En medio de la rápida evolución del panorama empresarial global, somos testigos del impacto abrumador de tendencias tecnológicas como la cultura basada en datos, big data, realidad virtual, industria 4.0 e inteligencia artificial. Estas olas de transformación digital han afectado a organizaciones de todos los tamaños y sectores, siendo casi imposible encontrar una entidad que permanezca inmune al avance de estas nuevas tecnologías. La magnitud de los cambios y la presencia omnipresente de la tecnología han llevado a la innovación a ocupar el lugar principal en la lista de prioridades de muchos líderes empresariales.

La migración hacia esta nueva era digital es una respuesta natural y comprensible a las demandas del mundo contemporáneo. Sin embargo, esta carrera hacia el futuro ha catalizado un efecto colateral que es frecuentemente pasado por alto. Existe un peligro real de que los líderes empresariales se sientan tan seducidos por las promesas encantadoras y las demandas urgentes de la innovación que olviden los fundamentos de la gestión: aquellos procesos rutinarios y simples que, aunque no tienen el atractivo de las últimas tendencias tecnológicas, son esenciales para la supervivencia y el éxito duradero de cualquier empresa.

Observamos, con creciente preocupación, una tendencia de líderes corporativos poniendo “el carro delante del caballo”. Intentan, a veces prematuramente, implementar sistemas avanzados y costosos sin primero establecer una metodología sencilla y efectiva de control de costes. Algunos buscan adoptar softwares predictivos sofisticados sin tener una comprensión clara del concepto y del impacto del ciclo de conversión de efectivo. Peor aún, algunos de estos intentos ocurren antes de que estos líderes conozcan sus propios márgenes y la discrepancia entre la capacidad de generación de efectivo y el estado de resultados de sus organizaciones.

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El arte de la gestión es un viaje continuo de aprendizaje, práctica y maduración. Comienza con nociones fundamentales, probadas y comprobadas a lo largo del tiempo, que están intrínsecamente vinculadas a la supervivencia y el éxito de cualquier negocio. Ignorar estos principios y relegarlos al segundo plano es una receta para el desastre. Estas leyes inmutables de la física de los negocios siempre deben ser el punto de partida. Es construyendo sobre esta roca sólida de principios reales de gestión que los empresarios pueden sentirse seguros para evolucionar y adoptar sistemas de gestión más avanzados que encajen armoniosamente en el contexto de su negocio.

El no seguir los pasos fundamentales puede llevar a situaciones desastrosas, donde las empresas parecen ser colchas de retazos desconectadas, incapaces de operar de manera eficiente y cohesiva. En los casos más extremos, optar por innovaciones seductoras en detrimento de la capacidad real de gestión del negocio puede llevar a un grado de fragmentación tan extremo que amenaza su propia continuidad.

El mensaje general es simple, pero crucial. La innovación es definitivamente un motor poderoso para el progreso de cualquier empresa. Sin embargo, nunca debe ser perseguida a expensas de una gestión sólida. Antes de embarcarse en el viaje de la innovación, es imperativo que los fundamentos del negocio estén bien construidos y operen de manera eficiente y efectiva. De lo contrario, las innovaciones, que son por naturaleza riesgosas, pueden transformarse rápidamente en amenazas potenciales, socavando la estabilidad y resiliencia del negocio. La verdadera robustez empresarial se construye sobre una roca firme: una gestión fundamentada y eficiente.

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