• Por Felipe Goroso S.
  • Columnista político

En la última década del siglo pasado, se decía que se podía gestionar bien, pero comunicar mal y aun así obtener victorias electorales. Hoy, si comunicás mal, estás gestionando mal. La comunicación política en su ramificación gubernamental es parte de la gestión.

La comunicación gubernamental es tan gravitante que, subestimada o subutilizada, puede provocar enormes problemas o eventuales focos de conflictos y crisis. A la inversa, gerenciada profesionalmente es el universo donde se construyen los consensos. La tentación en la que se cae, con regularidad y muchas veces por impulso, es electoralizar la comunicación gubernamental.

La comunicación electoral es siempre emotiva porque se busca movilizar. Es de alto impacto y desde el estrado del “deber ser”. La comunicación gubernamental debe sentar sus bases en temas reales de la agenda y conversación públicas, cuestiones concretas sin que por eso pierda la emotividad.

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Lo recomendable es que las distintas instancias municipales, departamentales o nacionales no caigan en la lógica electoral en su comunicación y con eso evitar evaluaciones negativas. Si parecés pero no sos, tu reputación termina explotando por los aires. Si sos, pero no parecés, terminás diluido entre los demás. Si parecés y sos, pero no hacés, al final del día la gente no te va a votar. La imagen importa, pero no sostiene de por sí una gestión.

En el fondo de la cuestión, si comunico bien estoy gestionando bien. Por eso la comunicación debe estar de manera transversal y en la génesis de cada proyecto o iniciativa, si se participa al de comunicación recién a la hora de la presentación de la idea y hacerla pública en los medios o redes, ya es tarde. Ese es el modelo desfasado de creer que con una conferencia de prensa alcanza. Contar con la mirada de comunicación desde el inicio de cada proceso de construcción configura diferencias cualitativas y cuantitativas positivas entre institución e institución. Es la mejor manera de responder, sin decirlo, a estos tiempos en los que lo que abunda es la información que no informa. En los que nadie se calla, ni los que pierden ni los que ganan. Generando un ruido ensordecedor donde el que pierde es el ciudadano.

La comunicación gubernamental debe apuntar a interactuar, dialogar, buscar consensos. Generar elementos positivos que contribuyan a la aceptación social de las medidas de la administración. Las que buscan cumplir con las promesas electorales y por las cuales el electorado optó por elegirlos. Después de todo, de eso se trata la política, esa mala palabra que empieza con p y termina con a.

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