EL PODER DE LA CONCIENCIA

Aprovechando una figura muy actual, la tormenta, recordamos aquella frase que expresa que “tras la tempestad, viene la calma”, refrán que nos invita al optimismo aunque las circunstancias sean muy adversas, se presenten con negros nubarrones, y no seamos capaces de vislumbrar una salida.

En los últimos días tuvimos vientos huracanados, tornados, inundaciones, raudales y cuantos fenómenos climáticos imaginemos, que incluso se cobraron vidas humanas, pero fueron actos de la naturaleza, fuera del control humano.

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Sin embargo, la gran tempestad que asoló el Paraguay durante cinco años se está diluyendo lentamente y los ciudadanos comenzamos a reconstruir lo que “el desastre” dejó a su paso.

Las señales de prosperidad ya se dejan ver, por ejemplo, el hecho histórico de que luego de un cuarto de siglo, finalmente –y luego de cumplir todos los rigurosos procesos requeridos– el mercado norteamericano abrió nuevamente sus puertas a la carne paraguaya, lo que es una clara señal positiva de parte de Estados Unidos y un aliciente muy importante que reconocen los productores.

Antes, durante un largo lustro de tormenta, en Paraguay se habían instalado vientos de conspiraciones, con posiciones que poco buscaban el bien ciudadano, sino más bien saciar el apetito económico personal al punto que las arcas del Estado quedaron no solo completamente vacías, sino con enormes deudas que hoy deben ser honradas.

Las señales de que las nubes están despejando el horizonte son claras ya que desde el Congreso aprobaron los recursos para hacer frente a la desesperante situación en la que quedaron las empresas vialeras y también las farmacéuticas, lo que en forma de cascada hará que mejore la situación de miles de paraguayos, tanto laboralmente como también en salud.

Y a diferencia del gobierno pasado, en el que el dinero público desaparecía como por arte de magia, en esta ocasión leemos con gran satisfacción la advertencia de una alta autoridad del gobierno, la ministra Lea Giménez, jefa de Gabinete Civil de la Presidencia, sobre el préstamo de USD 600 millones: “No es un cheque en blanco, está bien definido lo que se va a hacer con este dinero. Mucho de este dinero ya fue comprometido y nos va a permitir arreglar el desorden que se dejó en materia de pagos pendientes y deudas acumuladas con el sector privado”, aclaró.

El rayo de esperanza ilumina sobre el correcto uso de los recursos públicos, que hasta hace poco era discrecional y un abuso por parte de las autoridades salientes. Y no solo en materia de dinero, sino incluso en el orden moral, que quedó en evidencia tras la decisión de hacer justicia con los 185 despedidos en Itaipú.

Luego de estudiar caso por caso, el veredicto fue contundente: aprovechando el grano, ciertos funcionarios desleales lograron mezclarlo con paja, es decir, con los que no tenían derecho acceder a la binacional.

Y lo más reconfortante es que no solo 165 fueron readmitidos, sino que todos aquellos funcionarios implicados en “la contaminación” sean sancionados y destituidos de sus cargos, lo que antes era impensable debido a la corrupción entonces imperante.

Pero el camino aún es largo para lograr poner en orden la casa, luego de tanto “desastre”. Hace unos días –el lunes para ser más precisos– la Comisión Bicameral de Presupuesto estudió los informes y el dictamen enviados por la Contraloría, referente al ejercicio fiscal del 2022 y comprobó diversas irregularidades en el MEC y en las FF. AA., durante el gobierno de Mario Abdo. En el primer caso advirtieron sobre la compra de vehículos blindados por casi de G. 30.000 millones; y en el segundo, detectaron incumplimientos en la provisión de merienda escolar.

Es necesario que las investigaciones se profundicen y que los clavos dejados condenen a los que traicionaron el mandato para el que fueron elegidos.

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