Después de toda esta semana intensa cómo no explotar de alegría con esta noticia. Cristo Resucitó. La vida venció a la muerte. Ni la muerte es más fuerte que Dios. La sepultura está vacía. María es toda alegría, no fue defraudada. Como también no será nadie de los que en él esperan.
La resurrección de Cristo es la comprobación de: que su proyecto de amor y de servicio era correcto, y que vale la pena asumirlo; que perdonar a los demás aun cuando nos clavan es lo mejor para no cargar pesos en el corazón; que dar la otra mejilla no significa ser el perdedor; que amar y ayudar hasta a los enemigos no es ser un chiflado; que el cielo es el mejor lugar para guardar nuestros tesoros; que no necesitamos pisar en nadie para poder crecer; que lavar los pies de los demás espontáneamente no es perder la dignidad; que acoger a los pecadores y a las prostitutas no me contamina; que no juzgar o condenar a nadie no me hace un despistado; y en fin que el mal aun siendo fuerte no vencerá; pues solamente Jesús venció al mundo, y aquellos que están con él podrán participar de su victoria.
¡Felices Pascuas! Que Cristo Resucitado sea la luz de tu vida.
Un fuerte abrazo, en el amor de Cristo que nos une.
El Señor te bendiga y te guarde, El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.
El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.
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Si Jesús resucitó, nosotros también resucitaremos
- Emilio Agüero Esgaib
- Pastor
La verdad de la resurrección es un hecho trasversal en todo el Nuevo Testamento.
Jesús dijo que resucitaría. En Mateo 16:21 dice claramente Jesús: “El Hijo del Hombre debe sufrir… ser muerto, y resucitar al tercer día”. Si él hubiese incumplido esta promesa, sería un mentiroso o un loco y no habría por qué creerle todas sus demás promesas.
Los apóstoles testificaron la resurrección. En Hechos 4:33; 1 Co 15:3-8; Hechos 2:24-32; Hechos 10:40,41; Hechos 4:2 dice que los líderes religiosos estaban molestos de que los apóstoles predicasen la resurrección de Jesús de entre los muertos.
La primera predicación de Pedro en el libro de Hechos a los judíos habló de la resurrección (Hechos 2:32). La primera predicación de Pedro al mundo gentil (Cornelio) se basó en la resurrección (Hechos 10:40).
La predicación de Pablo luego de ver a Cristo resucitado se basó en su resurrección física de los muertos (Hechos 26:23).
Todo el libro de Hechos de los Apóstoles que cuenta la historia de la primera iglesia naciente y primitiva habla de la resurrección. Toda la teología y enseñanza de las epístolas o cartas apostólicas están fundamentadas en la resurrección.
Apocalipsis, el último libro de la Biblia, habla del Cristo resucitado (Ap. 1:5; capítulo 20).
Existen 104 versículos o porciones en todo el Nuevo Testamento que hablan de la resurrección y si se quitaran todos esos versículos, no habría un hilo conductor en toda la Biblia y el NT sería una ensalada de porciones que no tienen relación una con otra. No habría Nuevo Testamento, no habría Iglesia y finalmente no habría cristianismo sin la resurrección.
La resurrección corporal y física de Jesús es un hecho histórico, real, no simbólico, que ocurrió en un lugar, tiempo y condiciones totalmente documentadas en la Biblia. Habla de una crucifixión, de una muerte real, una tumba, el lugar donde estaba la tumba, el dueño de la tumba, la preparación del cuerpo muerto de Jesús, los guardias, el gobernador político y religioso de su época, Pilato, y el Sanedrín.
Los discípulos le abrazaron los pies (Mateo 29:9). Se le apareció a dos de ellos y durante un buen tiempo conversaron con él camino a Emaús (Lucas 24:15). Tomó pan y lo partió (Lucas 24:30). Comió un pedazo de pescado asado para demostrar que tenía un cuerpo físico frente a varios testigos escépticos.
María, cuando fue a la tumba y vio a Jesús, pensó que era el que cuidaba el huerto (Juan 20:15). Pidió a Tomás que meta sus dedos en sus manos y costado (Juan 20:20). Preparó desayuno para sus discípulos (Juan 21:12). El apóstol Pedro, primero temeroso y escéptico, dice en Hechos de los apóstoles 10:41 “comíamos y bebimos con él después de su resurrección”.
Jesús mismo dice en Lucas 24:39: “Miren mis manos y mis pies. ¡soy yo mismo! Tóquenme y vean; un espíritu no tiene carne ni huesos, como ven que los tengo yo”.
La confesión primaria para ser cristiano era confesar que se creía de corazón en la resurrección de Cristo (Ro 10:9).
Por último, el cristianismo cae o permanece de pie con base en la veracidad de esta doctrina (1 Co 15:3,4; 14;17;20).
Si Cristo resucitó, nosotros también resucitaremos (1 Corintios 15) le escribía Pablo a los corintios. No es que los corintios no creyeran que Jesús resucitó. Sin este requisito de fe no se podría ser cristiano y ellos lo eran (Ro 10:9).
Lo que muchos no creían o dudaban era que ellos, los cristianos, resucitarían (1 Co. 15:12) así como Jesús. Entonces, Pablo les envía esta enseñanza para que tengan una esperanza segura. Les dice que ya que Cristo resucitó, también los que murieron en esa fe y esperanza resucitarían (1 Co 15:20).
Tenemos una esperanza viva y real, por lo que no debemos desanimarnos. La vida no termina en la tumba. Tenemos una esperanza eterna.
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El juicio injusto de Jesús
- Emilio Agüero Esgaib
- Pastor
En el evangelio de Juan 18:12-14 y 19-24 nos dice que Jesús fue llevado a Anás, ex Sumo Sacerdote, suegro del actual que era Caifás, y fue llevado “amarrado” así como los corderos eran llevados amarrados a los sacerdotes para ser sacrificados por los pecados del pueblo. Esto es un cumplimiento de la tipología de Cristo, así como Isaac que fue amarrado por Abraham para ser sacrificado y él era un tipo de Cristo (Génesis 22).
Anás era el verdadero poder. Él odiaba a Cristo porque era un peligro para su poder, prestigio y dinero.
Jesús fue llevado a su casa, esto ya fue la primera injusticia, Él no tenía por qué ir a su casa particular ni tenía por qué ser juzgado por Anás que no era el Sumo Sacerdote en ejercicio.
¿Quién fue Anás? Él había sido sacerdote por unos cinco o seis años, pero hacía ya veinte que no lo era. Su yerno Caifás era ahora el Sumo Sacerdote.
Los sumos sacerdotes eran escogidos de por vida, pero estos cambiaban cada tanto ya que Roma los designaba y se volvió un cargo político con ropaje espiritual y religioso. Él era el jefe del clan sacerdotal y manejaba las relaciones con Roma y los recursos del Templo.
En Juan 2:13 vemos lo que Jesús había hecho en el Templo, echó las mesas y denunció la corrupción, esto afectaba directamente la reputación, influencia y negocios de Anás y Caifás, de ahí el odio y la enemistad hacia Jesús. Jesús era un verdadero problema para ellos no solo por afectar su status quo sino porque había una mente diabólica y criminal contra suya detrás de todo esto.
En Juan 18:19 Anás pregunta sobre sus discípulos y doctrina. Esto es el otro acto de injusticia, ¿por qué? Porque si una persona es traída a un juicio por la sospecha de algún crimen es interrogada en base al crimen en sí, no hace preguntas que no vienen al caso.
Lo que en realidad quería hacer es buscar algo de qué acusarle, que diga algo para ser usado en su contra ya que no tenían nada concreto contra él.
En Juan 18:20, 21, la respuesta de Jesús fue abrumadora. Podríamos parafrasearlo así: “No seas hipócrita, sabes muy bien todo lo que enseño. Abiertamente he hablado no como ustedes en oculto, conspirando contra mí.
Si tienes dudas de lo que enseño o de los que me siguen pregunta abiertamente a cualquiera ya que todos saben lo que enseño”. O sea: “si tienes una acusación preséntala y muéstrame tus pruebas o testigos de mis errores”. Anás se sintió avergonzado, y descubierto.
En el verso 18:22, cuando un oficial genuflexo de Anás que percibió su vergüenza golpea a Jesús y Jesús en el verso 23 le hace una pregunta, y esto aún crea más acusación a sus conciencias: “Si he hablado mal, testifica en qué está el mal; y si bien, ¿por qué me golpeas?”. Fue una pregunta llena de verdad y confrontación.
El guardia habrá pensado: “te pegué porque dejaste en evidencia a este corrupto e injusto que está buscando mentiras para condenarte, y como soy un cobarde consecuente te pegué para pasar este momento incómodo”. Esa era la verdad.
Anás no tenía más nada que hacer y manda a Jesús ante Caifás para deshacerse de Él y darle alguna apariencia de seriedad en el juicio.
Ahora vamos a Mateo 26:57 y vemos la segunda injusticia contra Jesús: la reunión ilegal e injusta, pero ya no en la casa particular de Anás sino en el Templo, en el Salón de Juicio, frente al concilio. ¿Por qué injusta? Porque un juicio se debería de dar durante la luz del día, en el Salón del Juicio en el Templo, frente a todo el pueblo para que todos participen y no en secreto, solo con el liderazgo religioso y en la madrugada cuando todos duermen. Además, durante toda esa semana de fiestas era prohibido ese tipo de reuniones.
El verso 26:59 dice claramente que “buscaban falso testimonio para mandar matarle”, a ellos no les interesaba la verdad ni la justicia sino sus intereses. Inventaron el crimen y pagaron a falsos testigos.
Ya habían sobornado al traidor Judas para entregarlo. Todo estaba plagado de conspiración injusta. Ellos no querían saber la verdad sino matar a Jesús.
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Siguiendo a Jesús
- Por Emilio Agüero Esgaib
- Pastor
En el evangelio de Lucas 9.57-62 vemos cómo se acercaron distintos tipos de personas diciendo a Jesús que querían seguirlo.
Todo cristiano está llamado a seguir a Jesús, su ejemplo, su visión y su renuncia.
En este pasaje vemos tres tipos de personas que querían seguir a Cristo con convicción. “Te seguiré a dondequiera que vayas”, dijeron. Es que no hay otra manera de seguir a Cristo; lo hacemos o no lo hacemos, no hay puntos medios.
La respuesta de Jesús denota algunas cosas: primero, el costo (verso 58). Sería un caminar de mucho trabajo que demandaría una renuncia grande, por lo grande de la visión y la entrega.
En segundo lugar, podemos denotar que su respuesta, aparentemente, obedece a que Jesús sabía o percibía que ellos realmente no entendían lo que implicaba su petición. Fue como una advertencia. No les dijo que no. Sencillamente, y sin manipulación alguna, les advirtió del esfuerzo que eso requeriría.
Otra cosa que veo es que Jesús quería que lo siguieran con la motivación correcta, no simplemente con decisiones emocionales o por necesidad de cubrir carencias. Les pedía que lo sigan por amor. Solo el amor hace que veamos la renuncia como un gozo, como un bien, como una bendición, sin egoísmo.
¿Qué padres no renuncian con gozo a sus bienes, placeres y privacidad por ver a sus hijos mejor? El gozo de servir a la persona amada es más grande que disfrutar de los placeres que son privados por servir a quien es depósito de nuestro amor.
Todo padre responsable sabe que renunció a mucho por amor a su hijo: a su tiempo, su dinero, su privacidad, su enfoque. Todo cambió; ya no es lo mismo que cuando estaba solo y podía vivir una vida centrada en sí mismo. Pero la renuncia que hizo por ver el bienestar de sus hijos es inmensamente mayor que cualquier otra cosa que hubiera logrado sin que ellos estuvieran presentes. La entrega es tal que, literalmente, daríamos nuestras vidas por ellos, y nuestras vidas sin ellos carecería hasta de sentido.
En el verso 59 fue Jesús quien invitó a uno a seguirlo, pero este ya puso una primera condición: “Deja que primero vaya y entierre a mi padre”.
Luego, en el verso 61, otro se pronuncia y pide a Jesús seguirlo, pero también con una condición: “Deja que me despida primero de los que están en mi casa”.
En ambos versículos Jesús les niega tácitamente su petición. Al primero le dice: “Deja que los muertos entierren a sus muertos” y al segundo le advierte con un ejemplo muy conocido en la sociedad que vivían, que “ninguno que tomando el arado (la visión, el llamado) mirare atrás es apto para el reino de los cielos”.
Con estas dos advertencias Jesús nos indicó que el deseo de seguirlo debe ser determinante, una decisión tajante, y la forma de hacerlo es meditar bien por un tiempo y luego decidirlo claramente. Eso Dios lo tomará y lo hará. Es una decisión única y valiente. Es decir: “Nunca más por este camino, ahora sigo a Cristo”.
Los tres candidatos a discípulos le llamaron “Señor” o dueño, amo, pero primero pusieron sus condiciones o sus intereses: enterrar a sus padres o despedirse de sus parientes. A primera vista parecería que no había nada de malo en sus condiciones; no está mal honrar a los padres o amar a los parientes, pero, en este contexto, el de seguir a Cristo, cualquier obstáculo o condición, por loable que parezca, pero que nos quite la prioridad de seguir a Cristo, se convierte en algo que nos distraerá del llamado.
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Conductor fallece tras violento impacto de piedra en plena ruta
Un trágico y poco común accidente cobró la vida de un joven conductor en la mañana del miércoles, luego de que una piedra, aparentemente desprendida de otro vehículo en circulación, atravesó el parabrisas de su camioneta e impactó violentamente contra su cabeza. El hecho ocurrió alrededor de las 07:10 sobre la ruta PY06, a la altura del kilómetro 35, en el distrito de Jesús, departamento de Itapúa.
La víctima fue identificada como José Alejandro Centurión Amarilla, de 27 años, quien se encontraba en horario laboral al mando de una camioneta Chevrolet S10 de color plata, identificada con el logotipo de una empresa. Según datos recabados por intervinientes, el joven circulaba con normalidad cuando se produjo el fatal episodio.
De acuerdo con las primeras averiguaciones, el accidente habría ocurrido en el momento en que la camioneta de la víctima se cruzó con otro vehículo —presumiblemente un camión o camioneta— que circulaba en sentido contrario y a gran velocidad. En esas circunstancias, una o más piedras habrían caído desde dicho rodado, siendo una de ellas la que impactó directamente contra el parabrisas.
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La piedra ingresó con gran fuerza al habitáculo, provocando una lesión letal en la cabeza del conductor, quien habría fallecido prácticamente de manera instantánea debido a la gravedad del impacto. Tras el hecho, la camioneta continuó su trayecto sin control y terminó en una cuneta al costado de la ruta.
Las autoridades presumen que el conductor del vehículo desde donde se habrían desprendido las piedras no se percató de lo ocurrido y continuó su marcha, por lo que hasta la tarde del miércoles se mantenían los trabajos para lograr su identificación.
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Agentes del Departamento de Criminalística acudieron al lugar y lograron incautar dos piedras como evidencia, una de mayor tamaño hallada en la cuneta y otra más pequeña dentro del habitáculo del vehículo. Tras los procedimientos de rigor, el cuerpo fue trasladado a la Morgue de Trinidad y posteriormente entregado a sus familiares.
El caso se encuentra en plena etapa de investigación, mientras las autoridades buscan esclarecer con precisión las circunstancias del hecho y dar con el responsable indirecto de esta fatal e inusual tragedia vial.