Hasta ahora pocos entienden lo que realmente pasó hace exactamente una semana. El sábado 16 entraba en su última etapa cuando, pasadas las 19:00, un corte de energía eléctrica afectó a varios barrios de Asunción, además de ciudades como Luque, Itauguá, San Bernardino y la capital de Alto Paraná.

Según la Ande, la causa fue que “se registró una perturbación en el sistema interconectado nacional”. La explicación no explica nada, pero lo importante no es la causa sino otros dos aspectos: el primero, parecería que el número de atención al cliente no funcionara o simplemente se deja descolgado el teléfono para no atender las llamadas. Esta vez seremos bien pensados y diremos que estuvo “colapsado”, como siempre, pero en resumen la respuesta de los funcionarios fue lamentable.

El segundo aspecto es el calor. Durante varias horas miles de ciudadanos sintieron el implacable rigor de la temperatura que en principio marcaba 38 °C, pero con una sensación térmica de 47 °C, según Meteorología.

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Sin ventilador, sin acondicionador de aire, con velas y apantallándose con lo que tuvieran a mano, los comunes mortales se sintieron más mortales que nunca. Al menos no hubo tantos mosquitos, que habrían hecho de la noche un infierno.

Recuperada la electricidad al filo de la medianoche, también recuperaron la sonrisa y pudieron dormir, esta vez más agotados que de costumbre porque el calor desgasta, cansa.

El domingo también fue bastante caluroso, pero llevadero porque “había luz”, sin embargo, el amanecer del lunes trajo la sorpresa de la Operación Veneratio. Lo que nadie sospechaba se desarrolló en perfecto secreto para que no se filtrara la información: los poderes Ejecutivo y Judicial, en coordinación con el Ministerio Público, dieron el golpe y desde las 5:00 el contingente de policías y militares hicieron su incursión en la prisión dominada durante años por la facción criminal de Javier Rotela.

Y aquí está la cuestión: cuesta imaginar cómo los presos pueden sobrevivir, hacinados en una pequeña celda, sin acondicionadores de aire, sin ventiladores, con una temperatura que araña los 50 °C, sin viento, con aire insalubre apenas respirable mezclado con humo de cigarrillos y alguna otra sustancia más. ¿Cómo sobrevivir en esas condiciones?

Mientras, el mandamás Javier Rotela gozaba los privilegios de una celda climatizada, mascotas, su propia mujer, un negocio que según dijeron le dejaba grandes ganancias, fruto de la explotación de los presos y venta de drogas.

La operación Veneratio puso orden en Tacumbú, hasta entonces una de las diez cárceles más peligrosas de Latinoamérica. Rotela fue trasladado a la Agrupación Especializada, donde perdió todos sus privilegios y unas 700 personas privadas de libertad también fueron derivadas a otras cárceles, descomprimiendo en gran medida el recinto de Sajonia.

No va a ser fácil reencaminar la vida de este ejército sin líder, la mayoría adicta, sin un futuro más que morir dentro del penal por una estocada o una enfermedad, o fuera, en algún enfrentamiento con la Policía.

No va a ser fácil tratar de insertarlos en la sociedad, antes deberán a aprender a respetar a los demás y respetarse a sí mismos, aprender a ser útiles y producir su sustento de manera legal. En esta tarea debe esmerarse las autoridades y ofrecer políticas que estimulen al trabajo, incluso a ganarse el alimento que reciben, el jabón, la ropa, los zapatos y sobre todo ser implacables con los guardiacárceles corruptos que ofrecen droga y alcohol.

Para los que son religiosos y creen en los milagros, este llamado Veneratio trae una Navidad diferente para los internos, con esperanza, ya que no tienen más a Rotela que los obligué a delinquir para seguir viviendo.

Ojalá el milagro sea completo y Tacumbú reciba en el 2024 a los responsables de los robos y corrupción que empobrecieron al país en los últimos cinco años.

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