• POR PEPA KOSTIANOVSKY

Y de repente nomás, la Argentina, que durante unos buenos años se venía comportando como excelente vecina (salvo algún gendarme malnacido, de los que nunca faltan), resulta que se nos presenta como una bomba impredecible.

Gobernada como venido siendo, por los ineptos y ladrones más corruptos de su propia historia, se encuentra ahora en el umbral de nuevas elecciones, que se supone deberían ser la oportunidad de hacer un cambio en el puente de mando. ¡Urgente!

La macana es que los capitanes y timoneles que se candidatan parecen salidos de Titanes en el Ring. No dan ni para hacerse la más mínima ilusión de que puedan arreglar el desastre que heredan. Deudas internacionales encimadas, renegociadas, postergadas, infladas y remachadas por todos los puntos cardinales. Ni hablar de las deudas internas, que en los años de kirchnerismo se han intentado remendar con los métodos más populistas imaginables.

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Y el electorado dividido en tres segmentos, cada uno con sus urnas a punto de reventar. Los favorecidos con pensiones, planes sociales, bonos y regalías, encantados con el sistema de que les paguen sin tener que ir a laburar. Por viejos, por jóvenes, por prolíferos, por patoteros, por hurreros, por drogones o por cuanta miseria exhiban. Estos quieren que se queden sus benefactores.

Los conservadores, hartos de que les cobren impuestos, les destruyan el mercado, y tengan que estar sacando los dólares en valijitas pa donde puedan esconderlos, so riesgo de que se los “encorralen”, o les enchufen leyes de alquileres, de consumo, de exportación o de cualquier cosa que sirva para desplumarlos. Y pretenden simplemente media vuelta de tortilla.

Y los del hartazgo pleno. Los que se quedaron sin laburo. Los que tuvieron que cerrar fábricas y comercios. Los que son víctimas del saqueo, la inseguridad, las decisiones caprichosas, y de una moneda que no les sirve ni para entrada de circo. Y para los que “cualquiera que venga no puede ser peor que estos”.

La macana es que los primeros tienen un candidato con menos carisma que empleado de funeraria, que no sabe qué cornos hacer para juntar votos, y como tiene la sartén por el mango, cobra peajes en la hidrovía, nos cierra a nosotros la provisión de gas y sufre de un acentuado alzheimer político . Los segundos apuntan a una señora muy fina, pero que va a las barriadas emergentes y se vocea tipo conventillo con las villeras. Y que vaya uno a saber cómo piensa que podrá recuperar la confianza de los capitales para que el país empiece a producir. Aunque sea polenta. Pero producida.

Y los terceros que se juegan a un “peoresnada”, verborrágico y dislocado, que da miedo pensar qué demonios trama hacer, cuando cierre las canillas de los planes, las pensiones, y le salgan a todas las calles, de todo el país, manifestantes profesionales, saqueadores, matones, clanes y todo tipo de mafiosos. Porque el tipo, sin que se le mueva un pelo de su señorial peinado, se despacha contra todo lo que sea responsabilidad social, y hasta incluye en este desprecio a la salud y a la educación pública.

De por ahí, planea meterlos a todos, con niños, embarazadas y viejitas incluidos, en cárceles como las del profeta Bukele, al que en cualquier momento le va a explotar su propia bomba de tiempo.

A menos de un mes de sus elecciones. Y la posibilidad de que tengan que ir a una segunda vuelta. Todos se preguntan si el que quede afuera será capaz de dar un apoyo razonable al que menos demente luzca. Y a propósito de demencia, ¿qué se habrá hecho del presidente Alberto Fernández? ¿Adelantó vacaciones en lo de algún Emir amigo?

Mientras tanto, nosotros prendemos velas para que el que se quede con el timón, por lo menos no nos venga a jorobar a nosotros. Que también tenemos mucho trabajo pendiente.

Etiquetas: #menos#peor

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