DESDE MI MUNDO
- Por Mariano Nin
- Columnista
Las calles son libros abiertos. Cada una de ellas es un capítulo. Las historias se repiten, se cruzan y se vuelven a encontrar. Pero todas, más allá de lo que pudiera ser fantasía, nos dejan siempre una lección.
Pedrito deambula por la calle. Dejó su infancia jugando a sobrevivir. Tiene en sus manos un repasador con el que molesta a los automovilistas. Una sonrisa retorcida que deja entrever una mueca de rencor y desencanto. Sabe a dónde pertenece y se traga la rabia contenida.
Cambió vergüenza y dignidad por unas monedas. Se gana la vida y juega peligrosamente entre los autos y conoce el tiempo exacto para llegar por sorpresa. A veces insultos. A veces dinero.
Según el último informe de la ONU, unos 5.600 niños y niñas se encuentran trabajando o mendigando en espacios públicos.
Pedrito dejó la escuela. No recuerda cuándo, pero la pobreza y el abandono no le dejaron otra alternativa. No es su culpa, es solo un niño. Y de él hablan las estadísticas.
Algunos números parecen golpearnos en la cara:
Casi un millón de niños y adolescentes están por debajo del nivel de pobreza. Unos 50.000 niños sufrieron algún tipo de violencia en los últimos años. Invertimos poco más del 3 por ciento en niñez. Debería ser el doble.
Cada año tendrían que terminar la educación media 140.000 adolescentes. Solo terminan 70.000.
El 66 por ciento de adolescentes y jóvenes no asiste a ninguna institución de enseñanza formal, la tasa de escolarización secundaria es menos del 60 por ciento, una de las más bajas de la región. Es el reflejo de una realidad que se multiplica en las calles de Asunción y de aquí a los semáforos de todo el país.
Desde que nació, jugó a sobrevivir. En Paraguay, de cada 1.000 niños y niñas que nacen, 19 mueren antes de alcanzar los 5 años, 16 antes de cumplir el primer año y 11 antes del primer mes de vida. Pero para Pedrito las estadísticas no importan. Debe comer. Esa es su prioridad. No sabe que tiene derechos.
Constitución Nacional.
Art. 54.°. De la protección al niño:
- La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de garantizar al niño su desarrollo armónico e integral, así como el ejercicio pleno de sus derechos, protegiéndolo contra el abandono, la desnutrición, la violencia, el abuso, el tráfico y la explotación. Cualquier persona puede exigir a la autoridad competente el cumplimiento de tales garantías y la sanción de los infractores.
Miro a Pedrito con pena y él me devuelve una mirada intimidatoria. Dos de cada diez adolescentes no trabajan ni estudian. Casi un millón de niños están atrapados en este círculo de pobreza. Y allí quedarán retenidos mientras no haya políticas serias que reviertan esta situación.
Mientras esto no suceda, una generación de chicos sin futuro crece silenciosa, escondida a la vista de todos, recordándonos las brutales diferencias que ahondan nuestros rencores. Pero esa... esa es otra historia.
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Productor destaca potencial de la IA en la creación de contenidos audiovisuales
La inteligencia artificial se está consolidando como una herramienta clave en la generación de contenidos audiovisuales, especialmente para rescatar y difundir historias con escasa visibilidad.
Así señaló el productor y director José Báez, durante su participación en el programa Tribuna, emitido por Paraguay TV.
Báez explicó que la creación de contenido puede entenderse a partir de tres pilares fundamentales: la elección del tema, la herramienta utilizada y la intención del creador. “No es simplemente apretar un botón. La inteligencia artificial es una herramienta más dentro de un proceso que incluye investigación, guion y una intención clara”, dijo.
En ese sentido, destacó que su interés se centra en abordar episodios históricos poco explorados en el ámbito audiovisual. Como ejemplo, mencionó la recreación de la batalla de Batalla de Tuyutí, sobre la cual existe escaso material visual. “Uno se pregunta cómo fue realmente y hoy, con estas herramientas, se puede transformar esa imaginación en algo tangible”, indicó.
El realizador relató que su incursión en el uso de la inteligencia artificial comenzó de manera experimental, impulsada por la curiosidad propia de su trabajo en el ámbito creativo. Uno de sus primeros proyectos fue la recreación del buque Pirabebé, a partir de investigaciones con información limitada. “Ahí se completó el rompecabezas. Me di cuenta de que podía dar forma a historias que antes solo podíamos imaginar”, expresó.
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Báez subrayó que, más allá de la precisión histórica, el valor de estas producciones radica en su capacidad para generar interés y conversación. “Se pone un tema sobre la mesa. La gente empieza a hablar, a investigar, a interesarse. Eso puede despertar incluso el patriotismo y el interés por la historia en las nuevas generaciones”, afirmó.
Consultado sobre los tiempos de producción, indicó que un cortometraje como el basado en el caso de “Miriam Adela” puede realizarse en menos de una semana, debido al control integral que ejerce sobre todas las etapas del proceso creativo. Sin embargo, aclaró que esto implica un trabajo detallado de dirección: “Cada imagen está guiada. Es como dirigir a un equipo: le indicás qué estilo, qué emoción, qué plano querés”.
Respecto a las herramientas, mencionó el uso de plataformas como Sora y de otras aplicaciones de generación de imágenes y video, aunque insistió en que el elemento central sigue siendo la creatividad humana. “La herramienta responde a lo que uno le pide, pero hay una intención detrás que define el resultado”, sostuvo.
En cuanto al impacto en la industria, Báez consideró que la inteligencia artificial no reemplazará al cine tradicional, sino que funcionará como un complemento que puede optimizar tiempos y costos. “El cine sigue siendo el cine. Esto puede servir como una guía o una base para producciones más grandes”, explicó, citando ejemplos recientes de producciones internacionales que combinan sets reales con efectos digitales.
Asimismo, destacó la conexión de estos contenidos con las nuevas generaciones, habituadas a altos niveles de calidad visual a través de videojuegos y plataformas digitales. “Hoy los chicos tienen otra referencia estética. Eso también representa un desafío para quienes creamos contenido”, indicó.
Finalmente, el director valoró el potencial de la inteligencia artificial para diversificar los relatos, incluyendo no solo hechos históricos, sino también mitos y tradiciones locales. “Se puede contar la mitología paraguaya de formas nuevas. Mi intención era que incluso los padres puedan mostrar estos contenidos a sus hijos como cuentos antes de dormir, pero con identidad propia”, concluyó.
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Cuatro mujeres que cambiaron las reglas del emprendimiento global
Cada 8 de marzo, el Día Internacional de la Mujer invita a mirar más allá de las estadísticas y reconocer historias que transformaron industrias enteras. Desde cosmética, tecnología y energía verde, este apartado describe cuatro pioneras que cambiaron industrias.
En el mundo empresarial, muchas emprendedoras no solo crearon compañías exitosas: también cambiaron la forma de innovar, liderar y abrir oportunidades para otras mujeres. Un artículo del blog de BBVA recopiló las historias de mujeres emprendedoras que fueron referencias a nivel mundial, y compartimos la historia de cuatro de ellas.
Desde pioneras que rompieron barreras hace más de un siglo hasta fundadoras de startups tecnológicas globales, estas cuatro mujeres representan distintas generaciones del emprendimiento femenino.
Melanie Perkins: la australiana que fundó en 2013 la plataforma de diseño Canva, hoy utilizada por millones de personas en todo el mundo. Su idea nació mientras enseñaba programas de diseño a estudiantes y observaba lo difícil que resultaba para la mayoría utilizarlos.
Ella apostó por simplificar la creación de contenidos visuales y terminó construyendo uno de los grandes “unicornios” tecnológicos de la última década. “Solo empieza. Aprenderás todo lo que necesitas en el camino”, sostuvo Melanie.
Su historia se convirtió en un referente del ecosistema actual de las startups, especialmente para mujeres que buscan abrirse paso en la industria tecnológica.
Carlota Pi: la ingeniera española cofundadora de Holaluz, una empresa que irrumpió en el mercado energético apostando por electricidad 100 % renovable y nuevos modelos de consumo basados en tecnología y autoconsumo.
La compañía nació en 2010 con la ambición de transformar la relación entre los hogares y la energía. “En nuestro plan no está revolucionar el sector, sino cambiar el mundo”, compartió sobre su visión empresarial.
Su proyecto se convirtió en uno de los ejemplos más visibles de emprendimiento ligado a la transición energética en Europa.
Mary Kay Ash: mucho antes del auge de las startups, Mary Kay Ash creó en 1963 Mary Kay, una compañía que transformó la industria de la venta directa de cosméticos y abrió oportunidades económicas para millones de mujeres en todo el mundo.
Su empresa nació con una inversión inicial de apenas 5.000 dólares y una filosofía clara: el talento femenino debía tener espacio en el mundo empresarial. “La única diferencia entre las personas exitosas y las que no lo son es la determinación extraordinaria”, había dicho.
Su legado no solo se mide en ventas globales, sino también en la red de emprendedoras que ayudó a formar.
Madam C. J. Walker: décadas antes, la estadounidense Madam C. J. Walker construyó uno de los casos más emblemáticos de emprendimiento en la historia. Nacida en 1867 en una familia de exesclavos, creó una línea de productos capilares que la convirtió en una de las primeras mujeres millonarias hechas a sí mismas en Estados Unidos.
Ella también fue una empresaria comprometida con el impacto social y el empleo femenino. “No esperes a que lleguen las oportunidades. Levántate y créalas”, sostuvo. Su historia sigue siendo uno de los ejemplos más poderosos de movilidad social a través del emprendimiento.
Es así que, de la cosmética a la tecnología, pasando por la energía y la innovación digital, estas historias muestran cómo el emprendimiento femenino amplió fronteras en cada generación.
Más que casos de éxito individuales, representan un cambio cultural: empresas creadas con propósito, innovación y la convicción de que el liderazgo también puede transformar oportunidades para otros.
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Tomar el desayuno y correr al búnker en 90 segundos
Cuando empiezan a sonar las sirenas de alerta sobre los cielos de Tel Aviv, la familia Weisman y millones como ellos buscan refugio de los misiles en camino y hoy continúan recogiendo los escombros de sus vidas.
Vera Lucía Papaterra, de origen dominicano, reportera del periódico estudiantil The Independent Florida Alligator (Gainesville, EE. UU.) busca ser una corresponsal internacional y fue invitada a Israel por la agencia de noticias del Medio Oriente para el mundo hispano parlante, Fuente Latina, para adentrarse a lo más profundo de un país que sigue en guerra pero que una vez más, da muestra de resiliencia, tras los ataques sufridos desde Irán, semanas atrás.
Una de sus entrevistadas fue una mujer israelí residente en Tel Aviv, Hadar Weisman, quien le relata como es la vida casi cotidiana bajo el sonar de las sirenas.
El decir por favor y gracias. Cómo usar cubiertos. Respetar a los mayores. A esa lista de lecciones básicas, la israelí Hadar Weisman añadió una que sus hijos repiten sin dudar: qué hacer en los 90 segundos después de que suenan las sirenas que indican que algún o varios misiles vienen en camino.
El 22 de junio de 2025 fue uno de esos días. En la llamada “Guerra de los doce días”, Israel y Estados Unidos habían atacado instalaciones nucleares iraníes e Irán había devuelto el fuego, lanzando decenas de misiles contra Israel. Varias zonas residenciales de Tel Aviv y en otras ciudades resultaron impactadas; 30 personas fallecieron y al menos 23 personas quedaron heridas. En Tel Aviv resultaron con daños severos varios edificios de Ramat Aviv,incluido el de Weisman. Fue una mañana de concreto roto y vidrios pulverizados que dejó a miles de israelíes sin casas, aunque con vida.
Misma sirena, diferente final
Aquella mañana, a las 7:23, tocaron a la puerta de Weisman. Eran los repartidores de un gavetero que había pedido una semana antes. Lo pusieron en el dormitorio. Apenas salieron, sonó la alerta. “Estamos muy acostumbrados a entrar al cuarto seguro”, cuenta Weisman. “Con los niños lo hacemos desde antes del 7 de octubre (del 2023 cuando terroristas de Hamás atacaron Israel)”.
Todos en casa de Weisman estaban ya vestidos y despiertos por el ruido de los obreros, así que caminaron con calma hacia la mamád, la habitación reforzada que muchos israelíes tienen en sus casas para protegerse de los misiles. El impacto llegó minutos después. El misil cayó entre los edificios de la cuadra. Ninguna estructura recibió un golpe directo, pero el golpe de la onda expansiva convirtió la casa en escombros. “Todo el edificio se sacudió y se cortó la luz”, recuerda Weisman, doctora en economía y profesora de microeconomía en la Universidad de Tel Aviv que vivía en ese apartamento desde 2019. “Nos quedamos 45 minutos en la oscuridad, sin saber qué habría cuando abriéramos la puerta”.
Sentados con una bolsa de caramelos
Dentro del cuarto seguro, un detalle dominguero: la tapa plástica del conducto del aire acondicionado salió volando y por ahí entraron polvo y residuos del edificio tras el impacto. Sentados en un colchón, con el teléfono en una mano y una bolsa de caramelos en la otra, los padres usaron el tiempo para hacer llamadas y tranquilizar a los niños. El mayor, de nueve años, lloró pensando en sus juguetes.
El impacto en el más pequeño, su hijo de tres años y medio, se mide más allá de una preocupación por sus cosas. En sí, el niño siempre pregunta la ubicación del cuarto seguro —como quien pregunta por el baño— cuando llega de visita a una casa desconocida. “Es una forma de vida y no debería serlo”, dice visiblemente emocionada Weisman. “No es manera de criar a nuestros hijos”.
Afuera, el grupo de WhatsApp del edificio se convirtió en un mapa humano. Vecinos reportaban quién estaba adentro y quién estaba en la calle para que los equipos de rescate no perdieran tiempo en búsquedas inútiles. Policías, bomberos y la unidad de rescate de la Fuerza de Defensa israelí subieron piso por piso. Forzaron la puerta acorazada del quinto piso, que quedó doblada, del apartamento de los Weisman. “Menos mal que esperamos”, dice. “Si hubiéramos intentado salir, el corredor estaba cubierto de muebles y cosas caídas. Nos habrían caído encima”.
Hay que mantener la rutina
El edificio de Weisman es uno de los más nuevos en el barrio y sus cimientos resistieron mejor que otros. Otros en la cuadra, no tanto. La familia pasó dos semanas en un hotel y luego consiguió un subarriendo en el mismo barrio para que los niños siguieran asistiendo a su misma escuela y su kínder. “Volveremos, dicen que para Pascua”, explica, con ese optimismo que nace de una rutina resistente. “Creo que será más tarde, quizá en julio”, añade con una sonrisa corta, como quien ya aprendió a negociar con la incertidumbre.
El ataque del 22 de junio fue parte de una escalada de doce días que cruzó fronteras y agendas políticas. Para Weisman, sin embargo, la política se traduce en una caminata sabatina. Ella asiste cada sábado a las manifestaciones por la paz que se llevan a cabo en la avenida Begin de Tel Aviv, donde discurso tras discurso pide el fin de la guerra y el retorno de todos los rehenes. “Voy desde antes de octubre”, cuenta, refiriéndose al 7 de octubre del 2023. “Esto no puede seguir así. Incluso si alguien creyó que al principio había justificación, ya no se ve un final ni resultados positivos. Es la forma equivocada de hacer las cosas”.
Su crítica tiene varios destinatarios. A su gobierno, que a su juicio no ha ofrecido una salida real ni ha priorizado un acuerdo para los rehenes capturados en el ataque del 7 de octubre. A Hamás, “una organización terrible, mala para Israel y aún peor para los gazatíes”. Y a cualquiera que crea que “disparar es mejor que hablar”, o que la vida de alguien vale menos que “un pedazo de tierra”. “Es inexcusable porque es obra humana”, dice Weisman, y la frase le tiembla en la garganta.
La confianza, admite, ya estaba dañada antes de octubre. “Siguen intentando cambiar el Estado de derecho en medio de la guerra”, señala Weisman sobre las modificaciones constitucionales que el gobierno trata de implantar para fortalecer los poderes ejecutivos y legislativos a expensa del judicial, algo que ha creado malestar en sectores de la sociedad israelí. Weisman escucha rumores sobre comicios, sospechas de fraude y un clima que erosiona las instituciones. Aun así, la decisión íntima no es simple. “Si nos paramos y decimos que esto es demasiado y nos vamos, ¿quién se queda? ¿Los que creen que esto está bien? Tampoco quiero que mi hijo cargue con esto”. Lo discuten en casa, una y otra vez.
Como casas de muñecas
Al volver a su apartamento en ruinas para recoger papeles y ropa, Weisman mira por la ventana y ve fachadas abiertas como casas de muñecas. Luego baja la mirada al pasillo, donde antes no se podía caminar sin tropezar, y recuerda la lección que repite a los niños: Hay una alarma. Se hace lo que toca. La vida va primero. “Estamos bien”, les dice. “La casa es solo cosas”.
La normalidad se despega a veces en pequeños gestos. Volver al subarriendo con mochilas y bolsas. Hacer la tarea de matemática. Preparar una cena sencilla. Y sí, repetir las reglas: por favor y gracias, respetar a los mayores, así se agarra un tenedor. Y esa otra, más urgente y aprendida a la fuerza, que suena como un juego pero enseña a sobrevivir: Sirenas en el aire. Un minuto y medio. Respira. Vete al búnker. Cierra su puerta reforzada. Espera. Vuelve a salir. Sigue adelante.
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“Muchas veces uno no se da cuenta del significado de las pequeñas historias”
- Jimmi Peralta
- Fotos: Cristóbal Núñez
El empresario, publicista y escritor José Daniel Nasta presentará esta semana su nuevo trabajo editorial. Se trata de una compilación de narraciones acopiadas en su memoria. Algunas fueron escritas allí por su propia vida, otras colectadas de boca de amigos, pero que juntas, y entre cada punto final, invitarán al lector a la risa, la emoción y la reflexión.
“El libro recoge anécdotas, algunas son personales y otras son de muchas personas. En algunos casos las nombro y en otros, no; quedan como anónimas. Cuando les consulté si podía citarlas, algunos dijeron que sí y otros me pidieron no aparecer, aunque sí me autorizaron la publicación de la historia”, explica José Daniel Nasta, reconocido empresario, quien con mucha frecuencia “se pone el sombrero de escritor”.
Nasta presentará el próximo jueves 29 de mayo, a las 19:00, su último trabajo editorial: “Pequeñas historias que hacen grande la vida”. El acto tendrá lugar en la residencia de la Embajada de Francia (Rca. Dominicana 146 casi Mcal. López). Se referirá a la obra el anfitrión, S.E. don Pierre-Christian Soccoja.
Se trata del decimoquinto libro de Nasta. Si bien en ellos ha abordado diferentes temas, excusas y formas, siempre tiene como hilo la propuesta de una narración que atrape al lector.
DESCUBRIMIENTO
“Desde que empecé mi trabajo profesional hace 60 años, siempre quise salir a descubrir el mundo y que el mundo me descubriera. ¿Por qué? Porque a mí siempre me fascinó la oportunidad de conocer otros países, conocer otro tipo de gente, otros idiomas y tratar de mantener diálogos que me enseñen cosas. Por otro lado, hay personas que se podrían estar perdiendo algo de la vida, porque en vez de aprender de ella están estableciendo una medida rígida que no les permite descubrir y crecer. ‘Pequeñas historias que hacen grande la vida’ son esas pequeñas historias que están ahí. Muchas veces uno no se da cuenta del significado de las pequeñas historias”, explica Nasta sobre el fino matiz que pone en valor las experiencias, desde la apertura hacia las vivencias y del significado que de ellas nacen.
Para José Daniel todo acto humano hace grande la vida. Sea pequeño, sea gigantesco.
Él plantea mirar la vida como una oportunidad, oportunidad de conectarse con la intensidad que le es propia, con los desafíos, alegrías y hasta los sinsabores.
“La vida no es lineal, la vida es siempre extremos por los cuales vas pasando y lo que vos tratás es de mantenerte lo más posible en la mitad de ambos extremos, sabiendo que ambos son momentos. Y la clave para mí es mirar la vida y ejercer la vida desde la paz, que es la parte más difícil, porque la paz te permite llegar a la felicidad, pero la felicidad no siempre te permite llegar a la paz. Y entonces ahí es donde uno tiene que saber establecer sus propios valores”, comenta.
LA ACCIÓN
José Daniel es un hombre afable de 77 años. Rodeado en su oficina de una colección monumental de obras de arte cargadas de historia, es la cabeza de un grupo empresarial que está en la vanguardia del rubro publicitario en el país desde hace varias décadas. Él define el sentido de su ser enfocándose en el hacer, con la mirada puesta adelante, buscando siempre avanzar dentro de los múltiples roles que asume.
“La palabra que me define a mí es ‘acción’. Yo soy una persona que hace cosas. Y necesitamos buscar palabras mantra que nos impulsen. ¿Por qué? Porque esas son las verdaderas motivaciones detrás de todas las acciones de nuestra vida”, explica.
“El autor de este libro es un profesional que se dio a sí mismo varios roles. Se pone el sombrero de empresario, se lo saca; se pone el sombrero de padre de familia, se lo saca; se pone el sombrero de escritor, se lo saca. No se pone el sombrero de intelectual porque no le interesa esa clasificación, se pone sombreros que impliquen acciones”, agrega.
VITALISMO
Esta definición lo plantea no como una actitud, sino como un modo de actuar, de ser, que se proyecta hacia el tiempo futuro. Es hasta podría decirse una suerte de vitalismo nietzscheano; es decir, no un sistema de ideas, sino una filosofía para la acción.
“El tiempo pasa y uno comete una gran cantidad de errores en el camino. El tema está en que uno no puede quedar pegado a esos errores porque si no se olvida de mirar adelante y la vida es para adelante, para avanzar, no para mirar hacia atrás. En un determinado momento de mi vida yo hice una reflexión y dije ‘caramba, yo le falté el respeto a fulano, mengana, perengano’. Hice una lista de todas las personas, les pedí una reunión y me fui a pedirles disculpas. ¿Qué hice yo? Me saqué mochilas de encima, mochilas para avanzar con más libertad hacia adelante”, reflexiona.
Desde la mirada filosófica de Daniel, el ser humano es energía y, como tal, tiene la capacidad de atraer y repeler, sean personas, hechos, circunstancias, negocios u oportunidades.
“Todo hecho que te sucede, sea bueno, regular o malo, acaba produciendo un efecto y una influencia. Hay personas que se quedan en el lado negativo del hecho. Yo siempre me dije a mí mismo que, aun en una situación negativa, tenía que sacar enseñanzas positivas. ¿Por qué? Porque yo soy una persona que miro la vida desde lo positivo y no desde lo negativo, y eso me ha traído más satisfacción que pensar negativamente”, explica.
EL LIBRO
“Pequeñas historias que hacen grande la vida” reúne en 196 páginas narraciones breves, con una propuesta gráfica que juega en cada página con la idea de ofrecer una diagramación original en función de la historia que cuenta. La editora del material fue Flavia Laterza, mientras que el diseño es de María Celeste Prieto.
“La estética es una manera de relacionarnos con la vida. Entonces el hecho de presentar una propuesta distinta yo creo que le genera un valor agregado al libro. ¿Por qué? Porque las historias pueden tener dos páginas o pueden tener un párrafo. Sea como sea son pequeñas cosas que hacen grande la vida”, refiere el escritor.
“Si bien las historias del libro me las fueron contando, hago también reminiscencia de lo que fue la Asunción de mi infancia, la Asunción de mi juventud, los raudales de la plaza de los Héroes que teníamos que cruzar cuando pretendíamos ir al cine los días de lluvia los fines de semana. Venían los chicos de la Chacarita y te ponían unos ladrillos y unos tablones de madera para no mojarte los zapatos y había que pagar 50 céntimos para eso”, comenta.
La metodología de producción de Nasta es apoyarse en su oralidad. El trabajo para las publicaciones le suele llevar entre 12 a 18 meses. El material se va constituyendo a través de un flujo de dictado, transcripción y corrección. En ese proceso va adquiriendo una forma, una idea final y de ahí nacen los nombres.
“La gente que ha podido acceder a los manuscritos del libro me ha dicho que hubo momentos en que rieron de las historias y otros momentos en que se quedaron sensibles. Esa es la vida, esa es la dualidad en la que transcurre”, comenta.
LAS HISTORIAS
Según explica, durante el proceso de redacción él busca ponerse en los zapatos del lector para hacer un libro interesante y atractivo, alejándose del aburrimiento. Así, la narración la termina por destacarse como herramienta en esa búsqueda.
“En 1983 publico mi primer libro por insistencia de Humberto Rubin. Yo siempre le decía ‘me gustaría escribir un libro’. Mi papá fue periodista durante muchos años y yo decía que me gustaría escribir un libro. Y Humberto me dijo ‘¿por qué no escribís sobre nombres raros? Que vos tenés una colección de nombres raros absolutamente insólita’. Ahí me puse a buscar y bucear en mi archivo de nombres para tratar de darle algún sentido lógico, divertido y conceptualmente interesante. Los nombres vienen de un lugar, tienen historias. Entonces me dije ‘si contás historias alrededor de los nombres, ahí pasan a adquirir otra dimensión’”, ejemplificó.
“Pequeñas historias que hacen grande la vida” es una forma más que Daniel encontró para trasmitir sensaciones e ideas y con él abrirá también un nuevo espacio de escucha de otras sensaciones e ideas, siempre a través de historias. “Lo que te quiero significar es que todos los días tenemos oportunidades de incorporar historias que hacen grande la vida”, afirma.
Nasta confiesa que hace muchos años estudia la cábala, un sistema místico y esotérico judío que se vale de las historias de la Biblia para revelar ciertos conocimientos que guardan relación con el sentido íntimo de las cosas.
“Mi primer maestro cabalista me dijo que hay que contar siempre historias a los niños para que se duerman y a los adultos para que despierten, porque de repente una historia contada a tiempo te puede permitir abrir los ojos a una situación que estás enfrentando si estás lo suficientemente alerta para percibir la situación como es”, concluye.
EL COLECCIONISTA
José Daniel Nasta es un reconocido empresario del rubro de la comunicación y el marketing. Así también, se destaca por ser un importante coleccionista de arte, con más de 7.000 obras en su inventario. Su relación con el ingenio, la creatividad y la estética lo terminaron de acercar a un mundo donde repite un quehacer que es también familiar en diferentes rubros: su hermano colecciona instrumentos, su hijo motos y su padre libros.
“¿Cuáles son los roles que están involucrados en el arte? Hay diversos tipos de artistas, pintores, ejecutores, artesanos; están los curadores, los críticos y estamos las personas como yo que somos coleccionistas. Yo definí mi rol como coleccionista y decidí no estudiar el arte desde su formación técnica para decir ‘esto es naif, esto es moderno, esto es posmoderno’. A mí no me interesa. Yo siempre he tratado de que las cosas tengan respuestas simples y lógicas”, explica.
Su vínculo con la obra se da a través de lo que llama la sorpresa estética, el placer frente al momento estético que genera emociones.
“¿Cómo compro una pintura? Me pregunto ¿es atemporal?, ¿qué significa la temporalidad? Que pueda, pese a que ese cuadro haya sido diseñado en el 64 o en el 68, hoy en la segunda década del siglo XXI siga estando vigente. Entonces es atemporal. Y eso me enseñó mi colección de sillas. Y la segunda pregunta es ¿lo colgaría en mi casa? Recuerdo que Mónica Matiauda hizo un cuadro fantástico del presidente Stroessner. Entonces me pregunté ¿es temporal? Sí. ¿Lo colgaría en mi casa? No. Pero si yo me hubiera hecho la pregunta de si ¿tiene valor museístico? Lo hubiera comprado. Porque esa es la tercera pregunta que tenemos en la Fundación de Arte Texo y un museo. ¿Por qué? Porque hay cosas que están en los museos que están hechas para crear un shock, pero uno no puede vivir con cuadros shock en su casa, sino que necesita la intensidad de la calma que un cuadro pueda transmitir”, asevera.