• POR EL DR. MIGUEL ÁNGEL VELÁZQUEZ
  • Dr. Mime

Somos grandes amantes de lo pasado. Amamos los recuerdos y si pudiéra­mos tener el De Lorean de “Volver al futuro” no dudaríamos en retroceder a los tiempos en los que “éramos felices y lo sabía­mos”: adolescencia, universidad, tiempos de felices momentos con sus modas, músicas, costumbres y hasta programas de televisión. “El retrovisor” nos junta, sin ir más lejos, a los que amamos ese tiempo en una noche cada tanto de nostalgia. Pero: ¿qué es la nostalgia y cómo funciona?

De buenas a primeras, parece sencillo: evocar sentimientos entrañables del pasado nos hace sentirnos bien. Pero hay mucho más. Cuando se experimenta la nostalgia, la gente tiene una sensación de calidez, cariño y pertenencia, e incluso experimenta una especie de viaje men­tal en el tiempo, todo lo cual puede llevar a la gente a buscar la nostalgia, y esto está desen­cadenado, por ejemplo, por músicas, pelícu­las, comerciales e incluso sabores o fragan­cias. Estas experiencias nostálgicas pueden ser especialmente reconfortantes en tiem­pos difíciles, ya sean personales o globales, ya que fomentan la creencia de que las cosas irán mejor porque ya han ido bien antes. De hecho, el consumo de medios que inducen a la nostalgia aumenta en tiempos de crisis, según un artículo publicado en la revista Psychology of Popular Media. Pero la nostalgia también nos ayuda a procesar nuestra situación actual, afrontando situaciones como el aislamiento social, la desconexión o la soledad, ya que esos momentos de adversidad pueden desencade­nar la nostalgia porque recordar quiénes fui­mos nos ayuda con la continuidad de nuestra identidad.

La nostalgia sirve a varios fines psicológicos importantes, como por ejemplo, la necesidad de sentir que tenemos el control. Incluso si nuestras circunstancias están en gran medida fuera de nuestro control, la nostalgia puede ayudarnos a sentir que al menos tenemos cierto control sobre nuestro propio desarrollo personal. Otra necesidad que la nostalgia nos ayuda a satisfacer es la conexión social. Esto puede sonar contradictorio, ya que la nostal­gia suele implicar una reflexión privada sobre nuestra historia personal, pero los recuerdos nostálgicos nos recuerdan nuestras relaciones con otras personas. Los recuerdos nostálgi­cos pueden animarnos a buscar apoyo social y emocional porque suelen estar protagoni­zados por personas importantes de nuestro pasado. Gran parte de la nostalgia recuerda periodos de la infancia, porque en la infancia nos querían simplemente por lo que éramos

Invitación al canal de WhatsApp de La Nación PY

Pero entonces, ¿qué le hace toda esta nostalgia a nuestro cerebro? Resulta que mucho. Y por suerte, la mayor parte es positiva. Las inves­tigaciones han descubierto que la nostalgia puede aumentar nuestra sensación de bien­estar, potenciar la inspiración y la creativi­dad, hacernos sentir más jóvenes, despiertos, optimistas y enérgicos, e incluso animarnos a asumir riesgos y perseguir nuestros objetivos. Puede reducir nuestra percepción del dolor y mejorar nuestra capacidad para detectar amenazas. En el primer caso, definitivamente aumentan la tolerancia al dolor elevando el umbral del mismo, mientras que también se visualizó que las áreas cerebrales activas durante las experiencias nostálgicas son las asociadas a la autorreflexión, la memoria auto­biográfica, la regulación emocional y el proce­samiento de recompensas. Eso significa que la nostalgia regula nuestra actividad cerebral en estas áreas, actuando como amortiguador frente a diversas amenazas psicológicas y físi­cas. En otras palabras, hacemos mucho más que evocar un bonito recuerdo.

Pero ojo, la nostalgia suele considerarse una experiencia emocional contradictoria. Incluso con los recuerdos felices, la nostalgia puede ser a la vez dulce y amarga. Si bien el recuerdo en sí reconforta y calienta, también puede entristecer porque la experiencia se ha ido. Pero incluso los malos recuerdos que nos vienen a la mente parecen más positivos por­que los vemos a través de un filtro teñido de rosa. No solo añoramos nuestro pasado, sino que recordamos una versión romántica de él. Definitivamente existe una razón por la que nuestros recuerdos se vuelven más entraña­bles con el tiempo, por la que las partes nega­tivas tienden a desvanecerse más rápido y es que recordar las cosas mejor de lo que fue­ron tiene un propósito evolutivo, una función de supervivencia de la especie que podamos pasar por alto las partes malas del pasado”. Entonces, ¿existe el exceso de nostalgia? Posi­blemente. Como escape temporal, la nostal­gia proporciona un respiro muy necesario que puede sostenernos en tiempos difíciles. Puede volverse negativa si nos quedamos rumiando el pasado. Pero, en general, la nostalgia es un componente sano e incluso vital de la expe­riencia humana. En el fondo, la nostalgia nos ayuda a volver a ser auténticos y nos recuerda quiénes estamos destinados a ser.

Es, de todas maneras, un asunto DE LA CABEZA. Nos vemos en una semana.

Déjanos tus comentarios en Voiz