• Por el Dr. Miguel Ángel Velázquez
  • Dr. Mime

“Luke, soy tu padre”, citamos siempre que vemos la escena de Darth Vader y Luke Skywalker en la Estrella de la Muerte en la pelea final del Episodio VI... pero ¿qué pasaría si les digo que ese diálogo jamás se llevó a cabo? Búsquenlo tal cual y no lo van a encontrar. Igualmente, el “espejito, espejito” de Blancanieves jamás fue dicho. Ejemplos como este en películas o incluso en comerciales (el guión entre Coca y Cola de la marca o la “existencia” de un guión entre las palabras KitKat del chocolate que realmente nunca existió) son ejemplos donde damos por sentadas realidades que no son.

Eso se conoce como efecto Mandela.

Muchos piensan que lo que uno recuerda y olvida está basado en sus propias experiencias personales y es subjetivo. Pero estos fallos ocurren simultáneamente en múltiples personas. El nombre de “efecto Mandela” fue acuñado por la pseudocientífica y bloggera Fiona Broome, en 2009, para hablar de un recuerdo falso que tenía sobre el activista sudafricano Nelson Mandela por el que creía que murió en prisión, cuando la realidad es que fue liberado en 1990. Posteriormente llegaría a ser el presidente de Sudáfrica en 1994 y fallecería en 2013. El efecto Mandela, entonces, son falsos recuerdos que afectan a grandes cantidades de personas y nos demuestran en realidad cuán frágil es la memoria humana.

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¿Qué ocurre en realidad? Se trata de un falso recuerdo que es compartido por un gran número de personas. Y se relaciona con logotipos, imágenes, citas, creencias sobre figuras famosas… La lista es larga. Es algo intrigante que ocurre en nuestro cerebro, se trata de un fenómeno que provoca un falso recuerdo colectivo. Algo que en realidad nunca ha ocurrido o no se ha producido de la manera en que es recordado y que sin embargo permanece como una imagen vívida en nuestra memoria. Una discrepancia de nuestros recuerdos con la realidad que se genera porque nuestro cerebro personaliza y completa la información de lo que estamos percibiendo. Muchos piensan que lo que uno recuerda y olvida está basado en sus propias experiencias personales y es subjetivo. Pero estos fallos ocurren simultáneamente en múltiples personas. En psicología se sugiere que la memoria puede ser muy sugestionable y los falsos recuerdos pueden haber llegado a la mente ya modificados. Ya que la desinformación no es un fenómeno reciente, como tampoco lo es que las creencias populares ganen solo porque una mayoría las comparte. Además, muchos de esos recuerdos también pueden haber sido implantados de forma inconsciente, al tratar diariamente con otras personas. Incluso en la física cuántica se propone que este fenómeno se produce por conexiones esporádicas entre realidades paralelas, pero a mí no me toca hablar de eso, sí de neurociencias.

Cuando generamos un recuerdo, activamos una red de neuronas que transfieren una información concreta a distintas partes del cerebro encargadas de almacenarla. Debido a lo anterior, se especifica que un recuerdo no está basado en la experiencia, sino que en el proceso recién descrito, por lo que es posible crear recuerdos de hechos que en realidad pasaron. Yendo más allá, explican que la memoria humana es constructivista en su mayoría, o sea, utiliza conjeturas lógicas y experiencias propias para complementarse, aunque no existan en la realidad. Es en este punto en que puede producirse un efecto Mandela en los recuerdos, ya que el cerebro “rellena huecos”, donde no existe información. Es por eso que siempre me van a escuchar, sobre todo cuando hablo de neurociencias en el derecho, que los testimonios deben tomarse lo más rápidamente posible respecto a los hechos, ya que con el correr del tiempo la memoria “llena huecos” con elementos incorporados por ella misma que no son reales pero que la mente los tomará como tales. Es toda una revisión de la teoría de la verdad en derecho que alguna vez debe ser abordada desde las neurociencias.

Así que, a partir de ahora, sepan que no todo lo que creemos que es, lo es así. Puede ser un efecto Mandela donde nuestra memoria nos juega una mala pasada DE LA CABEZA. ¡Nos leemos el siguiente domingo!

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