• Por Felipe Goroso S.
  • Columnista político

El panóptico es un modelo de prisión ideado por el filósofo alemán Jeremy Bentham, en 1791. Su nombre viene de la raíz griega “verlo todo” (pan- opticón), y como su propio nombre indica, se basa en una construcción circular opaca por su cara exterior y transparente por su zona interior, de forma que, colocando una torre de vigilancia en medio, se podría vigilar a todos los presos a la vez con un mínimo consumo económico y personal. En estos modelos de presidio, el reo tiene una presencia omnisciente que no le quita el ojo de encima, lo que hace que se deshumanice. Ha sido reflejada por muchos autores, por ejemplo, George Orwell en su 1984, critica a un sistema basado en un Gran Hermano que lo ve todo, y los ciudadanos, en todo momento son controlados por este. Foucault, en “Vigilar y Castigar” habla de que la sociedad es un auténtico panóptico de Bentham.

Es una de las metáforas más famosas en las Ciencias Sociales. Focucault plantea la alegoría para explicar cómo funciona el poder en las sociedades modernas. Para el pensador francés, vivir en una comunidad donde nos sentimos constantemente observados es la prueba viviente del panóptico y sus efectos de control. En realidad, nunca somos enteramente libres.

Si lo llevamos al campo de la política, el panóptico ha traído aparejado un empobrecimiento de la calidad de la misma. Estamos transformando la democracia en una política en vivo donde todo se transmite, que se agota en una vigilancia constante e inmediata. Muchos políticos, sabiendo que hasta el más pequeño de sus actos y declaraciones son examinadas y difundidas (muchas veces tergiversadas o manipuladas) optan por encorsetar su comunicación. Empobrecen más a la política al reducirla a discursos vaciados de contenido, que no dicen nada antes que por el ocultamiento expreso de información. La vigilancia extrema les lleva a sobreproteger sus acciones y discursos. El principio de transparencia no debe absolutizarse porque la vida política, aunque sea en una pequeña parte, requiere espacios de discreción. Como de hecho ocurre con muchas profesiones, como los periodistas, a los que reconocemos el derecho de no revelar sus fuentes, sin el que no podrían realizar su tarea.

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No debemos dejarnos seducir por la idea de que estamos ante un mundo de información disponible, transparente y sin secretos. Debemos ser conscientes de que determinadas negociaciones no podrían ser exitosas si fueran transmitidas en vivo y en directo.

Debemos evitar que la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, termine paralizada en su acción y gestión públicas como respuesta ante la exigencia de una transparencia total. Hay compromisos que no pueden alcanzarse a la luz de las cámaras. Estamos cayendo ante la presión de transparencia e inmediatez de los medios de comunicación, los mismos no asumen que en gran medida son ellos quienes están provocando una política tras bastidores que luego critican. Están transformando a la política en un lugar muy distante de la sinceridad.

Etiquetas: #panóptico

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