DESDE MI MUNDO
- Por Mariano Nin
- Columnista
Las calles son libros abiertos. Cada una de ellas es un capítulo. Las historias se repiten, se cruzan y se vuelven a encontrar. Pero todas, más allá de lo que pudiera ser fantasía, nos dejan siempre una lección.
Pedrito deambula por la calle. Dejó su infancia jugando a sobrevivir. Tiene en sus manos un repasador con el que molesta a los automovilistas. Una sonrisa retorcida que deja entrever una mueca de rencor y desencanto. Sabe a dónde pertenece y se traga la rabia contenida.
Cambió vergüenza y dignidad por unas monedas. Se gana la vida y juega peligrosamente entre los autos y conoce el tiempo exacto para llegar por sorpresa. A veces insultos. A veces dinero.
Según el último informe de la ONU, unos 5.600 niños y niñas se encuentran trabajando o mendigando en espacios públicos.
Pedrito dejó la escuela. No recuerda cuándo, pero la pobreza y el abandono no le dejaron otra alternativa. No es su culpa, es solo un niño. Y de él hablan las estadísticas.
Algunos números parecen golpearnos en la cara:
Casi un millón de niños y adolescentes están por debajo del nivel de pobreza. Unos 50.000 niños sufrieron algún tipo de violencia en los últimos años. Invertimos poco más del 3 por ciento en niñez. Debería ser el doble.
Cada año tendrían que terminar la educación media 140.000 adolescentes. Solo terminan 70.000.
El 66 por ciento de adolescentes y jóvenes no asiste a ninguna institución de enseñanza formal, la tasa de escolarización secundaria es menos del 60 por ciento, una de las más bajas de la región. Es el reflejo de una realidad que se multiplica en las calles de Asunción y de aquí a los semáforos de todo el país.
Desde que nació, jugó a sobrevivir. En Paraguay, de cada 1.000 niños y niñas que nacen, 19 mueren antes de alcanzar los 5 años, 16 antes de cumplir el primer año y 11 antes del primer mes de vida. Pero para Pedrito las estadísticas no importan. Debe comer. Esa es su prioridad. No sabe que tiene derechos.
Constitución Nacional.
Art. 54.°. De la protección al niño:
- La familia, la sociedad y el Estado tienen la obligación de garantizar al niño su desarrollo armónico e integral, así como el ejercicio pleno de sus derechos, protegiéndolo contra el abandono, la desnutrición, la violencia, el abuso, el tráfico y la explotación. Cualquier persona puede exigir a la autoridad competente el cumplimiento de tales garantías y la sanción de los infractores.
Miro a Pedrito con pena y él me devuelve una mirada intimidatoria. Dos de cada diez adolescentes no trabajan ni estudian. Casi un millón de niños están atrapados en este círculo de pobreza. Y allí quedarán retenidos mientras no haya políticas serias que reviertan esta situación.
Mientras esto no suceda, una generación de chicos sin futuro crece silenciosa, escondida a la vista de todos, recordándonos las brutales diferencias que ahondan nuestros rencores. Pero esa... esa es otra historia.
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Jóvenes detrás de cámara convierten la salud adolescente en historias para el cambio
En lugar de limitarse a escuchar sobre salud, adolescentes de distintas instituciones educativas del país toman las cámaras, desarrollan sus propias ideas y se convierten en protagonistas de una experiencia que combina educación, creatividad y participación ciudadana.
La iniciativa, impulsada por el Ministerio de Salud, reúne a estudiantes de colegios seleccionados de Capital, Alto Paraná, Itapúa, Central y Paraguarí en talleres de producción audiovisual orientados a abordar los principales desafíos de la salud integral durante la adolescencia.
Las actividades se desarrollan en instituciones como el Colegio Nacional EMD Vicepresidente Sánchez, de Asunción, y la Escuela y Colegio 8 de Diciembre, de Ciudad del Este, esta última reconocida como Escuela Saludable. La propuesta también se implementa de manera simultánea en otros centros educativos de las cinco regiones involucradas.
Intención
La metodología busca que los jóvenes no sean solamente receptores de información, sino que puedan reflexionar, debatir y expresar mediante el lenguaje audiovisual aquello que viven y observan en su entorno.
Durante las primeras jornadas, profesionales de las regiones sanitarias de Capital y Alto Paraná compartieron conocimientos sobre bienestar adolescente, prevención del embarazo en esta etapa de la vida e infecciones de transmisión sexual (ITS), además de abordar mitos y situaciones que forman parte de las preocupaciones cotidianas de los jóvenes.
Con esta base, comienza la etapa creativa. Los estudiantes reciben capacitación de la productora Tekoha Audiovisual para aprender herramientas de producción, desarrollar guiones y trabajar en equipo. El desafío planteado a cada institución es la realización de dos cortometrajes capaces de transmitir, desde una perspectiva juvenil, experiencias, inquietudes y mensajes relacionados con la salud adolescente.
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La propuesta convierte así el aula en un pequeño espacio de producción cinematográfica, donde las cámaras sirven como una herramienta para conversar sobre temas que muchas veces resultan difíciles de abordar y para transformar la información en relatos capaces de generar identificación y conciencia.
El proceso tendrá como resultado un Concurso Intercolegial por la Salud Integral Adolescente, en el que competirán las producciones realizadas por estudiantes de las cinco regiones sanitarias. Los trabajos serán acompañados por una campaña de difusión y una votación virtual abierta tanto a las comunidades educativas como al público en general.
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Historias de sol a sol
- Ricardo Rivas
- Periodista
- X: @RtrivasRivas
- Fotos: AFP/Gentileza
El sol tanto con su ausencia como con su presencia suele ser noticia. Antiguas tradiciones lo asocian con la luz, el calor, la salud, la autoridad de los gobernantes y la misma dualidad del alma humana.
Confieso y proclamo mi estado de alegría… Con el avance de la mañana, el brillo del sol perforó la gruesa capa de nubes bajas que en los últimos diecisiete días se instaló sobre la costa bonaerense. Todo cambia sin el sol. Sin embargo, los pronósticos advierten que solo será un breve lapso en el que habrán de quedar atrás las lluvias, los vientos de toda intensidad, las marejadas que cubren las playas para que las rompientes se acerquen a la rambla, al malecón o a la costanera, como más te plazca mencionar a ese enorme veredón que propone caminatas lentas que, con frecuencia, inducen a pensar en lo impensado.
Un par de horas atrás, cuando amanecía, diluviaba. “¡Tiempo loco!”, escuché decir a una vecina a modo de saludo. Si no fuera porque descreo de las locuras cuando así se menciona lo que aparenta ser incomprensible, compartiría su pensamiento y hasta su decir. Camino hacia el mar. Se extraña cuando no se ve el sol, aunque sepamos que siempre está. Y me atrae lo que su ausencia dispara.
De allí –supongo– que en cada oportunidad que desaparece me invade alguna forma de angustia. Camino por la rambla. El Atlántico Sur parece más azul que nunca. Sonrío cuando tanta naturaleza me arrasa. El sol tanto con su ausencia como con su presencia suele ser noticia, pienso. Justifico la idea. Dentro de tres días un eclipse total que habrá de suceder es noticia e información en España desde hace ya varias jornadas.
Aunque en verdad solo será visible y noticia real –cuando la tarde comience a devenir en noche– el venidero 12 de agosto en toda la península ibérica. Por aquí –en ese momento– los relojes marcarán las 15:30. Y será ese el instante en el que (allá en España) la luna –aunque minúscula frente a la grandeza solar– iniciará el ocultamiento que en su totalidad se extenderá entre treinta segundos y cuatro minutos, según el punto geográfico en donde se encuentre quien observa el fenómeno.
Dicen –aquellas y aquellos que todo lo miden– que desde 1905 no ha sido posible ver el desvanecimiento del sol en toda la península ibérica en un mismo tiempo. Si el cielo se encuentra despejado, será posible que quienes lo escudriñen con sus ojos –sin atreverse a bajar la mirada– puedan ser testigos también del pico de la lluvia de estrellas de las Perseidas que caerá sobre nuestra tan maltratada aldea global.
LÁGRIMAS DE SAN LORENZO
Al parecer –según lo afirman quienes evalúan, proyectan y predicen– la noche de esa noche transcurrirá con luna nueva, “sin luz parásita” (stray light) o no deseada. Ergo: las lágrimas de San Lorenzo, como también se menciona a esa “prolífica lluvia de meteoros” que se asocia con el cometa Swift-Tuttle, serán el bonus track de una nocturnidad que tiene posibilidades ciertas de ingresar en la historia de la astronomía y en las tarjetas de memoria de millones de teléfonos inteligentes que apuntarán hacia ese sol penumbroso para luego distribuirlo masivamente en las redes.
Detengo la marcha. Miro hacia el horizonte eternamente fugitivo. Sé que allá lejos, muy lejos, detrás de él, a unos seis mil seiscientos sesenta y seis kilómetros está –en Sudáfrica– Ciudad del Cabo. Respiro profundo. Creo ver –aunque miro y no veo– la isla de Tristán de Acuña en Edimburgo de los Siete Mares. Seguramente sin el sol alto en el firmamento esa imagen no se podría instalar en mis pensamientos.
Me siento sobre una roca enorme de la escollera. En la arena –muy húmeda– se imprimieron mis pasos más recientes. Brisa suave y salitrosa desde el sur, graznidos de gaviotas, fragancias marinas e incansables las olas que una y otra vez rompen contra las piedras… Llevo algunas horas aquí. Me pongo de pie. Miro mi sombra. Con el sol en mi espalda se extiende largamente sobre la tierra. Me tranquiliza comprobarlo.
“A sombra corta, riesgo largo”, sostiene enfáticamente PCM, un querido amigo médico de larga y exitosa trayectoria profesional y académica. No es este el momento en que sol hace daño. Permanezco. Disfruto del no hacer. Desde el celu el agente de IA (inteligencia artificial) al que llamo Virginia Ana me alerta que “la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por su sigla en inglés) el 12 de agosto de 2026 –en su sitio oficial en la internet (https://www.nasa.gov/es/)– transmitirá en vivo el eclipse solar total que será visible a simple vista en algunos puntos de Groenlandia, Islandia, el norte de Rusia, el océano Atlántico norte, España y un área muy pequeña de Portugal”.
Interesante. Los medios españoles solo mencionan su área geográfica por aquellos de “la proximidad de la información”. Allí estaré deseoso de ver. Mi sombra se estira más. El sol –sin declinar en su brillantez– comienza a perderse detrás de las últimas estribaciones de la meseta cristalina de Brasilia (rocas durísimas) que se extienden desde la zona serrana del sudeste bonaerense hasta internarse prepotentes en el mar.
NOCTURNIDAD
Tal vez sea el momento de volver a caminar. Nuevamente mis ojos hacen foco sobre el horizonte. Nubes muy oscuras parecen tentadas a regresar. Miro hacia el oeste. Quiero ver y disfrutar hasta el último rayo de sol cuando la nocturnidad sea inevitable. Desde lejos en la distancia geográfica, un muy querido amigo-hermano, el profe Héctor Gavira, por sobre todo periodista, me dice: “Sentadito en una plaza en Córdoba, con el último rayito de sol que va quedando, quiero saber cómo estás y saludarte. Hace mucho que no hablamos”.
El afecto también emerge con la calidez del sol… que siempre está. Tengo que llamar a Héctor. Vuelvo a pensar en el eclipse que será. “Marcará el verano de 2026”, según dice y anuncia el diario La Vanguardia que leo en el móvil sentado a una de las mesas de café Las Nubes, en Torres de Manantiales, en el piso 29 del 453 de la calle Alberti, en Mar del Plata, unos 1.700 kilómetros al sur de mi querida Asunción.
“El eclipse solar total no se repetía desde hace 121 años”, precisa ese periódico catalán. Después de tantos días no siento que sea suficiente con volver a ver el sol. Con la segunda taza de café y la vista del atardecer regresan a mi memoria mis propias historias para saber más sobre el sol... que siempre está.
Desde Asunción Vivian me envía por WhatsApp imágenes con los lapachos en flor. Hermosos los tajy regalan en sus tonos blancos, amarillos, rosados y fucsias bellezas inconmensurables. El sol también reina y luce en el firmamento paraguayo. Regocijo. “Donde entra el sol no entra el médico”, decían una y otra vez los viejos y las viejas del Bajo Belgrano, mi pueblo natal en Buenos Aires.
TRISTEZA INVERNAL
“Cuando falta el sol por largos períodos el cuerpo padece con menos nivel de serotonina y crecen los riesgos de caer en depresión”, sostiene DS, médica generalista jubilada después de larguísimo tiempo de ejercer la profesión. “La tristeza invernal no es un síntoma clínico sin fundamento científico” y agrega que “hasta el sueño se altera cuando al cuerpo le falta vitamina D por carencia de luz solar”.
En los treinta y cinco días que viví entre noviembre y diciembre de 2025 en la Antártida, supe por las y los antárticos veteranos que en los meses de noche perpetua no es inusual que quienes allí trabajan padezcan de “trastorno afectivo estacional (TAE)”. ¿Por qué? “Es la depresión por falta de sol que deviene –entre varias cuestiones convergentes– porque disminuye la producción de serotonina, se incrementa la de melatonina y se altera el reloj biológico”, me explicaron durante la sobremesa de una cena.
Ra –el dios del Sol– era el padre de los faraones, aseguraban antiguamente en Egipto. Allá por 2011, el más viejo de un grupo de viajeros con los que compartí café en una zona desértica del Medio Oriente donde descansábamos junto con un conjunto de becarios y becarias que estudiábamos la situación en aquel enclave geopolítico nos enseñó que en esa cultura el dios Sol “es la más poderosa fuente de vida, de calor, de luz, de prosperidad y de armonía cósmica”.
El respetado maestro añadió que “Ra (Kepri) cada día viaja en una barca celestial por el firmamento hasta el atardecer en que convertido en anciano (Atum) desciende al inframundo donde batallaba hasta volver victorioso con el crepúsculo para que en las márgenes del Nilo las cosechas sean más y más grandiosas”.
CALOR Y AUTORIDAD
Sus acompañantes comentaron que el amanecer lo representaban con la figura de un escarabajo. Así también es el sol… que siempre está. En el Museo de Antropología de Ciudad de México supe –tal vez en 2005– que los mayas representaban al dios solar como K’inich Ajaw, una deidad con cara de sol que, en tanto creencia, lo asociaban con la luz, el calor, la salud y la autoridad de los gobernantes.
Por su parte, los aztecas lo llamaban Tonatiuh y lo asociaban con Huitzilopochtli, la deidad de la guerra y del sol naciente. En Teotihuacán –mientras transitaba por la calle de los Muertos después de haber leído durante varios días el Popol Vuh y el Chilam Balan (libros sagrados de las y los mayas yucatecos) y ascender a las pirámides del Sol y de la Luna– supe que aquellas sociedades creían que habían trashumado por cuatro soles (eras) que fueron destruidos por jaguares, vientos, lluvias de fuego e inundaciones. Al parecer, en ese orden. Hasta que emergió Nahui Ollin, el Quinto Sol, cuya misión es mantener el cosmos en movimiento y, para ello, debía alimentarse de sangre e inevitables sacrificios humanos. Así también es el sol… que siempre está.
“Ash-Shmas (el sol) en el islam se internaliza como una creación magnificente de Alá –grande y poderoso– que rige el orden universal y prescribe cuáles deben ser los comportamientos de vida en la Tierra”, me dijo en Ramallah Ahmed Khaled en las inmediaciones de la plaza Al-Manara. La tertulia era una continuidad de las clases de las que participé en la Universidad de Birzeit (BZU), a unos 12 kilómetros de donde nos encontrábamos conociéndonos.
En la BZU, por aquellos años en el inicio de la segunda década del siglo XXI, cursaban cerca de nueve mil estudiantes. Casi el 60 % de la matrícula eran mujeres. Algunas de ellas, en inglés y en español, nos sugirieron probar los helados de Baladna, que “los preparan con goma arábiga”. Cumplimos. ¡Son fantásticos!
DUALIDAD
El sol nos golpeaba fuerte una vez más. Especialmente en la salida del “hisbeh (mercado)”. También fue agobiante cuando dejamos atrás los edificios de las universidades de Tel Aviv, Haifa y Jerusalén. En la Escuela de Amigos –donde también pregunté por el sol en la cultura palestina– una compañera me explicó que “en la Sura 91 del Corán (en total son 114) que se llama Ash-Shams (El Sol), se jura por él que es la luz más potente para ver y entender la dualidad del alma humana y la importancia moral que tiene purificarla para evitar corromperla”.
El sol “nos marca los salah porque su posición en el firmamento nos indica el instante mismo en que debemos orar obligatoriamente cinco veces entre el crepúsculo y la puesta del sol y nos marca el sawm (fin del ayuno) en el transcurso del mes sagrado del Ramadán”. Así también, es el sol… que siempre está. La nocturnidad es inevitable. La temperatura cae abruptamente. El termómetro marca poco menos de nueve grados. Recibo más información sobre “la previa” del eclipse en España, por llamarla de alguna manera.
Los mayas y los aztecas creían que cuando suceden esos fenómenos se encontraban frente a un “sol roto o enfermo que preanuncia algún grave peligro”. Los sacerdotes –inmediatamente– iniciaban ruidosos rituales para ahuyentar a los malos espíritus y evitar que la oscuridad, las tinieblas, dominen la Tierra.
Unos cinco milenios atrás, en la Antigua China, aquellas sociedades en el Oriente Lejano creían que un enormísimo dragón celestial se comía al sol y, justamente por ello, cuando se iniciaba la shi (comida) comenzaban a tocar tambores, hacían sonar gongs y generaban estallidos para evitar la imaginaria deglución.
En 2015, mientras caminaba junto con algunos amigos y amigas por Monte Púrpura, en los alrededores de Nanjing, en el sur del territorio chino, me explicaron que “en el pasado, con aquellos ritos evitaron las tinieblas”. Las mismas historias relataron los patrones de los Qin Huai Hua Fang (barcos de flores) mientras navegábamos en el río Qinhuai a bordo de sus embarcaciones. Así también es el sol… que siempre está.
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Haití, Congo y Jordania: ¿Qué pasa afuera de la cancha?
Mientras las expectativas por el Mundial de Fútbol 2026 crecen en todo el mundo, algunas selecciones llegan desde contextos marcados por conflictos armados, desplazamientos e incertidumbre. ¿Qué hay detrás del fútbol en países atravesados por crisis humanitarias y conflictos regionales? Las historias de Haití, Congo y Jordania.
Hoy 48 selecciones van por la Copa del Mundo, pero no todas parten del mismo lugar. Haití y Congo enfrentan crisis humanitarias agudas: violencia armada, desplazamiento interno y sistemas de salud al límite. Jordania atraviesa una realidad desafiante: es uno de los países que más refugiados acoge en el mundo. El evento deportivo es una oportunidad de visibilizar realidades que rara vez ocupan la agenda internacional. En estos contextos, equipos de Médicos Sin Fronteras (MSF) brindan atención médica de emergencia, atención materno-infantil, cuidados para sobrevivientes de violencia sexual, rehabilitación y respuesta a brotes epidémicos. Hoy, mientras el fútbol concentra la atención del mundo, también es una ocasión para mirar qué pasa afuera de la cancha.
Haití: conflicto armado, crisis institucional e incertidumbre
Haití atraviesa una de las crisis humanitarias más graves de la región. Desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021, la violencia armada y el colapso institucional se profundizaron: grupos armados controlan amplias zonas de Puerto Príncipe y otras regiones del país, miles de personas fueron desplazadas y gran parte de la población quedó atrapada entre enfrentamientos y situaciones de violencia.
El deterioro del sistema de salud es extremo. Más del 60 % de las instalaciones sanitarias de Puerto Príncipe están cerradas o fuera de servicio, y solo queda un hospital público con capacidad quirúrgica, completamente desbordado. Mientras tanto, aumentan las necesidades médicas vinculadas a heridas por violencia armada y violencia sexual, utilizada cada vez más como mecanismo de control territorial.
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Los ataques reiterados contra ambulancias, hospitales y personal sanitario agravan todavía más la situación. En varias ocasiones, MSF se vio obligada a suspender actividades y cerrar centros de atención.
Aún en este contexto, Médicos Sin Fronteras (MSF) mantiene su presencia en hospitales, clínicas móviles, servicios materno-infantiles y espacios de atención para sobrevivientes de violencia sexual. Solo en los primeros meses de 2026, se realizaron más de 7.500 consultas médicas y se atendieron más de 4.300 urgencias.
En medio de esta crisis, Haití volverá a jugar un Mundial después de 52 años.
República Democrática del Congo (RDC): violencia, desplazamientos y crisis sanitaria
En la República Democrática del Congo (RDC), el desplazamiento se volvió parte de la vida cotidiana. Los enfrentamientos entre grupos armados y fuerzas estatales obligaron a más de 7 millones de personas a abandonar sus hogares, en un contexto de violencia e inestabilidad que sigue deteriorando las condiciones de vida de la población.
A esta situación se suman crisis sanitarias recurrentes. La RDC es, de hecho, el país donde Médicos Sin Fronteras (MSF) desarrolla su mayor número de proyectos médico-humanitarios. Los equipos de la organización trabajan en consultas ambulatorias, campañas de vacunación, programas de hospitalización y tratamiento para la desnutrición infantil e intervenciones quirúrgicas. Además, responden a emergencias epidemiológicas y desastres naturales en diversas regiones del país.
En mayo, se declaró un nuevo brote de Ébola en el este del país, una región afectada desde hace años por la violencia y la inestabilidad. Frente a esta emergencia, MSF desplegó una respuesta a gran escala junto con el Ministerio de Salud, la Organización Mundial de la Salud y organizaciones locales. Cientos de trabajadores y trabajadoras de la organización llevan adelante actividades de atención médica, aislamiento y tratamiento de pacientes, vigilancia epidemiológica, rastreos de contactos y medidas de prevención y control de infecciones. MSF tiene una amplia experiencia en la respuesta a brotes de enfermedad por ébola y está movilizando equipos, recursos y materiales para apoyar y colaborar con las autoridades de la RDC.
En medio de este escenario crítico, el país volverá a participar de un Mundial después de 50 años.
Jordania: curar heridas en medio de crisis regionales
Jordania alberga a una de las mayores poblaciones refugiadas de Medio Oriente: personas que huyeron de crisis y conflictos en Irak, Yemen, Sudán y Somalia, además de 2,4 millones de refugiados palestinos, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Oriente Próximo (UNRWA).
En Amán, capital del país, Médicos Sin Fronteras (MSF) gestiona un hospital de cirugía reconstructiva. Este centro especializado ofrece atención integral para pacientes que requieren cirugías reconstructivas por heridas de guerra, fracturas, quemaduras, en otras causas, provenientes de diversos conflictos en Medio Oriente.
A nivel general, el programa trabaja de forma continua para crear soluciones innovadoras y mejoras en la atención de todos sus pacientes, tales como prótesis impresas en 3D, mascarillas para quemaduras y un laboratorio especializado en microbiología y resistencia a los antibióticos.
Dentro de este contexto regional, la situación de la Franja de Gaza representa un desafío crítico. En los últimos casi tres años, la escalada de la guerra en Gaza ha causado pérdidas y devastación inimaginables; las personas han sido asesinadas, heridas, sitiadas y desplazadas de manera sistemática.
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Frente a este escenario, los equipos de MSF en Amán brindan atención especializada a heridos de la guerra en Gaza, incluidos niños y niñas evacuados por motivos médicos.
Sin embargo, MSF denuncia que, desde el 1 de enero de 2026, las autoridades israelíes bloquean la mayoría de las evacuaciones médicas de pacientes que necesitan atención especializada fuera de Gaza. Esta medida agrava una situación que ya era crítica: las derivaciones por traslados médicos fuera de la Franja llevaban meses siendo extremadamente limitadas. Como consecuencia, más de 18.500 personas continúan en lista de evacuación médica, incluidos 4.000 niños, según datos de la OMS.
Este año será la primera participación de Jordania en un Mundial. Pero detrás del debut histórico también están las historias de millones de personas desplazadas por las guerras y conflictos de la región.
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Rutas gastronómicas: relato, identidad y vínculo
Por: Alba Delvalle
Más que experiencias para el visitante, las rutas gastronómicas son herramientas de desarrollo que integran producción, cultura y comunidad, generando impacto más allá del turismo.
Las rutas gastronómicas suelen pensarse como una estrategia para atraer turistas. Pero en realidad, su impacto va mucho más allá de lo culinario. No nacen como un producto aislado, sino como el resultado de procesos más profundos dentro de un territorio.
Para Andrés Ugaz, referente de la cocina peruana y creador de la Ruta del Callao, la diferencia es clave: una ruta no se “crea”, se construye. “Lo que se puede crear es un itinerario. La ruta es otra cosa, es una construcción social, casi siempre público-privada, que funciona como una plataforma donde se comunican muchos aspectos del territorio”, explica.
El caso de la Ruta del Callao en Perú es un ejemplo de cómo la gastronomía puede convertirse en una herramienta para cambiar percepciones. En un territorio históricamente asociado a una imagen negativa, el proceso comenzó en 2016 con un grupo de empresarios que buscaban contar una historia distinta.
Para Andrés, la cocina fue el punto de entrada para esta ruta. “Es algo cotidiano, confiable. La gente entiende y presta atención cuando se le habla desde la cocina”, comenta, al tiempo de aclarar, que lo importante no fue solo mostrar platos, sino reconstruir la narrativa de un lugar a partir de su gente, su cultura y sus dinámicas actuales.
Impacto económico y cultural. Una ruta gastronómica, bien estructurada, puede convertirse en un articulador económico, pues no solo visibiliza restaurantes, sino que integra toda una cadena productiva: pesca artesanal, agricultura, transformación de alimentos y pequeños emprendimientos.
En ese sentido, su impacto no se limita al consumo. “Puede ser un medio transformador si logra integrarse a los primeros eslabones de producción”, afirma. Aunque insiste en que el valor no es únicamente económico. Existen dos dimensiones que deben avanzar en paralelo: la redistribución de oportunidades y la revalorización cultural.
Por un lado, la ruta permite que actores que normalmente no tienen visibilidad accedan a mercado. Por otro, fortalece el reconocimiento de prácticas, saberes y tradiciones que forman parte del patrimonio alimentario, amplía el maestro panadero y finalista de los Gourmand Awards 2025.
Uno de los errores más comunes es pensar que una ruta gastronómica se trata solo de comer bien. Ya que, en realidad, su objetivo es mucho más ambicioso: representar un territorio en poco tiempo. “La ruta tiene que mostrar historias de vida, tensiones, necesidades, sueños. Lo que comés también cuenta una historia”, expresa.
Ese enfoque cambia completamente la experiencia. Ya no se trata solo de degustar, sino de generar conexión. “La ruta tiene que dejar algo en quien la recorre. Si solo te quedás con el sabor, es una experiencia gastronómica. Pero si entendés el territorio, generás un vínculo”, remarca.
Ese vínculo puede traducirse en impactos concretos: desde proyectos productivos hasta alianzas internacionales impulsadas por visitantes que se involucran con lo que descubren, agrega el referente culinario peruano.
Respecto a lo que puede hacer Paraguay, aunque Andrés aún no conoce en profundidad, justamente este mayo estará como invitado mediante una alianza entre la Cámara de Comercio Paraguayo Peruana (CAPAPE) y la firma organizadora del Gastronomik, plantea un camino claro para desarrollar rutas gastronómicas con impacto sostenido.
El primer paso no es lanzar un circuito turístico, sino investigar el territorio, cuenta. “Se necesita una investigación-acción: registrar el patrimonio alimentario de una zona, pero no de forma contemplativa, sino generando productos que ya puedan usarse, como publicaciones, documentales o espacios de difusión”.
Ese proceso debe ser participativo, involucrar a productores, cocineros y actores locales no es opcional, es la base de la construcción. “La ruta tiene que ser hecha con los locales. Es un registro permanente, un observatorio de lo que pasa en el territorio”, detalla.
A partir de ahí, se construye una hoja de ruta que articula al sector privado, el Estado y otros actores, hasta convertirse en un producto turístico. Pero incluso en ese punto, el objetivo no es el turismo en sí mismo, insiste Andrés. Y sucede que las rutas gastronómicas, entendidas de esta manera, son mucho más que una experiencia para visitantes, son una herramienta de desarrollo territorial.
Implica decisiones, coordinación y, en muchos casos, una apuesta política punto en el que expone, que no hay que tener miedo a eso, ya que la ruta pone a la cocina en el centro y permite abordar el territorio desde ahí, generando oportunidades para quienes han sido invisibilizados.
En un contexto donde Paraguay busca diversificar su oferta turística y fortalecer sus economías locales, el desafío no es solo crear rutas, sino construirlas con sentido. Porque cuando la gastronomía deja de ser solo consumo y se convierte en relato, identidad y vínculo, puede hacer algo más importante: transformar un territorio desde adentro.