“Duele decirlo, pero hay que decirlo”

¡Viva la Libertad, carajo! ¡Viva la Libertad, carajo! ¡Viva la Libertad, carajo! Fue el grito de guerra del libertario Javier Gerardo Milei (53 años, economista, político y docente), futuro octavo presidente de la República Argentina desde la llegada de la democracia en 1983 con Raúl Alfonsín, que enfrentó 12 huelgas nacionales guiadas por el sindicalismo peronista, en una de sus versiones más bárbaras.

Fue ese y con ese grito de guerra que Milei llegó a la gente toda, sin estructura partidaria ni maquinaria de movilización electoral, y consiguió su voto de manera extraordinaria y sorprendente, para vencer a Sergio Massa, con 55,69 % a 44,30 % (diferencia del 11,39 % o casi tres millones de argentinos que participaron en una brillante jornada cívica que merece todo nuestro más fuerte aplauso al gran pueblo hermano). Hasta los peronistas kirchneristas lo votaron, sino no se explica la poca diferencia que se dio en la Provincia de Buenos Aires, en la que el oficialismo se veía obligado a sacar ventaja para compensar el triunfo de La Libertad Avanza (LLA) en ¡20 provincias y la capital bonaerense! Massa solo ganó en tres provincias, Santiago del Estero, Formosa y Buenos Aires. Cristina Fernández de Kirchner consiguió el 54,11 % en el 2011 en su momento de mayor poder casi absoluto, y un 55,75 % logró Alfonsín en 1983. Es la gente la que eligió a Milei. Y en las últimas concentraciones, como en Rosario, era hermoso ver cómo se coreaba multitudinariamente con fervor y alegría esa mágica palabra que los latinoamericanos ponen en un lugar alejado –primero la unión, la igualdad, el patriotismo, la República– y lo que con seguridad haría llorar de vergüenza al gran Juan Bautista Alberdi: “Libertad”. La gente eligió a Milei. Pero fue clave para su victoria el apoyo de Mauricio Macri y Patricia Bullrich del Pro (Propuesta Republicana) dentro de Juntos por el Cambio (JPC) que proporcionaron fundamentalmente su maquinaria electoral de fiscalización y millones de votos de adhesión a La Libertad avanza (LLA). Aquí me permito a hacer un pequeño corte, y dejar constancia que Paraguay tiene dos aliados en la Argentina: Milei y Macri (“daré tranquilidad a Javier”, dijo). El boquense tuvo muy buenas relaciones con el gobierno de Horacio Cartes y “el loco” nos mira con buenos ojos. Si el ganador hubiera sido Massa hubieran continuado los problemas. Pero para aprovechar esta oportunidad tenemos que aceptar y respetar el abrazo apasionado de Milei a esa palabra que los paraguayos en un 95 % –mi propia experiencia como docente y conferencista– no la tienen en la punta de la lengua: Libertad.

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Milei, “el loco”, es un personaje que irrumpe en la política argentina, muy difícil de aceptarlo exclusivamente desde la razón, para romper la Argentina del atraso histórico, con dominio de la partidocracia y un Estado omnipresente siempre por encima del individuo. Honestamente, hay cosas que me gustan de Milei y otras que no comparto. Me es muy difícil abrazarlo como un todo. Pero con la Argentina en la locura y otra crisis mayúscula, es muy posible que solo “un loco” se propondría cambiarla con el espíritu de la libertad cual espada en un combate tremendamente desigual contra el kirchnerismo y una estructura de poder político y estatal feroz. Y tenemos 20 años (2003) de kirchnerismo, para mí una de las versiones más peligrosa y perjudicial para la Argentina. Claro, me dirán que se incluyen en este periodo los cuatro años de Mauricio Macri (2015-2019). Correcto. Pero sin poder real para los cambios frente a un kirchnerismo debilitado y en camino a divisiones, aunque aún controlando mucho poder. Tanto es la locura en la Argentina –ojo que es mi segunda patria– que como dijo el Pepe Mujica, no ocurre jamás en otro país, tenían como candidato a presidente al ministro de Economía responsable por herencia y acción de la caída económica, de una inflación del 140 %, de un 40 % de la población en la pobreza (un 54 % en la franja hasta 14 años) y del encarecimiento del dólar en un 357 % solo en los últimos tres años. Es muy cierto, hay que destacar, que él asume como ministro de Economía en julio de 2022. Pero, y un gran pero, asumió en ya un escenario económico malo y muy malo, con la convicción que domaría la crisis y mejoría la situación con sus indicadores. En base a esa capacidad de domar y mejorar que creía tenerla, daría el lógico paso a la presidencia. Uff … nada mejoró y prácticamente todo empeoró. Al final no le quedó otro recurso que utilizar el aparato del Estado para conseguir votos –lo hizo de una manera grosera– y jugar con el susto del “miedo” en sus partidarios y adherentes. Solo “un loco” se atrevería a recibir un país en tan malas condiciones y a su vez derrotar al peronismo –en sus distintas versiones– con la certeza que nada será fácil y rápido, y en pocas palabras, Milei tiene por delante muchos letreros en el camino a recorrer que indican “Misión Imposible”. En junio de 2020, un estudio señalaba que “de 1810 a la fecha la inflación del país creció un 3.233.193.613.078.670.000 %. Eso es igual a más de 3 trillones por ciento. O sea, un tres seguido de 18 cifras”.

¿Quién fue Juan Bautista Alberdi al que Milei admira? Se leerá “pensador, jurista, economista, escritor y político argentino que participó en la elaboración de la Constitución Nacional de 1853. Alberdi fue uno de los grandes pensadores argentinos, defensor acérrimo de la libertad y de los tres pilares para el éxito de una república: seguridad jurídica, confianza económica y estabilidad política”. Amado y no amado por los argentinos. Fue quizás el aliado intelectual y periodístico más importante que tuvo Paraguay (y Francisco Solano López) durante la Guerra de la Triple Alianza. Así pensaba:

“Las sociedades que esperan su felicidad de la mano de sus gobiernos, esperan una cosa que es contraria a la naturaleza. La ignorancia no discierne, busca un tribuno y toma un tirano. La miseria no delibera, se vende. Alejar el sufragio de manos de la ignorancia y de la indigencia es asegurar la pureza y acierto de su ejercicio. Algunos dirán que es antidemocrático, pero la democracia, tal como ha sido ejercida hasta ahora, nos ha llevado a este triste destino. La riqueza, como la libertad, vive en el hombre, y tiene por causa al hombre. En el hombre está la mina, no en el suelo. Recordemos a nuestro pueblo que la patria no es el suelo. Tenemos suelo hace tres siglos, y solo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza, la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y en su nombre. La democracia es la libertad constituida en gobierno, pues el verdadero gobierno no es más ni menos que la libertad organizada. Los clamores cotidianos de la tiranía no podrán contra los progresos fatales de la libertad. La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual. Cuando se dice que la riqueza nace del trabajo, se entiende que del trabajo del hombre, pues trata la riqueza del hombre. Dad al Poder Ejecutivo todo el poder posible, pero dádselo por medio de una constitución. Lo peor del despotismo no es su dureza, sino su inconsecuencia, y solo la Constitución es inmutable. ¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra. En efecto, ¿quién hace la riqueza? ¿Es la riqueza obra del gobierno? ¿Se decreta la riqueza? El gobierno tiene el poder de estorbar o ayudar a su producción, pero no es obra suya la creación de la riqueza. El gobierno es una necesidad de civilización, porque es instituido para dar a cada gobernado la seguridad de su vida y de su propiedad. Esta seguridad se llama y es la libertad. El gobierno no ha sido creado para hacer ganancias, sino para hacer justicia; no ha sido creado para hacerse rico, sino para ser el guardián y centinela de los derechos del hombre, el primero de los cuales es el derecho al trabajo, o bien sea la libertad de industria. En este sentido, la libertad no es ni más ni menos que el gobierno expedito de sí mismo. Ser libre, es gobernarse a sí propio. La libertad es el mejor de los gobiernos, por esta razón palpable y natural: que como nadie es más amigo de sí mismo que uno mismo, nadie es mejor juez ni más fiel administrador de lo que interesa a su propia existencia que uno mismo”. ¡Grande, Alberdi! La verdad, si es verdad, es verdad. Was gesagt werden muss, muss gesagt werden. Duele decirlo, pero hay que decirlo.

Tanto es la locura en la Argentina –ojo que es mi segunda patria– que como dijo el Pepe Mujica, no ocurre jamás en otro país, tenían como candidato a presidente al ministro de Economía responsable por herencia y acción de la caída económica, de una inflación del 140 %, de un 40 % de la población en la pobreza (un 54 % en la franja hasta 14 años) y del encarecimiento del dólar en un 357 % solo en los últimos tres años.

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