino que fortaleció las relaciones entre Paraguay y el Estado hebreo. De hecho, Chikli lo consideró “el padre fundador y pionero de las nuevas relaciones entre Israel y América Latina”.
No es para menos: durante su presidencia en 2018, Cartes fue uno de los tres mandatarios en el mundo –junto a Donald Trump (de Estados Unidos) y Jimmy Morales (de Guatemala)– que ordenó el traslado de la embajada paraguaya a Jerusalén, reconociendo así a esta ciudad como la capital “eterna e indivisible” de Israel.
Estos gestos no se olvidan en Israel, un pueblo que sabe agradecer a sus amigos y aliados.
Desde que dejó el poder en 2018, el expresidente ha sido objeto de innumerables ataques por parte del abdismo y sus aliados, todos con un objetivo común: minar su influencia política y socavar su poder económico. Para lograrlo, recurrieron a mentiras, información falsa y tergiversaciones, valiéndose incluso del aparato estatal (desde Seprelad hasta la Senac) para impulsar una persecución orquestada.
Hoy, nadie duda del verdadero propósito de esa campaña. Pero el tiempo pone las cosas en su lugar, y la verdad, aunque tarde, termina imponiéndose. El siniestro montaje construido por el abdismo, la oposición cómplice y cierto sector de la prensa comienza a desmoronarse, y la realidad emerge con absoluta claridad.
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La verdad, esa piedra incómoda en el teclado
- Por Aníbal Saucedo Rodas
Desde hace tiempo que a un gran sector del periodismo no le interesa la verdad, si ella se interpone en el trayecto de los objetivos de quienes ejercitan la profesión, pero sin profesar su credo. Se mutilan, alteran y distorsionan los hechos de manera que puedan concordar con sus propósitos, que suelen ser comerciales y/o políticos, y hasta inquinas personales. Los ideales han sucumbido ante proyectos espurios que contrastan radicalmente con su misión original.
Y para ello se adulteran o, sencillamente, se anulan los contextos, para que los destinatarios de los mensajes tengan una interpretación consecuente con las agendas mediáticas, dificultando intencionalmente una lectura veraz y apropiada de los acontecimientos. Desde datos ciertos se construyen narrativas que disparan contra el deber de lealtad con el público, al que se le ha retirado la fidelidad para concederla a bastardos intereses. Y la cuestión da para largo porque no existe debate académico ni autocrítica de las organizaciones gremiales sobre las permanentes agresiones a los códigos de ética, incluso los dictados por el sentido común, que norman esta actividad cotidiana de informar a la ciudadanía.
Mas, no debe menospreciarse, como se sigue haciendo cada vez con mayor fuerza, la capacidad de razonamiento de la sociedad. Ya en 1967, el intelectual y político argentino Arturo Jauretche anunciaba que “la gente, ahora, sabe leer los diarios porque lee lo que se dice, pero percibe lo que se calla, que suele ser mucho más, y comprende que no hay independencia porque el diario está escrito por hombres que tienen pasiones e intereses y, entonces, averigua a qué capilla pertenece cada uno, con lo que sabe que la verdad que lee es una verdad de hombre, relativizada, condicionada, y no el mito de la verdad absoluta que daban antes los grandes diarios de la capital y que hacía poner boca abajo a los lectores, como los musulmanes ante la voz del Muecín”. En un lúcido resumen, sentencia: “No existe libertad de prensa, tan solo una máscara de la libertad de empresa”.
Esto viene de años. No empezó con los chats del fallecido diputado Eulalio “Lalo” Gomes. Lo más cercano ocurrió en la Convención Nacional Constituyente de 1992, cuando se aprobó el artículo 29 “De la libertad de ejercicio del periodismo”: “El periodista columnista tiene derecho a publicar sus opiniones firmadas, sin censura, en el medio en el cual trabaja. La dirección podrá dejar a salvo su responsabilidad haciendo constar su disenso”. El diario Abc Color resaltaba en tapa y en letras negras: “La libertad de prensa está de luto”.
Este mismo diario, en 1999, desplegó la campaña más sucia que registra la historia del periodismo nacional, denigrando la memoria del asesinado vicepresidente de la República, Luis María Argaña, en su afán de exonerar a Lino César Oviedo (ya fallecido) del magnicidio. Pero, en esa época, tuvo enfrente a Última Hora (todavía bajo la dirección de Demetrio Rojas y antes de convertirse en el reflejo de su principal competidor) y Noticias el Diario, así como varios canales de televisión, defendiendo la democracia. Ante el inminente juicio político a Raúl Alberto Cubas Grau, a la sazón presidente de la República, se jugó sus últimas cartas: “El estronismo está en las puertas del Palacio de López”. Hacía alusión a Luis Ángel González Macchi, titular del Congreso y en la línea inmediata de sucesión. Años después, sin embargo, no tuvo ningún pudor en hacer proselitismo a favor de Mario Abdo Benítez, heredero nato y reivindicador rabioso de la sangrienta dictadura de Alfredo Stroessner.
¿Comieron sushi con Lalo algunos ministros del presidente Santiago Peña? Probablemente sí. Solo que, cuando eso, uno era director general de Itaipú durante el gobierno de Mario Abdo Benítez y el otro fiscal adjunto antidrogas. Quien mejor explica este proceso es el político y analista –quizás, el más claro y preciso– Camilo Soares: “Abc Color juega directamente a blanquearle a Mario Abdo Benítez”. En sus antípodas, su acérrimo adversario (de Soares), Mario Ferreiro, escribe en las redes sociales: “El comienzo del desglose del contenido completo del famoso celular de Lalo Gomes arrojó los primeros resultados, lo que en realidad ya todos suponíamos: el otrora hombre fuerte de Amambay, que ya tenía poder y preeminencia en el Norte antes de ser diputado, mantenía fluido contacto con el equipo de Marito, incluyendo al entonces presidente de la República”. Una vez que Arnoldo Wiens perdió las elecciones, prosigue: “No hizo sino rotar los ejes hasta alinear rápidamente al nuevo esquema la misma estructura que ya venía ‘trabajando’ con el gobierno anterior”. Ahora con el agregado de que había ingresado a la Cámara de Diputados.
Jay Epstein, que algo sabe de esta profesión en su calidad de periodista de investigación y profesor de Ciencias Políticas de varias universidades (Harvard, MIT y California, entre otras), plantea el dilema de ser fiel “al mensajero, que puede tener intereses subterráneos o recomponer el mensaje mediante su propia versión de la historia (la del periodista), añadiendo, suprimiendo o alterando parte del material”. Esta tensión se “aliviaría algo si los periodistas abandonaran la pretensión de considerarse ellos mismos como los delimitadores de la verdad” y se convirtieran en “evaluadores inteligentes de la información, identificando claramente las circunstancias e intereses que están detrás de la misma”. Lo que, en interpretación del catedrático de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, José Luis Dader García, es como pedir peras al olmo, en la perspectiva de Epstein. Esas dos P –periodismo y política– tienen mucho en común, empezando por la oposición entre el deber ser y lo que realmente hacen. No somos ángeles. Buen provecho.
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La verdad dejó de ser importante
- Por Jorge Torres Romero
- Columnista
La frase es del famoso conductor y periodista argentino Mario Pergolini, quien durante un programa que tuvo amplia repercusión en las redes sociales, afirmó que según estudios realizados sobre el comportamiento de la audiencia y los medios de comunicación tradicionales, a más del 60 % de la gente “no le importa si la noticia que está leyendo es cierta” y añadió que la agencia Reuters acaba de publicar un informe en el que dice que cada vez se les da menos importancia a las noticias y lo más revelador es que, “no importa si es verdad o no, si reafirma lo que querés pensar. En definitiva, la verdad dejó de ser importante”.
Recuerdo que, hasta hace unos años, en las redacciones de los diarios se hablaba de tener cuidado y no comprar un “pescado podrido” en alusión a no divulgar una información que no fuese suficientemente contrastada y verificada antes. Era la esencia del periodismo hasta que en febrero de 2007 se llegó al colmo de publicar en las páginas del diario Abc que: “Una enorme curiyú mató y devoró a un ribereño frente a su esposa, sus tres hijos menores y dos peones”. La noticia obviamente causó revuelo hasta que se pudo comprobar que fue un invento, cuando el pescador apareció vivo y con buena salud en la sede de la Fiscalía, saludando sonriente ante las cámaras.
En referencia a esta anécdota, el colega Andrés Colmán publicó luego en su columna que “una curiyú devoró la credibilidad de los periodistas”, afirmando que era “la comprobación de cuán superficialmente manejamos a veces un bien público esencial, como es la información y el grave daño que podemos cometer por no hacer bien nuestra tarea”.
Lamentablemente, los periodistas del grupo AZ al parecer no aprendieron la lección y prueba de ello fue lo ocurrido con aquella información sobre el uso supuestamente irregular de un avión militar por parte de la Escuela de Paracaidismo Free Spirit en el que involucraron al hijo del expresidente Horacio Cartes. Todo con tal de golpear al líder del partido político del Gobierno y sobre todo, pretendiendo incidir en las grandes decisiones como siempre lo hicieron, sin importar a qué costo, con tal de favorecer sus propios intereses económicos.
Como decía Pergolini, cada vez les importa menos la verdad. Pero la gente no es tonta y ya sabe que no puede confiar en todo lo que se publica; prueba de ello fue el aplastante triunfo electoral que obtuvo la ANR en 2023; y, por si fuera poco, al cerrar este año, el presidente Santiago Peña mantiene una imagen positiva y ocupa el tercer puesto en el ranking de presidentes de Sudamérica según el estudio de CB Consultora Opinión Pública. Lo importante es que, pese a esta avalancha de mala onda que se quiere instalar desde los medios que perdieron el monopolio de la verdad, la ciudadanía mantiene una percepción positiva sobre la gestión del Ejecutivo. Puedo estar equivocado, pero es lo que pienso.