• Por Felipe Goroso S.
  • Columnista político.

Llevamos ya casi un mes de publicación de supuestos casos de nepotismo. La ley dice que para que configure nepotismo el titular de la institución y ordenador de gastos debe contratar o nombrar a familiares suyos. Ni Pedro Alliana ni Raúl Latorre lo hicieron, les guste o no a los otros grupos de medios de comunicación. Por tanto; no existe tal nepotismo, esos son los hechos. Cualquier otra opinión o interpretación, no pasa de eso, opinión e interpretación. Que las cuestiones se presenten en los medios como supuestamente antijurídicas, está muy lejos de significar que efectivamente lo sean.

Se apunta a afectar la imagen de dos referentes importantes de la política nacional, el vicepresidente de la chapa más votada y uno de los diputados más votados en el país. El principal elemento que prueba que el único objetivo es desgastar al oficialismo es el rabioso sesgo con el cual plantean un caso tras otro. Maximizan los que conectan con congresistas colorados o simplemente de los que en algún momento votaron con el oficialismo. A la par, minimizan, no publican o directamente defienden y justifican los que tienen que ver con los no oficialistas. Justo antes de la elección de mesas directivas en ambas Cámaras, se apunta a afectar la mayoría que el actual gobierno supo construir en el Congreso Nacional por la vía del arribo de consensos y acuerdos políticos.

Los paraguayos demostraron en las últimas elecciones su compromiso con la democracia como forma de gobierno. El pueblo lo ha entendido así y se ha expresado en consecuencia. Los que siguen sin entenderlo y se resisten a hacerlo son algunos grupos de medios de comunicación. En algún punto podría considerarse hasta entendible, no es fácil perder todos los privilegios y los miles de millones que acumularon en negocios con el gobierno anterior. El acuerdo fue muy simple y cada vez queda más en evidencia, ellos le dieron impunidad no publicando absolutamente nada que pueda afectar al desmadre que fue el periodo de Mario Abdo Benítez y este les otorgaba todos y cada uno de los negocios en la multiplicidad de rubros en los que los dueños de los grupos de medios tienen intereses. Ahora, con la administración de Santiago Peña, ven peligrar esos negocios y están dispuestos a recurrir a la interpretación más grosera y aviesa para marcarle la cancha y defender sus intereses corporativos sobre la base de la mentira y la manipulación.

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El Congreso Nacional es la garantía de la democracia, plantear debilitarlo es atentar contra el sistema democrático. Ambas Cámaras constituyen la mejor muestra de la representación del pueblo, en todas sus variables cromáticas. Por partidos, por movimientos, por ideologías. Es la expresión de la voluntad popular. Aunque algunos grupos de medios de comunicación se autoperciban como detentores de la misma no la tienen. Aunque pretendan reemplazar a los partidos políticos y actúen como tales, ellos solo y únicamente representan a sus intereses económicos y nada más.

La política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a, está llamada a decir las cosas con la claridad suficiente como para que no quede la más mínima duda de lo que está detrás de este repentino impulso por una supuesta transparencia. La misma que brilló por su ausencia en los cinco y muy largos años del gobierno anterior, pero que prefirieron no contarnos porque estaban muy ocupados haciendo negocios.

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